
El mundo animal es de lo más interesante debido a sus grandes diferencias con la biología humana. Si bien es cierto que cada especie tiene sus propias particularidades genéticas, al menos 130 especies de mamíferos comparten un mecanismo de reproducción que muchos envidiarían. Se trata de la diapausa embrionaria, un método que permite detener el desarrollo de los embriones durante varios meses con el fin de asegurar el nacimiento de las crías en el momento más propicio.
Este sistema es una adaptación evolutiva clave observada especialmente en el corzo europeo, único entre los cérvidos ibéricos que emplea esta técnica. De este modo, esta estrategia, descubierta en 1854, permite ajustar el nacimiento de la progenie a las condiciones óptimas del entorno, según informa el portal científico de Ciencia y Caza. Concretamente, como explica la bióloga Laura Pinillas González el proceso comienza durante los meses cálidos.
El motivo de ello, según anuncian en la web del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, se debe a que “la hembra solo mostrará una pequeña época de celo al año, de tan solo unas horas, debido a su condición de especie monoéstrica”. De esta forma, “en julio o agosto el espermatozoide fecunda el óvulo y se forma un embrión que evoluciona los primeros quince días“, asegura la Pinillas en un video que ha publicado en su cuenta de Instagram (@celulau.bio).

Así, cuando se confirma el estado de blastocito, “el embrión permanece en el útero y no se implanta, de forma que puede quedar en pausa hasta diciembre o enero”. Es decir, que podría estar hasta seis meses ralentizando el proceso natural, que finalmente tendrá una duración de 5 meses de gestación real. Gracias a este proceso, las crías nacen en plena primavera, cuando hay una mayor disponibilidad de alimento y el refugio es óptimo. “Si no hiciera esta pausa, nacería en diciembre. Imagínate la diferencia”, apunta la bióloga.
Un proceso que no llega a paralizarse del todo
La gestación total del corzo se extiende a casi diez meses, pero solo unos cuatro meses y medio corresponden a gestación real. Sin embargo, el caso del corzo europeo tiene un matiz diferenciador del resto de especies, ya que, mientras otras detienen el proceso por completo, este cervatillo controla que el ritmo no llegue a pararse. Los autores de ‘Embryonic diapause in the European roe deer–slowed, but not stopped’ (2023), pudieron comprobar que “el embrión sigue creciendo, pero a cámara superlenta”, destaca Pinillas.
El punto exacto que reactiva el pleno desarrollo del embrión aún permanece bajo debate. Según expone Pinillas González, existen hipótesis sobre la posible intervención de la madre, el propio embrión o factores ambientales, aunque la correspondencia con el solsticio de invierno no es absoluta. Lo cierto es que la diapausa embrionaria se cumple de forma sistemática en los corzos europeos. Así lo confirman desde el Parque Natural de la Sierra de Guadarrama que ven cómo los “se sincronizan la mayoría de los partos” en el mes de mayo.
Aunque, este mecanismo no es exclusivo del corzo, pues otras especies de mamíferos -como en canguros, osos pardos, murciélagos, roedores, mustélidos y marsupiales-, y ciertos invertebrados lo manifiestan, lo cierto es que en el corzo llama especialmente la atención. Al parecer, el estudio del corzo europeo como modelo reproductivo se ha convertido en una referencia para explorar mecanismos biológicos que desafían los esquemas clásicos, aportando claves para futuras aplicaciones científicas y veterinarias.
