La denuncia de coimas en un área especialmente sensible que paralizó al gobierno de Javier Milei incluye la morbosa filtración de una grabación anónima y tiene el veneno de lo verosímil. El Gobierno padece una improvisación crónica que le impide dar explicaciones serias.
Alguien planificó e hizo detonar una bomba a dos semanas de las elecciones en la provincia de Buenos Aires y a un par de meses del examen electoral que rendirá el Presidente con la renovación del Congreso. Los sobreprecios de gastos en medicamentos para discapacitados ya no son solo una operación: son también una investigación judicial que es parte de una historia más amplia que incluye la discusión sobre los recortes de fondos para ese colectivo.
El Gobierno no tiene un problema electoral, tiene un problema estructural que afecta su funcionamiento: en su origen fue una fortaleza libertaria tener gente sin experiencia, pero ahora esa precariedad se convirtió en un drama
El desenlace todavía no llega. Imposible por ahora saber si la intensidad con la que arrancaron la investigación el juez y el fiscal se mantendrá en el tiempo. Tampoco si los hallazgos de datos y pruebas corroborarán la sospecha que flota en el ambiente y lo convierte en irrespirable.
El termómetro de la opinión pública, sobrecalentado por la campaña electoral de las elecciones anticipadas en la provincia de Buenos Aires, venía registrando un descenso de la imagen positiva de la gestión de Gobierno. Esa caída está verificada en varios sondeos por el estancamiento de la economía doméstica y la prolongación de la escasez en los bolsillos. El aumento de las tasas de interés para evitar que la inflación vuelva a subir reseca más la calle y elimina los créditos que suelen aceitar los consumos básicos.
El escenario cambió y un viento áspero sopla en contra del Gobierno. Sin embargo, no se puede asegurar que la consecuencia sea una derrota electoral. Sí se puede esperar un recorte en el resultado positivo que esperaba.
Nada cuesta creer que el escándalo de corrupción que resuena en las últimas dos semanas desmotivará a ciudadanos encaminados a votar por los libertarios.
La precariedad opositora sostiene la expectativa oficialista para las elecciones del 7 de septiembre, con casi el 40 por ciento del padrón total del país convocado a anticipar su opinión en la elección bonaerense.
El escenario cambió y un viento áspero sopla en contra del Gobierno, pero sin embargo no se puede asegurar que la consecuencia sea una derrota electoral; si, en cambio se puede esperar un recorte del resultado positivo que esperaba
¿Irán menos votantes dispuestos a votar a los libertarios? Es posible si el enredo se mantiene o escala. En todo caso, no parece posible que el kirchnerismo pueda captar votos que tenían la intención de apoyar a Milei.
El Gobierno no tiene un problema electoral, tiene un problema estructural que afecta su funcionamiento. El drama está en la visible precariedad del equipo de gobierno, pecado original de un candidato que se convirtió en Presidente sin tener más que un ínfimo e inexperto grupo de entusiastas. Y que, por si fuera poco, tiene como único foco de atención la economía, lo que deja sin referencia de poder a otras amplias zonas de la administración.
El diseño de la gestión se completa con un tono exasperado y cargado de insultos que se relaciona con el mundo institucional y político dividiéndolo en amigos y enemigos.
Ese mundo en blanco y negro es gestionado por delegación. Milei no hace política sino por intermedio de su hermana, Karina Milei. No es una casualidad que la secretaria general de la Presidencia haya quedado en el foco de las dos grandes tormentas de corrupción que sacudieron este año al oficialismo.
Nadie ejerció tanto poder sin ninguna experiencia previa desde el reestablecimiento de la democracia como la hermana del Presidente. Salvo en el tratamiento de los temas económicos, es imposible ver a Milei sin su consentimiento y él tampoco hace nada sin antes haber verificado su decisión con ella.
Esa relación simbiótica abre una duda abismal sobre el comportamiento de Milei en el caso de que debiera, por cualquier circunstancia, desprenderse de la colaboración y la asistencia de Karina Milei.
Para compensar su inexperiencia, la secretaria general se rodeó de supuestos especialistas en las complejidades del regateo político. Dos miembros de la familia Menem, Martín y Lule, repusieron al apellido del presidente de los años 90 y ganaron una influencia proporcional a la carencia de gestión política del nuevo gobierno.
Y, a la vez, habilitó relaciones con extraños oferentes de monedas virtuales que el 14 de febrero encontraron nada menos que en el Presidente un influencer para captar inversores que en minutos perdieron una cifra estimada en más de 100 millones de dólares.
La sospecha acompaña a Karina como el designio inmutable que suele recaer en la figura principal de los entornos presidenciales.
El caso de los supuestos sobreprecios en el pago de medicamentos para discapacitados tiene la misma destinataria final. La grabación clandestina que registra al extitular de Andis, la administración de los fondos para discapacitados, Diego Spagnuolo, en la que habla de coimas y de porcentajes ya fue convertido en meme de campaña por el kirchnerismo como el “tres por ciento para Karina”.
El Gobierno fue sorprendido hace casi dos semanas por la difusión de la primera de una serie de audios registrados en forma clandestina. Y, peor, tardó una larga semana a balbucear algunas explicaciones. Es todo un dato paradójico que la Justicia, por lo general muy lenta, haya ido más rápido que los argumentos del oficialismo para defenderse, por ahora escasos y en un principio inconexos.
La relación simbiótica entre el Presidente y su hermana abre una duda abismal sobre el comportamiento de Milei en el caso de que debiera, por cualquier circunstancia, desprenderse de la colaboración y la asistencia de ella
La impericia para defenderse de una acusación que abre una brecha en la integridad de Milei y de su hermana contrasta fuertemente con la superioridad moral con la que el Presidente se plantó para derrotar en meses a todo el sistema de poder previo a su llegada.
A tono con el slogan de campaña “Kirchnerismo nunca más”, Milei apuntó a la gente de Cristina Kirchner como la responsable de haber armado los audios y sus consecuencias. Y, al mismo tiempo, sin desconocer la voz de Spagnuolo en esas grabaciones, el mismo Presidente dijo finalmente ocho días después de ser difundidas que el exfuncionario miente y que eso sería demostrado en los tribunales.
En su ascenso al poder, Milei convirtió a Spagnuolo en su abogado personal y luego le dio un cargo donde fluyen fondos con escaso control. Ahora lo culpa de todo luego de que el abogado fuera grabado contando supuestos crímenes de los que él también participa e involucra, para variar, a Karina.
El problema de fondo subsistirá aun cuando este caso sea olvidado. Ser nuevo y disruptivo hizo presidente a Milei. El desafío es demostrar que aquella ventaja no se convirtió en un salvavidas de plomo.