El celular era un camión acorazado que se llevaba a la fuerza a detenidos de protestas callejeras y no el telefonito inalámbrico que hoy domina nuestras vidas. Las siglas “PC” no identificaban a la computadora personal, sino al Partido Comunista e Internet se llamaba una marca de medias (¿serían de red?), no la Web por la que navegamos sin parar. Las heladerías cerraban en invierno, la música se escuchaba en tocadiscos y la TV se emitía en blanco y negro.
Era un mundo más sencillo que soñaba con los adelantos que traería el año 2000. Los Beatles nos sorprendían a menudo con nuevas canciones; Borges, Cortázar y Sabato parían escritos maravillosos y Soldi, Berni y Castagnino nos llenaban de mágicos colores. Con gran elegancia Victoria Ocampo hacía cultura y feminismo en serio y María Elena Walsh nos cantaba a grandes y chicos.
No tendríamos freezer ni horno microondas, pero nos extasiábamos, hasta que nos aburrimos, de ver astronautas norteamericanos caminar por la Luna.
Ahora la misión Artemis II apenas le dará algunas temerosas vueltas a su alrededor, pero sus integrantes no bajarán en ella, como pasó hace casi sesenta años. Es que en 1969 vivíamos en el futuro y no nos dábamos cuenta.
