Mora Furtado a los 80. Confiesa sus ganas de volver a enamorarse y cómo superó la peor tragedia de su vida: “Quedé devastada”

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Aunque nunca soñó con ser modelo y llegó al mundo de las pasarelas por casualidad, con inteligencia, audacia y disciplina, Mora Furtado (80) se convirtió en la mannequin más reconocida de su generación y en una referente para las modelos más jóvenes. Alta, elegante, dueña de una belleza exótica y de una voz profunda, que no se parece a ninguna, su presencia resulta impactante: algo en ella hace pensar en la diosa egipcia Isis. Siempre amable y cordial, recibe a ¡HOLA! Argentina en su casa, un ámbito luminoso, repleto de libros y de objetos que permiten imaginar un poco cómo es su vida, y, mientras sirve el café, va dando algunas pistas. Mamá de María, Morita, Raúl (murió en un accidente doméstico poco antes de cumplir 4 años) y Juan, también es la feliz abuela de Mateo, Ciro, Justina, Lorenzo y Félix. Muy amiga de sus amigas, inquieta, pura energía y curiosidad, Mora no sólo se inventó a sí misma como modelo top, sino que también pudo reponerse a la peor tragedia de su vida y mirar el futuro con optimismo. De todo eso y más conversa en esta entrevista que la muestra tal cual es en su intimidad.

En el living de su departamento, posa mientras repasa su extensa carrera

–Acabás de cumplir 80 años. ¿En qué momento te encuentra esta fecha tan especial?

–Estoy contenta, satisfecha…, no tengo nada en especial a lo que abocarme, ya que vivo sola y no tengo una relación. Aunque adoraría tener una relación porque creo que la vida, como el tango, hay que bailarla de a dos. El vínculo con mis hijos y mis nietos es algo que me hace bien, me gusta y me llena de felicidad. Y, además, como soy muy activa, nunca me aburro, siempre tengo un plan. Así que te diría que es un buen momento.

–¿Hacés algo ligado a la moda?

–Tengo algunas mujeres, que son muy privadas, a las que ayudo y asesoro para que aprendan a maquillarse y a elegir la ropa que les queda mejor. Son algunas mujeres, pocas, que saben que pueden recurrir a mí cuando necesitan algo de eso.

–¿Cómo te convertiste en modelo?

–Cuando era adolescente, como era larga, flaca y alta, todos me decían “parecés modelo”, pero en ese momento las modelos no eran conocidas como ahora, no era que las chicas querían ser grandes para ser modelos. Un día acompañé a mi madre a un desfile de una casa que ya no existe más, yo tendría 12 años, y me encantó el desfile, ahí vi modelos que me impactaron, nunca había visto nada igual… Eran María Marta Lagarride, Elsa Rosas… Después pasó la vida y me encontré desfilando con ellas, fueron amigas y colegas. Y empecé de caradura. Viene una amiga y me dice: “Mora, mamá –que era una mujer que se dedicaba a la moda, Vivi Etcheto– está organizando un desfile a beneficio, pero no hay dinero para pagarles a las mannequins. ¿No te animás a desfilar?”. Era para la casa Hermès Fouquet, de Marta Fouquet, que representaba a Hermès de París en Buenos Aires. Y de audaz hice el desfile con cuatro amigas, que todas éramos altas y flacas. Cuando terminó, Marta Fouquet me dijo: “Me encantó como desfilaste, cómo te moviste, y yo en dos sábados me voy a Rosario a presentar la colección, te contrato. ¿Querés venir como modelo?”. “Bueno”, dije yo, y así empecé. En poco tiempo estaba en todos los desfiles de Buenos Aires y nunca más me bajé de la pasarela: me dediqué a esto toda una vida.

Espectacular en una producción que hizo para Gino Bogani, a mediados de los años setenta

–¿Quiénes eran las mannequins que te inspiraban?

–Elsa Rosas fue un poco mi ejemplo, la que yo admiraba cuando la veía caminar. Ana María Soria, María Marta Lagarride… de ellas aprendí muchísimo y, además, me ayudaron en mis comienzos. Tuve una escuela de mujeres que no competían conmigo, que tenía diez años menos que ellas, al contrario: yo era la chiquita que había aparecido y ellas me recomendaban en todos lados.

–¿Cuántas veces te casaste?

