“Sentí adrenalina”: en la primera edición de “En Petiso por Areco” los más chicos mostraron una espectacular conexión con los caballos

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El Parque Criollo y Museo Ricardo Güiraldes, ese Monumento Histórico Nacional que respira argentinidad, amaneció distinto ayer. Desde las 9.30, la clásica postal de San Antonio de Areco sumó una expresión de tradicionalismo y traspaso cultural, donde familias enteras, con mate en mano, vivieron la primera edición deEn Petiso por Areco”. Poco a poco, la pista empezó a cobrar vida bajo un sol radiante mientras que los asistentes ocupaban su lugar detrás de la cerca, desde donde observaban el debut de un encuentro pensado para que los más chicos mostraran el trabajo silencioso que hicieron con sus caballos en los últimos seis meses.

Detrás de los siete hilos de alambre que dividía las ”tribunas» con la pista, los vítores del público no eran para los gauchos experimentados, sino para los “peques”, que subían a los petisos y sus caballos con una sonrisa expectante. Algunos aplausos tenían nombre propio, dependían de la esquina desde donde se realizaban: “¡Vamos, Juancito [Convers]!”, “¡Dale, Emi [Duche]!” “¡Vamos Felix [Toussounian]!”, se escuchaba.

Mientras tanto, en la pista los jurados observaban atentos cada ocho, cada galopeada corta, cada gesto de control y mansedumbre. La prueba de doma, que incluía tres categorías; de niños y niñas hasta 8 años, a los intermedios de 9 a 12, y sus mayores de 13 a 15, se adueñó por unas horas del campo.

El encuentro

El “alma mater” de esta iniciativa fue Sofía Benedit, criadora de petisos tipo Welsh, quien participa todos los años de “Domando entre petisos» en La Rural de Palermo. Al ver que la mayoría de sus participantes son de Areco decidió organizar el evento. Desbordada de emoción al observar el Parque repleto de visitantes que no esperaba, dijo a LA NACION: “No creí que me fuera a salir tan bien. Lo soñé, sí… esperaba que el sueño sea realidad, pero la cantidad de gente superó lo que esperábamos. Soy una fan de los caballos y me pueden los chicos. Haber podido juntar chicos con caballos, que son los petisos, para mí es lo más”.

Entre las pruebas incluía control y mansedumbre

El asombro por la destreza de los chicos se mezclaba con ternura por la conexión que se reflejaba que tenían con el caballo. En la pista se veía a Baltazar, de 5 años, haciendo su primera presentación en público, aunque cabalga desde los 4, o a niñas como Alma Monzón, que viajó especialmente desde Irupé, Corrientes, para no perderse la cita. Incluso, cerca del mediodía, hubo “tropilleros” de 3 años llegados desde Lobos.

“Yo creo un vínculo con cada chico al que le doy petisos para domar. Se genera algo espectacular porque al chico se le entrega un caballo potro. Algunos vienen de manadas que no han agarrado nunca. Allí se gesta todo el trabajo hasta poder acercarte, tocarlo, que el caballo empiece a confiar se va formando una relación y el caballo te conoce”, narró Benedit.

Sofía Benedit, criadora de petisos tipo Welsh

Durante la presentación también participó el intendente Francisco Ratto, quien recordó el momento en que Benedit le llevó la propuesta: “Fue sin dudarlo. Nos pareció espectacular y dijimos ‘sí, esto se puede hacer’. Nos trajeron una buena idea y lo que teníamos que hacer era acompañar brindándoles este lugar histórico”. El jefe comunal le recordó a los presentes: “Están asegurando la tradición, mirando hacia el futuro. En Areco a veces decimos que somos tradición y futuro; hoy el futuro son ustedes”.

Lo que se evaluaba en la pista, bajo la atenta mirada de un jurado destacado integrado por Polito Ulloa, Mela Zubillaga, Guille Concaro y Tato Casas, iba mucho más allá de la técnica. Era el vínculo, la paciencia y el respeto entre ambos.

