Un experimento inédito en el mar argentino comenzó a revelar el universo desconocido de la tortuga más grande del mundo

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Existe un gran vidrio esmerilado entre lo que sabemos del territorio argentino y lo que sabemos sobre su mar. Es por eso que varios expertos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) resaltan la importancia de que la ciencia abra las ventanas hacia las profundidades del territorio.

Este lunes, por primera vez en la historia de la investigación marina en la Argentina, se colocaron transmisores satelitales a machos de tortuga laúd en aguas costeras de San Clemente del Tuyú, provincia de Buenos Aires.

El objetivo es comprender con detalle el comportamiento de los machos de esta especie, que es la más grande entre las tortugas marinas y, a la vez, una de las más vulnerables del mundo. Un primer descubrimiento es que hay una probabilidad importante de que esta especie no visite la Argentina de manera ocasional, sino que existan poblaciones estables.

Seguimiento Satelital de la Tortuga Laúd

“Hasta hace relativamente poco se creía que la presencia de las tortugas marinas en la Argentina era ocasional, ya que solo existía información de algunos casos aislados. Incluso ante la aparición de algún animal en la playa, era común escuchar que ‘se había perdido’ o que había ‘seguido alguna corriente por equivocación’. Hoy estamos siguiendo de cerca el comportamiento de los machos, de los cuales se sabe muy poco en todo el mundo”, señaló a LA NACION Victoria Gonzáles Carman, investigadora del Proyecto Tortuga Laúd.

Hoy, existe un vacío de información notable sobre el comportamiento de los machos de esta especie: a diferencia de las hembras, que arriban a las playas tropicales para poner sus huevos y, por lo tanto, pueden ser estudiadas en tierra, los machos nunca abandonan el mar.

Para investigarlos, los equipos deben localizarlos desde embarcaciones en aguas abiertas y colocar los transmisores directamente sobre sus caparazones. Desde hace poco más de un mes, expertos del Proyecto Tortuga Laúd colocaron geolocalizadores en cuatro tortugas macho para entender cuáles son sus recorridos.

El recorrido de las tortugas laud que son monitoreadas

Cada vez que el animal sale a la superficie a respirar, el dispositivo envía datos de geolocalización que permiten seguir sus desplazamientos en tiempo real. A partir de esa información, los equipos científicos pueden identificar áreas de alimentación, trazar corredores migratorios y diseñar estrategias de conservación más precisas y efectivas. Pasado un período, el transmisor se desprende de manera natural sin causar daño alguno al animal.

Con la colocación del cuarto transmisor, en marzo de 2026, el proyecto cerró su primera etapa. Ahora, el equipo ya sigue en tiempo real los movimientos de los cuatro machos en el Atlántico Sur.

Qué recorrido hicieron

Los primeros 45 días de monitoreo muestran un patrón inicial común —todos se quedaron cerca del sitio de marcación— y una dispersión posterior.

“Lo que sabíamos es que hasta el momento solo había apariciones ocasionales de los animales que llegan a la orilla. En su mayoría, las tortugas que podemos analizar llegan varadas y/o muertas. En general no podemos determinar las causas de estos varamientos. Solo los pescadores logran avistarlas dentro del mar. Para nosotros, saber qué uso hacen de nuestro mar es esencial para entender más de esta especie”, describió Karina Álvarez, responsable del área de conservación de la Fundación Mundo Marino, que forma parte del proyecto.

Tortuga Laúd

Tres ejemplares ingresaron durante varios días al Río de la Plata y luego regresaron al área donde habían sido marcados. Hoy se alimentan muy próximos a la costa, a la altura del Cabo San Antonio. El cuarto macho tomó otro rumbo: recorrió toda la costa bonaerense hacia el sur, un trayecto que le llevó cerca de un mes. Desde hace una semana permanece alimentándose en las cercanías de la desembocadura del río Negro.

En estas zonas, las tortugas aprovechan la alta disponibilidad de medusas, su principal recurso alimenticio. Para los próximos meses se espera que inicien la migración hacia aguas más cálidas, un desplazamiento que los transmisores continuarán registrando por hasta ocho meses. Esta información puede ayudar a orientar políticas de protección de la especie a escala regional, en el marco de la Convención Interamericana para la Protección y Conservación de las Tortugas Marinas, de la cual la Argentina es parte desde 2010.

La especie se encuentra el peligro de extinción

El proyecto es llevado adelante por AquaMarina, Fundación Vida Silvestre Argentina, Fundación Mundo Marino, el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero, el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, el Centro para el Estudio de Sistemas Marinos, la Reserva Natural Rincón de Ajo y la Reserva Natural Bahía Samborombón (Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires), con el apoyo científico de Sea Turtle, Inc. y la University of Exeter.

Una especie vulnerable

La laúd es la especie de tortuga marina más grande del mundo y una de las más amenazadas: está catalogada como vulnerable en la Lista Roja de la UICN, con una tendencia poblacional en descenso. Es una de esas especies que parecen desmedidas incluso para el océano: puede superar los dos metros de largo y los 600 kilos. Tiene, más o menos, el tamaño de un Fiat 600, pero en el agua se mueve con una agilidad inesperada: alcanza cerca de 10 km/h y, en sus migraciones, llega a recorrer más de 18.000 kilómetros.

Está distribuida en los tres grandes océanos —Atlántico, Pacífico e Índico—. En América aparece sobre todo frente a las costas de México, aunque también se la encuentra en Centroamérica y, en el sur, en Colombia, Perú y Brasil, con registros más esporádicos en Chile y la Argentina. Hacia estas latitudes suele llegar en los meses cálidos, cuando migra en busca de alimento.

Su dieta es bastante simple: pequeños peces, crustáceos y, sobre todo, medusas. Comparte con el resto de las tortugas marinas un rasgo llamativo: vuelve a desovar en la misma playa donde nació. El sexo de las crías, además, depende en gran medida de la temperatura de la arena: los nidos más cercanos al mar tienden a producir más hembras, mientras que los más alejados generan más machos.

Hace algo más de una década, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la catalogó como vulnerable. El motivo es conocido: el aumento de muertes asociadas a actividades humanas. Las capturas accidentales en redes de arrastre y las colisiones explican buena parte de los casos, a lo que se suma la contaminación por plásticos. Las estimaciones más generales hablan de una caída del 40 % en su población en las últimas dos décadas, con descensos de casi un 6% anual en algunas zonas del Pacífico, donde la situación es más crítica.

Datos de la National Oceanic and Atmospheric Administration muestran que la anidación viene cayendo de forma sostenida y, en algunos casos, abrupta, en toda su área de distribución. En el Pacífico oriental, los principales sitios de desove están en México y Costa Rica, con eventos más aislados en Panamá y Nicaragua. En esa región, la anidación se redujo en más de un 90 % en las últimas tres generaciones.

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