–Dos. Mi primer marido fue Luis Rusconi, con quien tuve a mi hija María. Estuve poco casada y después conocí a mi segunda pareja, que era Raúl Peralta Ramos, con quien tuve a mi hija Morita, a un hijito nuestro que se nos murió cuando tenía 4 años, y a mi hijo Juan. Nos separamos después de muchísimos años de vivir juntos.

–Si te enamoraras ahora, ¿te casarías, preferirías convivir o un modelo de pareja de cada uno en su casa?

–Hace unos años atrás me enamoré. Ese señor se murió un tiempo después de que habíamos roto la pareja. Vivió acá conmigo y pasamos una muy buena época, yo viví muy bien con él. Soy fácil para convivir, porque no tengo ninguna manía, me gusta compartir, y me ocupaba de que estuviéramos bien. Pero no sé qué me pasaría ahora si me enamorara.

La ex mannequin en su casa, donde hasta el último detalle tiene su selloEn un desfile de Gino Bogani en Washington, el diseñador y sus musas: Diana Custodio, Teté Coustarot, Mora y Cristina González (de izquierda a derecha)En Niza, con Teté Coustarot y Roberto Giordano, a punto de abordar un helicóptero que los llevaría a Mónaco como invitados a la célebre Gala de la Cruz Roja

–¿Cómo tiene que ser un hombre para que le prestes atención?

–Tiene que gustarle salir, ir al cine, al teatro, hacer planes, viajar… yo creo que eso enriquece una vida, o por lo menos es lo que enriquece la mía. La persona que esté conmigo tiene que apreciar eso, porque si no, no me sirve una vida en común: yo haría una cosa y él haría otra.

–¿Te sentiste una mujer amada?

–Por momentos me sentí bien amada… pero no todo el tiempo. Por momentos pensaba que era cómodo todo. Pero tampoco podría quejarme.

–Tu primer marido después fue pareja de Nequi Galotti, una de tus grandes amigas. ¿Fue un problema entre ustedes eso?

–Cuando apareció Nequi en la vida de Luis yo ya estaba muy alejada de la vida de él, hacía años que estaba con Raúl. Y Nequi era una amiga de la pasarela, una colega. Y un día se enamoraron y a mí me pareció fantástico, porque como yo tengo una hija con Luis, pensé: “¡Qué suerte que va a estar con una persona como es Nequi, que va a estar muy cerca de mi hija!”. Y adoré, porque Nequi es un ser excepcional. Nos respetamos y nos queremos mucho desde siempre.

A sus espléndidos 80, Mora es una mujer curiosa e inquieta que no para nunca: sale a caminar todos los días, se junta con amigas, va al cine y al teatro, viaja y está al tanto de los últimos lanzamientos literarios para alimentar su otra gran pasión, la lectura

–Tenés un grupo grande de amigas ex modelos. ¿Son celosas, cómo manejan el tema de los egos?

–Con mis colegas amigas, que son queridísimas, no tengo problemas, no tengo celos. Nunca se ha dado una situación de “Ay, qué envidia me da tal cosa”, al contrario. Apreciamos los éxitos de las otras, los valoramos y nos hacen felices. Y yo lo sé muy bien porque me lo han demostrado el otro día, con la fiesta por mi cumpleaños. Es un cariño genuino, verdadero, que nos une desde hace años. Nos queremos y nos acompañamos en las buenas y en las malas. Cuando hay dolor, ninguna de nosotras se siente sola.

–Trabajaste en París. ¿Tuviste la posibilidad de quedarte y hacer carrera en Europa?

–Mi primer viaje a París fue cuando tenía 19 años: gané un concurso en el que se elegían a las tres mejores mannequins argentinas. Fuimos seleccionadas Elsa Rosas, Cristina González y yo, que era las más chiquita del grupo. Y nos fuimos las tres juntas a trabajar en Nina Ricci. Me hubiera encantado quedarme, pero en esas épocas no era habitual viajar a París. Tenías que hacer castings, cosa que acá no conocíamos, ir de una agencia para la otra, algo que tampoco acá se hacía, y un día dije: “No sé si me gusta, yo extraño Buenos Aires”. Y me volví. Y ahí justo estaba con la agencia de Yves Saint Laurent, así que, si me hubiera quedado, posiblemente habría trabajado con él. Me hubiera encantado porque era el diseñador que más me gustaba.

