Cada 30 de agosto se celebra el Día Internacional del Tiburón Ballena, una fecha dedicada a concientizar sobre los riesgos que enfrenta esta especie. La pesca ilegal, la contaminación marina, el tráfico de embarcaciones y el turismo no sostenible son amenazas que ponen en riesgo la supervivencia de estos animales, considerados en peligro de desaparecer.
Según la Organización Internacional de Conservación Marina (Oceana), este gigantesco pez es conocido por su tamaño impresionante, alcanzando hasta 20 metros de largo y aproximadamente 30 toneladas de peso. Su alimentación se basa en plancton, pequeños vegetales y animales que filtra a través de sus branquias.
Oceana señala que el tiburón ballena se distingue por su piel gris con rayas y puntos blancos, lo que le ha valido apodos como “pez damero” o “dominó”. Su cuerpo es largo y angosto, con una cabeza ancha, ojos ubicados lateralmente y una enorme boca sin dientes. Sin embargo, su madurez sexual es tardía y su reproducción limitada, lo que lo hace especialmente vulnerable desde su etapa juvenil, cuando enfrenta riesgos tanto de depredación como de la actividad humana.
Tiburones ballena heridos en Papúa Occidental
En Papúa Occidental, Indonesia, un equipo del Instituto Elasmobranch documentó el impacto de la actividad humana en los tiburones ballena de la región. Publicado en la revista especializada en fauna oceánica, Frontiers in Marine Science, el estudio se centró en Bird’s Head, un área que cuenta con 26 zonas marinas protegidas y es un punto clave para la biodiversidad marina tropical.
Entre 2010 y 2023, los investigadores registraron 268 ejemplares únicos de tiburón ballena, anotando fecha, hora, coordenadas GPS, sexo, madurez, tamaño, comportamiento y lesiones visibles. De los 206 animales con cicatrices, el 80,6 % se atribuía a causas humanas, mientras que el 58,3 % presentaba lesiones probablemente naturales. Algunas muestras mostraban ambos tipos de daño.
Según Edy Setyawan, del Instituto Elasmobranch, las cicatrices se deben principalmente a colisiones con bagans, plataformas pesqueras tradicionales, y con barcos turísticos dedicados al avistamiento de tiburones ballena. Las abrasiones leves eran las más comunes, mientras que el 17,7 % presentó laceraciones graves, amputaciones o traumatismos contusos por causas humanas, explicó el investigador.
Riesgos y conservación
El 90% de los ejemplares avistados eran machos, en su mayoría juveniles de cuatro a cinco metros de longitud. Mochamad Iqbal Herwata Putra, de la fundación Konservasi, señaló que los ejemplares adultos, especialmente las hembras, prefieren aguas profundas, mientras los machos jóvenes permanecen cerca de la costa, en zonas ricas en plancton que favorecen su crecimiento.
El estudio advierte que, con el aumento del turismo relacionado con estos animales, el riesgo de lesiones podría incrementarse si no se implementan medidas de protección. Los autores proponen ajustes sencillos en los bagans, como eliminar bordes afilados de los estabilizadores de los barcos y de las redes, para reducir significativamente las cicatrices, de acuerdo con Mark Erdmann, coautor del estudio.
El tiburón ballena se encuentra en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Al alcanzar la madurez sexual hasta los 30 años, las poblaciones se recuperan lentamente frente a amenazas como la caza por aletas, carne y aceite, la pérdida de hábitat y el enredo en redes de pesca.