WADI AD-DAWASIR, Arabia Saudita.– Prioridades. De eso se trata para Juan Santiago Rostan. Es uno de los argentinos que probaron la experiencia del Rally Dakar y, a pesar de los costos y el esfuerzo que implica reunir los valores, encuentra la manera de continuar. El primer año se ganó una inscripción gratuita gracias a su desempeño deportivo, el segundo año terminó pagando los gastos en seis cuotas y en el 2026 se lanzó a costear la vivencia que le genera bienestar. “Puedo decirte que un Dakar vale lo mismo que un departamento”, contó para LA NACION, y agregó: “La gente me dice que estoy loco, pero yo digo que elijo ser feliz”.
Tiene 30 años y bromea con descaro. Es fuente de sonrisas en el grupo, un valioso tesoro para soportar tres semanas de convivencia con gente de todo el mundo. El papá, agachado, lava la ropa de carrera en un balde con jabón y cuelga el casco en el espejo retrovisor de una van para que le dé el sol. Con ese paisaje, Santi tiene claro dónde está parado y también puede ser un hombre serio. Acodado en la diminuta mesa de la casa rodante donde vive en estos días con su padre, también Santiago, inclina la cabeza y empieza levantando las cejas: “En la vida uno elige sus prioridades. No hay muchas vueltas”.
El neuquino repasa la historia de una pasión que hoy lo lleva a ser un ejemplo para los que luchan por sus sueños. “Yo elegí mi prioridad, que es trabajar para poder correr. No tuve la posibilidad de ser un piloto al 100 por ciento y vivir de eso. Mi papá lo intentó, pero llegó un momento en que lo económico puso un techo y tuve que salir a laburar yo también para subir ese techo y estar en el Dakar”, explicó. Usualmente se despierta a las 6 de la mañana para ir al gimnasio antes de encarar una jornada de diez horas en la empresa familiar. Al término, una sesión de natación, y eso es todo. “Realmente trabajo 12 horas por día, porque vender el Dakar también es un trabajo. Los sponsors no me llegan solos; tengo que ir a buscarlos y contarles mi proyecto para que crean en él”, aclaró. Este año logró meter parciales entre los veinte mejores de la clase Rally2, de motos, lo que implica su mejor tarea hasta el momento. “Para solicitar apoyo tengo que mostrar resultados”, continuó.

¿De cuánto dinero se debe hablar para el Dakar en Arabia Saudita? “Yo puedo decirte que un Dakar vale lo mismo que un departamento. No uno del centro de Neuquén ni el de Buenos Aires, pero uno que valga arriba de cincuenta mil [dólares]”, estimó Santi. En definitiva, los números son acomodados por su padre con Joan Fernández, líder del equipo español Xraids Experience. Esto, que sea otro el que tome la posta de la negociación, es la mejor forma de mantener concentrado al piloto en su labor arriba de la moto y nada más: “Viste que los problemas entre los hombres a veces son por la guita y a veces por las mujeres…”, soltó, con desenfado.
La realidad es que los riders como Rostan difícilmente logran cerrar el presupuesto total y es la familia quien aporta el resto. Santiago vive con su novia, en una casa que la madre de ella les dejó. Por supuesto, los valores para esta compleja competencia son equivalentes al valor de una vivienda pero nadie da publicidad para comprar una casa. El apoyo de los patrocinadores llega porque quieren estar en el Dakar junto a su piloto. “Todo el año ahorro y trabajo, ahorro y trabajo… Para carnaval voy con mi viejo a la casa de un tío en Monte Hermoso y son mis únicas vacaciones”, insistió. Sucede que, cuando la mayoría de la gente se relaja en las últimas semanas de diciembre y la primera quincena de enero, Santi afronta su gran desafío: “La gente que me rodea no lo entiende porque no viene acá. Dicen que estoy loco pero yo digo que elijo ser feliz. Ésa es la realidad”, justificó. Ante esta ‘demencia’ permitida, conoce los riesgos y su límite: “Acá volcás si no sos consciente, económicamente, de cuándo parar, cuando tu billetera no es ancha. Hay gente que saca un crédito para venir a correr y ahí hay algo que no está bien”, reflexionó.
Su primer Dakar fue el de 2024, al que accedió con la inscripción cubierta por ser el mejor novato del Desafío Ruta 40, una carrera importante del Mundial de Rally-Raid, en 2023. Pero esto comenzó en el 2001, cuando tenía 5 años: “Arranqué en la escuela de motocross de Jorge Montero y seguí con Esteban López Jové, mi gran mentor. Corrí el enduro patagónico y el campeonato argentino. Fui campeón muchas veces y corrí cuatro veces los Six Days”, relató. Esta última es un encuentro internacional que dura seis días y en el que el piloto es su propio mecánico, con tiempo acotado de trabajo, y brinda un reconocimiento importante en el mundillo del off-road.

Recién en 2022 Rostan comenzó en el rally-raid, especialidad en la que además de ser rápido hay que saber navegar para encontrar el rumbo en desiertos, montañas, ríos secos o salares. Así llegó a la carrera más exigente del mundo. “Después del Dakar 2024 no teníamos la posibilidad de regresar y el equipo nos invitó a correr en Marruecos, el Ruta 40 de Argentina y el Dakar pagando el servicio en seis cuotas”, repasó, con sentido agradecimiento al director del equipo. Sonrió y arrojó otra de sus frases cómicas: “Le dije a Joan que en Argentina la inflación bajó y que tendría que hacerme 12 cuotas, pero el ‘Gallego’ no quiere”.
No iba a echar a nadie de su casilla rodante, pero deslizó que iba “a dormir temprano”. Con el cuaderno rojo en la mesa, en el que su papá lleva a distancia las notas del trabajo para alquilar generadores de energía en Neuquén, Juan Santiago recordó algo más que le dio el Dakar: un nombre. “Conseguimos mucho trabajo por mi presencia, por quién era yo como persona y por el nombre que, gracias a Dios, logré imponer con respeto y responsabilidad. El Dakar me ayudó a elevar eso”, reconoció. Inclusive, advirtió el compromiso de ser una persona pública: “Santi Rostan no puede cruzar un semáforo en rojo porque tiene una camioneta ploteada con los sponsors, por dar un ejemplo. Y si voy a brindar un servicio en un evento, mi generador tiene que ser el mejor y el más bonito”.
Don Santiago -que seguramente escuchó todo– esperó afuera, colgó la ropa al viento y guardó el casco, porque la noche ganó terreno. En tanto, el piloto de la KTM 450 Rally se puso a armar el bolso para otra etapa maratón, durmiendo en el desierto con lo puesto. Lo esperan un fino colchón, una carpa individual y una noche fría. Cerró la puerta con una mirada positiva y su cuota de desparpajo: “Otra vez vamos a andar dos días con el mismo calzón”, murmuró.
