Cuando decimos “cultura cervecera alemana” hablamos de una práctica que sobrevivió a 600 años de historia; a la caída de imperios, a plagas y guerras mundiales. Pero en el siglo XXI solo el 41 % de los alemanes consume cerveza con alcohol y hay una avalancha de cierres de cervecerías.
“La cerveza ya no es el futuro” dice alguien que no es Elon Musk ni la astróloga de moda, sino el mismísimo Marc Kerger, presidente de Einbecker, una de las empresas cerveceras líderes. Se trata de la crisis de una de los pilares de la identidad alemana. Es posible que dejemos de ver a los alemanotes rubicundos que cantan “Ein prosit” a los gritos mientras la espuma vuela de sus jarras con tapa.
Los empresarios acusan a la crisis y a la conducta de los jóvenes que evitan el alcohol y buscan una vida más sana. ¿Será este un mundo sin germanos beodos? ¿Podremos seguir llamando Alemania a un país que perdió la imagen que lo representa ante el mundo? ¿Qué calamidades les esperan cuando esto suceda?
Y además:
Algunas empresas cerveceras buscan la supervivencia desarrollando refrescos, bebidas de frutas, agua y cerveza sin alcohol. “La mitad de nuestras ventas en Alemania no son de cerveza”, dijo Jörg Biebernick, director de Paulaner. Otras, desarrollando cervezas premium, más fuertes y más caras.