“Quiero comprar un terreno y empezar a sumarle animales”. La frase no pertenece a una productora ganadera consolidada ni a una empresaria del sector, sino a India Becerra, una niña de Vicuña Mackenna que se volvió furor en el ambiente ganadero por su capacidad para entender, recordar y hasta operar con precios de hacienda como si fuera una experta martillera.
India, de siete años, es hija de Pablo Becerra y Paulina Casari, un trabajador de una firma consignataria y una ingeniera agrónoma. Su historia refleja el peso que tiene el mundo rural en la formación cotidiana de las nuevas generaciones. La compra de hacienda la hace con la supervisión y tutoría de sus padres, pensando en el aprendizaje que pueda tener. Su habilidad para elegir lotes de hacienda y negociar con los consignatarios tuvo gran repercusión en las redes en el último fin de semana. “Vine a comprar tres lotes de ternera y un lote de vaca Holando”, contó en una entrevista para Canal Ganadero.
En los remates ganaderos del sur de Córdoba, donde cada oferta se mide en kilos, genética y oportunidad, India se roba la atención de todos los experimentados ganaderos porque sigue atentamente cada lote y, cuando interviene, lo hace con precisión. Con una naturalidad poco común para su edad, es capaz de identificar precios, entender dinámicas de compra y hasta participar en decisiones dentro de la feria.

Su vínculo con el mundo ganadero no fue forzado ni planificado, aclaró su papá, sino que simplemente ocurrió. Sus ratos libres en el campo familiar, ubicado en la zona de Washington, en el departamento de Río Cuarto, la conectaron con lo que le apasiona. “Ella anda con nosotros desde chica. Va a los remates, anda a caballo, participa. Hoy se la ve manejar y hablar de lotes como si fuera una persona adulta”, contó Pablo a LA NACION.
El día a día de India transcurre entre la escuela, las actividades deportivas y el campo. Tiene doble turno, toma clases de equitación y, cada vez que puede, se escapa a los corrales. Los fines de semana son sagrados: viernes y sábado son días de campo. Cuando está en el campo, pasa tiempo con los caballos, ayuda a mover hacienda, los terneros y recorre los lotes. Cada vez que puede, acompaña a su padre a hacer las recorridas en el campo y en ferias.
“No le enseñamos de forma directa. Escucha, pregunta y está atenta a todo. En una nota nos dimos cuenta de lo que sabía de animales y de números”, relató su madre. El punto de quiebre llegó cuando India comenzó a expresar en voz alta lo que sabía. En una entrevista espontánea en un canal ganadero, mencionó precios reales del mercado —valores de terneros que rondan entre un millón y $1,3 millones— con una seguridad que llamó la atención del ambiente.
En uno de los remates, India concretó una compra de un lote de 12 terneros Jersey —una raza de perfil lechero y menor demanda para carne— que, justamente por esa condición, no despertaba interés entre los compradores. Ante la falta de ofertas y con condiciones de pago en cuotas, decidió avanzar y adquirirlos a un valor de $650.000 por animal. La operación, acompañada por su familia, reflejó no solo su iniciativa, sino también una temprana lectura del negocio. Según los padres, India identifica las oportunidades.
“Lo hace dentro de lo que sabemos que es negocio. No hace locuras”, aclaró Paulina. En los remates, su presencia ya genera complicidad. Algunos vendedores incluso adaptan el ritmo de la subasta para verla participar. “La miran a ella, a ver si va a comprar”, agregó Pablo.

Más allá de los números, la sensibilidad con los animales es otro rasgo que la define. “En nuestra casa mis favoritos son los perros; te protegen. Pero me gusta ir a darle de comer a los terneros y ensillar a los caballos”, contó. Pablo indicó que ella sufre cuando ve animales en malas condiciones y no piensa ni un momento para intervenir si percibe que hay maltrato. Es esa empatía la que convive con un carácter firme, que también se hace notar en los remates.
Una escena que relatan sus padres es que en un remate decidió comprar un lote porque, según dijo, los terneros “tenían ojitos tristes y no los quería nadie”.
“Se impone. Tiene carácter”, reconoció Pablo. India tiene claro que cuando sea grande va a tener “su propio campo”.
“Primero hay que hacer un galpón, una casa, un quincho, una pileta para refrescarte y un asador”, enumeró India, mientras proyecta también corrales y espacios de manejo. Su idea incluye “un establito para que sea más fácil traer a los caballos” y sectores diferenciados para las vacas, con “sombrita, con árbol y con una sombra hecha a mano”. Recién después, dijo, llegará el momento de empezar a poblar ese espacio con animales y hacer crecer su campo.

Pablo remarcó que India tiene noción del proceso: ahorrar, invertir y crecer de manera gradual. Los padres la incentivan con tareas en el hogar, por la que le dan recompensas que después guarda para comprar sus propios animales. Tiene terneros, caballos, ovejas y proyecta criar aún más, siempre con el acompañamiento de su familia.
“Vivimos en lugares donde, si no tenés campo, trabajás en algo vinculado al campo”, explicó Pablo. En ese contexto, la infancia de India transcurre entre caballos en lugar de pantallas, recorridas en el campo y, los fines de semana, está en corrales. En los momentos de ocio mira programas de caballos o de animales.

Para sus padres, lo más llamativo no es solo lo que India sabe, sino cómo lo incorporó. “No sabíamos que leía esos números así. En la escuela todavía no se los enseñaron”, dijo Paulina. Sin entrenamiento formal, absorbió conocimientos complejos a partir de la observación cotidiana. Su vida es como la de cualquier niño de su edad, entre sus estudios, actividades de ocio y amigos. Solo que, entre todo eso, también hay remates, decisiones de compra y un proyecto productivo en marcha. En los remates ya no pasa desapercibida y espera en un futuro participar y liderar el Mercado Agroganadero de Cañuelas.
