HIDDEN HILLS, California.- El año pasado, Richard Marx y su esposa, Daisy Fuentes, estaban tomando martinis en su living mientras escuchaban música swing en la radio, cuando sonó la versión de Frank Sinatra de “Fly Me to the Moon”. Marx se sentó al piano e intentó sacar los acordes. “Lo siguiente que supe -dijo- es que había escrito este pequeño y hermoso interludio, una versión en balada con notas largas”.
En su nuevo álbum que salió ayer, After Hours, Marx ofrece versiones swing de clásicos del Great American Songbook como “Fly Me to the Moon”, “Summer Wind” y “Love Is Here to Stay” de los Gershwin, junto a temas originales que escribió con un espíritu similar. Lo grabó en vivo, en solo tres días, con una banda de sesionistas y una orquesta. Excepto por la claridadde su voz de tenor, guarda poco parecido con los hits de soft-rock que lanzó a partir de 1987, o los videos que lo mostraban con un mullet y vestido íntegramente de jean.
Marx, de 62 años, es el único artista masculino en lograr que sus primeros siete singles llegaran al Top 5: “Hold On to the Nights”, “Satisfied” y el eterno favorito de los casamientos, “Right Here Waiting”.
Durante una reciente entrevista por video desde su casa en Hidden Hills, California, Marx habló sobre emborracharse con Rod Stewart, por qué empezó a consumir drogas y cómo enamoró a Fuentes, la ex V.J. de MTV con la que está casado hace una década.
-¿Es After Hours el tipo de música que tocaban tus padres, Ruth y Dick Marx?
-Sí, hasta cierto punto. En el apogeo de su carrera como pianista de jazz en Chicago, mi papá hacía covers del Great American Songbook. Pero lo miraba por encima del hombro; pensaba que estaba por debajo de su nivel. Luego aceptó un trabajo escribiendo jingles para radio y televisión. Fundó su propia compañía y, durante 25 años, fue uno de los autores de jingles más importantes del país, todo basado en melodías súper pop. Mi mamá era cantante de big band y cantaba en los comerciales que él escribía, algo que yo también hice cuando era chico.
-¿Tener más edad tuvo algo que ver con abrazar esta música?
-Estoy seguro de que la edad es parte de esto. Cuando surgió la idea, ya había grabado cinco canciones con una onda del sur de California de los 70. Tenía mi canción estilo Fleetwood Mac, mi canción estilo Jackson Browne, mi canción estilo J.D. Souther. Entonces mi cerebro “secuestró” esta idea. Estoy en un punto, francamente, en el que, para bien o para mal, a la hora de elegir proyectos mi mantra es: “¿Y por qué [carajo] no?”. Hacer solo covers no me atraía, pero pensé que podía escribir canciones que encajaran junto al Great American Songbook. Me imaginé que era 1947 y que le estaba ofreciendo una canción a Sinatra; esa es “All I Ever Needed”. No quería hacer “Sway” porque se hizo demasiado, así que decidí escribir una canción similar; esa es “Magic Hour”.
-Tu amigo Kenny G está en “Big Band Boogie”. ¿Qué escuchás vos en su forma de tocar que sus detractores no ven?
-Es uno de mis mejores amigos desde hace 30 años. Yo no era fan de su música. Pero su dedicación despertó mi interés: practica tres horas, todos los días. Hicimos un show privado juntos hace 10 años en Japón, y su entonación era perfecta. Hace todo ese asunto del show, lo de la respiración circular, que tiene un valor de entretenimiento. Pero también está su tono, su elección de notas, su técnica. Para mucha gente, no es lo suyo. La gente odiaba cómo cantaba Michael Bolton, y está bien, pero no podés decir que no es un gran cantante, porque eso es fácticamente incorrecto. Quería que Kenny tocara algo que no fuera lo que se esperaría de él. Cuando le mandé esta canción de “Big Band Boogie” súper rápida, me dijo: “Esto no es lo que hago normalmente. Además, está en una tonalidad malísima para un saxofonista”. Trabajó en ella durante unos días y tocó el saxo tenor, algo que casi nunca hace, y le salió perfecto.
-¿Cuando hablás con Kenny G, ¿lo llamás Kenny G?
-Nos decimos bro (hermano). O él me dice Ricardo y yo le digo Kenneth.
-Tu sentido del humor sarcástico y tu combatividad, ¿son cualidades evidentes en tus canciones? ¿Las ves como algo aparte?
-Es algo aparte. James Taylor tiene una personalidad muy seca que no se trasluce en su música. Los chistes más verdes que escuché en mi vida me los contaron Kenny G y Michael Bolton. Esto sonará un poco pretencioso, pero lo voy a decir igual: mi personalidad y mi música son ambas auténticas. Escribí algunas canciones que te sorprenderían por sus letras. Pero la percepción es que soy muy romántico, dulce, inofensivo. Y eso está bien, porque también soy esas cosas.