Jerónimo Lennon y su hijo Indalecio

Para Jerónimo Lennon, un experto domador, la experiencia de ver a su hijo Indalecio, de 11 años, presentar su segundo caballo era motivo de orgullo. El propio Indalecio, montado en Sapucay, relató su vivencia con la frescura de su edad: “Sentí adrenalina, nerviosy empecé a llorar de la emoción. Estaba feliz. El caballo a veces me hacía caso y a veces no, cosas que pasan, pero se portó más o menos bien”, contó entre risas, revelando que su sueño es “domar caballos para trabajar con vacas”, como su papá. La rutina, más allá de la escolar, gira en torno a los animales. Indalecio le da fardo y avena a Sapucay dos veces por día.

Baltazar observaba con atención la destreza de los más grandes mientras esperaba su turno

Por su parte, Antonia Gallardo, de 10 años, contó que lo primero que hace al despertarse es prepararse la ropa del día y coordinar con Daniel Gallardo, su papá, el tiempo que le van a destinar a Poncho, el caballo al que le dio ella misma el nombre. Sueña con ser maestra jardinera o veterinaria. Daniel resumió el sentimiento que le genera no solo ver a su hija y a su mellizo, sino a muchos chicos que como ella han aprendido a crear una conexión con estos animales. “De chico me inculcaron esto, yo se los inculqué a ellos y siguen los mismos caminos. Se juntan con sus amigos y andan todos juntos”, relató.

Antonia Gallardo y su papá Daniel Gallardo

Domar un petiso no es tarea fácil, incluso para los jinetes experimentados. Benedit develó el secreto de estos animales: “Tienen una gran personalidad. Son más despiertos, más inteligentes y tienen un carácter que decís ‘¿de dónde lo tiene?’. El trabajo hasta poder acercarte y tocarlo, hasta que el caballo empieza a confiar, es el momento en que comienza a construirse la relación“.

Entre los presentes sorprendía la edad de algunos participantes: tropillas integradas por niños de 3 a 10 años, pequeños que por poco alcanzaban el estribo, pero que sabían sostener las riendas con firmeza.

Los más chicos mostraron sus habilidades en la pista, como Hilario Rozados

Nicolás Membriani, reconocido payador del Festival de Jesús María, acompañó a su hijo Hilario de 6 años a hacer su presentación. “Esta es la manera de mantener viva nuestra cultura; a los chicos no se les obliga a nada, porque ellos maman desde niños el amor por lo nuestro. En tiempos tan difíciles, de mucho apuro, de mucha pantalla, está bueno que se identifiquen con la imagen del gaucho que le dio vida a esta República”, reflexionó.

Hilario dice que se levanta en las mañanas a buscar a su poni, ayuda a ducharlo y a atusarlo [cortarle el pelo]. “Me gusta mucho cuando lo veo y le doy pan. Todos los días come su pan”, completó.

Nicolás Membriani y su hijo Hilario antes de su presentación

Al final de cada presentación, cada uno de los chicos recibió una medalla y su caballo se llevó prendida a la cabeza una cucarda con los colores de la bandera, como símbolo de esfuerzo y participación. Benedit señaló sonriendo: “Ya me sentenciaron y me dijeron: la segunda edición la hacemos mucho más grande”.

En la categoría Mayores, el primer premio fue para José Otaegui y el segundo para Crescencio Ludovico.

En la categoría Intermedia, el primer puesto lo obtuvo Ciro Convers, seguido por Juan Convers en segundo lugar.

En la categoría Menores, el primer premio fue para Pedro Sagasti y el segundo para Severiano Larralde.

Además, la Asociación Amigos del Parque Criollo distinguió como “Mejor Presentado” a Ángel Cerrudo, mientras que el jurado otorgó un premio especial al “Combo más completo” a Toia Fuller.

Los más chicos mostraron sus destrezas Pruebas de doma, juegos, emoción y el vínculo inquebrantable entre niños y caballos. Severiano Larralde en acción

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