En un momento en el que la alimentación se volvió consciente, gran parte de la población elige reemplazar ciertos suplementos por alimentos saludables. Sin embargo, el desconocimiento al momento de ingerirlos puede causar efectos adversos. Por ejemplo, en el caso de la chía, el consumo excesivo en algunas personas produce molestias estomacales.

Las semillas de chía son reconocidas como un superalimento por su impresionante perfil nutricional. Según el sitio web de Mayo Clinic, son una fuente vegetal que destaca por su alto contenido de ácidos grasos, omega-3, fibra dietética y vitamina E.
Se trata de una de las mejores fuentes vegetales de Ácido Alfa-Linolénico (ALA), un ácido graso con omega-3, crucial para la salud cardiovascular y cerebral, ya que contribuye a reducir la inflamación y mantener niveles saludables de colesterol.

Entre los múltiples beneficios para el organismo, se encuentran:
- Salud intestinal y saciedad: mejora el tránsito intestinal y, al tardar más en digerirse, prolonga la sensación de saciedad, lo cual es beneficioso para el control de peso.
- Protección cardiovascular: la ingesta regular de fibra ayuda a reducir los niveles de colesterol en sangre, disminuyendo el riesgo de enfermedades cardíacas y diabetes.
- Prevención: una dieta rica en fibra también ofrece protección contra el desarrollo del cáncer colorrectal.
- Cuidado de los huesos: con solo 30 gramos de semillas de chía, se puede obtener el 20% de la cantidad recomendada de calcio, esencial para la salud ósea.
- Piel suave y delicada: gracias a que contiene vitamina E, que protege la piel del daño celular gracias a sus propiedades antioxidantes.
Pero, ¿cuál es la forma correcta de consumirlas? Las semillas de chía nunca deben comerse secas. Siempre deben ser previamente hidratadas en líquido (agua, leche, yogur o batidos) para que formen el gel antes de la ingesta, ya que la rápida hinchazón al contacto con el líquido puede provocar una obstrucción esofágica peligrosa.

Para incorporar efectivamente las semillas de chía en la dieta diaria, se sugiere un consumo de entre 10 y 25 gramos al día. Pueden mezclarse con líquidos como agua o jugo, agregarse a alimentos como leche, yogur, ensaladas, panes o repostería. Este enfoque permite aprovechar al máximo sus propiedades beneficiosas.