-El alcohol ocupa un lugar destacado en tu podcast, Stories to Tell. ¿Cómo sos cuando tomás de más?
-Amo a todo el mundo. Te voy a elogiar todo, incluso cosas que no se me habrían ocurrido elogiar hace dos martinis. La vez que más borracho estuve fue hace unos dos años, con Rod Stewart. Al día siguiente, él me dijo que era la vez que más borracho había estado él. Tengo una especie de retorcida medalla de honor por eso. Y para mí fue un ejemplo de algo que se manifestó, porque soñé toda mi vida con tomar algo con él.
-Voy a usar algunas preguntas que les hiciste a los invitados de tu podcast. ¿Tuviste gente que no creía en vos?
-Ah, sí, bastantes. El productor y autor David Foster me dijo que no debería cantar. Yo tenía 19 años y eso pesó mucho porque lo admiraba demasiado. Todos los sellos me rechazaron varias veces, a pesar de que mi demo incluía “Endless Summer Nights” y “Should’ve Known Better”. Pero también tuve a Lionel Richie diciéndome: “Sos bueno. Hacelo”.
-¿El éxito le restó valor a tu talento como músico ante los ojos del público?
-No creo que el público tenga noción del nivel de mi éxito. Mucha gente en internet dice: “Sos un artista de un solo hit”. Una vez respondí: “Sí, ¿pero de cuál?” (Risas).
-Dijiste en tu podcast que a los 50 años nunca habías probado ninguna droga, ni siquiera marihuana. ¿Qué cambió?
-¡Daisy! (Risas). No voy a culparla a ella, pero le encanta la idea de tomar algo y tener una gran charla. Creo que la primera vez que salimos le dije que no me gustaban los martinis. Ella me dijo: “Seguro no te gusta el vermut”. Así que me pidió un martini de vodka, puro, con un toque de limón, sin vermut.
-Eso se llama vodka puro.
-Sí, pero muy frío y un poco diluido. En cuanto a las drogas, la única razón por la que probé fue porque necesitaba reemplazarme ambas caderas y sentía mucho dolor. Yo definitivamente había sido un puritano con las drogas. Daisy me dijo: “¿Pensaste en probar marihuana para el dolor?”. No recuerdo si me hizo sentir mejor las caderas, pero ciertamente me olvidé de ellas. Probé hongos durante la pandemia y sé que lo volveré a hacer.
-¿En qué sos bueno? ¿Cuál es la habilidad específica detrás de tu éxito?
-Creo que soy un autor de canciones muy hábil. Es saber cómo resolver el rompecabezas. ¿Y la respuesta honesta? Soy un cantante muy talentoso. En este álbum, hice tres tomas de cada canción. Sin parar ni hacer parches (punches).
-En tus memorias escribiste que te encasillaron como baladista, a pesar de que la mayoría de la música de tus primeros álbumes era rock. ¿Es posible que simplemente seas mejor escribiendo baladas que canciones de rock?
-Aunque estoy sacando un disco nuevo, soy un artista de giras. Mi show es de grandes éxitos. Cuando la gente se abraza con “Right Here Waiting”, me encanta. Cuando bailan con “Don’t Mean Nothing”, me encanta. Años atrás, una parte de mí se preguntaba por qué no me aceptaban como el rockero que realmente soy. Después fue como: “¿A quién le importa?”. Tuve mis reclamos en el pasado, pero ya lo superé.
-En un podcast que hiciste con Daisy, dijiste que cuando empezaron a salir te hiciste el desinteresado. ¿Cómo fue eso?
-La admiraba de lejos hace años, en sus días de MTV y después. Siempre pensé: “Apuesto a que es una buena compañía para pasar el tiempo”. Cuando nos conocimos, acababa de salir de un matrimonio muy largo. Fue un momento doloroso y no hacía tanto que estaba soltero. Empezamos a vernos y ella era una de las personas más divertidas que conocí; sarcástica y rápida. No quería asustarla. Pero eso no duró mucho. Se dio cuenta de que la estaba cortejando, persiguiéndola de verdad.
-Hiciste una entrevista con el Los Angeles Times en 1990, en la que dijiste…
-Oh, Dios.
-No es tan malo. El entrevistador te preguntó qué diría un futuro libro de historia sobre vos. Dijiste: “Va a decir: se bancó mucha m… durante mucho tiempo, y ahora está recibiendo el respeto que se merece”. ¿Pasó eso?
-Sí, en su mayor parte. Todavía me banco algo de m…, pero las personas cuyas opiniones me importan me han tratado con generosidad. Me siento respetado como autor de canciones. Después de todos estos años, no sé qué tan importante es eso para mí. Pero es mejor que un piedrazo en el ojo.