–Tuviste que enfrentar el peor dolor que le puede tocar a una persona, que es perder un hijo. ¿Cómo lograste salir adelante?

–No tenía fuerza para seguir adelante, quedé devastada. Cuando uno habla de vacío, no sabe lo que es el vacío. Pero cuando te pasa algo así, sentís el verdadero vacío, ahí entendés lo que es el vacío. No tiene sentido nada, la vida pierde su razón de ser. Yo tenía a mis hijas, María y Morita, que en esa época tenían 12 y 8 años, y que no tenían conciencia de lo que estaba pasando, ellas estaban en el asombro de que su hermanito no estaba más. Tardé mucho, mucho tiempo en salir adelante… Me ayudaron mis amigas y mi psiquiatra, el doctor Osvaldo Enseñat, que me fue ayudando de a poco a aceptar ciertas cosas, a aceptar que la vida continuaba.

Abrazando a Félix, hijo de su hijo menor, Juan

–¿Dejaste de trabajar?

–Sí, estuve dos años sin trabajar. Hasta que, en un momento, Gino Bogani me invitó a Cuba, donde tenía que hacer un show. Eso fue lo primero que hice y lo hicimos bien, fue un show extraordinario. Cuando me subí a la pasarela sentí otra vez esa sensación de transformación que siempre tenía en la pasarela y que había perdido. A partir de eso volví a trabajar.

–¿Te sentís una mujer bella?

–De muy joven no me sentía nada bella, al contrario, me parecía que tenía mil defectos. Pero, con el tiempo, fui aprendiendo a conocerme. Y, además, la mirada del otro, de los diseñadores y de la gente de la moda que fui conociendo, me marcaron un estilo, me fueron dando un estilo, que por ahí yo sola no me hubiera dado cuenta. Siempre fui exótica, era diferente a las otras modelos. Y, al mismo tiempo, siempre me sentí muy segura de mí misma, pero eso fue gracias al afuera, a los otros. Jacques Dorian, la casa Greta, la casa Carola, Marilú, los que en aquella época de alguna manera me sacaron a la luz. Después, Gino Bogani, Fabián Kronenberg, Elsa Serrano, los hermanos De la Cruz… todos me hacían sentir una diosa. ¡Te ponías uno de esos vestidos y salías a la pasarela inflada! Y eso ayuda, porque te da seguridad.

–¿Cómo es tu relación con tus nietos?

–Me dediqué mucho a mis nietos, a los cuatro más grandes, porque el más chiquito vive en Uruguay. Estaba todo el tiempo ocupada de ellos. Creo que todas las abuelas tenemos una pasión indescriptible por los nietos y estamos siempre atentas a ayudar en su crecimiento. A los míos los llevaba a todas partes o los buscaba a la salida del colegio para después ir a tomar algo con ellos. Para mí, ser abuela es lo mejor que me ha pasado en la vida. Adoro a mis nietos. Desgraciadamente al más chiquito lo tengo lejos, pero cuando puedo ir a visitarlo lo disfruto mucho. Los mejores momentos de mi vida los he pasado como abuela.

–¿Qué te da felicidad?

–Me encanta estar con amigos que quiero y con los que puedo ser confidencial y tener conversaciones lindas y profundas. Encontrarme con mis hijos y todas sus familias. Eso me da mucha alegría: me encanta mi familia.

–¿Qué te da tristeza?

–En general, lo que tiene que ver con el mundo: yo no puedo creer lo que está pasando en el mundo en este momento. Todo eso me da mucha angustia, no puedo mantenerme al margen del horror de la guerra. La guerra me entristece enormemente.

–¿Pensás en tu propia muerte?

–Sí. Muchas veces pienso que sé muy bien que lo que me falta vivir no es tanto, entonces quiero, trato y deseo hacer todas las cosas que tengo ganas de hacer, y no dejar nada para el día siguiente.

Compartiendo un día al aire libre con Mateo y Ciro, los de Morita, y Justina y Lorenzo, hijos de María

Agradecimientos: Adriana Costantini (@adrianacostantini), María Keenan (@mariakeenan_boutique), Claude Benard (@claudebenardshoes), MT Bijouterie, Bio Verde Florería y Vivero (@bioverde.online), Peluquería Pino (@pinopeluqueria) y doctora Diana Chugri (@dradianachugri).

La tapa de revista ¡Hola! de esta semana

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