
La reciente entrega de una réplica de la estatua en homenaje al fallecido cantante británico John Lennon, a cargo de Carlos Lehder, exnarcotraficante y líder del extinto cartel de Medellín, en el departamento del Quindío, sigue generando cuestionamientos en varios sectores de la región.
El turno fue para la Academia de Historia del Quindío que rechazó la donación del monumento por parte del excondenado a la Gobernación del Quindío.
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El principal argumento es que este tipo de expresiones, bajo pretexto de resignificación histórica y promoción turística, perpetúan la memoria y los vínculos con el narcotráfico, lo cual representa un estigma persistente para la región y sus habitantes.
“Más allá de una obra de arte o monumento a la paz, la escultura en cuestión constituye un objeto de memoria referente, vinculado por sus orígenes al dinero del narcotráfico que marcó una época de amarga recordación para los colombianos”, expresó la organización en un comunicado.

La academia enfatizó en que la resignificación cultural o el aprovechamiento turístico de elementos ligados a la cultura del narcotráfico “no solo legitima a quienes fueron sus protagonistas y que han dejado una marca innegable social y culturalmente”.
Agregaron que esto contrasta con el dolor de las víctimas de la violencia originada por ese periodo histórico, un dolor que sigue presente en la memoria colectiva.
“El universo simbólico de la quindianidad debe seguirse construyendo sobre la preservación de la memoria histórica, reconociendo el trabajo y el propósito de los ciudadanos, en busca del bien común, la construcción colectiva alrededor de valores del respeto, la solidaridad y buen ejemplo de sus gobernantes”, precisó.

Por último, la corporación manifestó su profunda inconformidad y rechazo categórico frente a acciones que, directa o indirectamente, conecten la cultura del narcotráfico —asociada a un pasado que debe ser superado— con el presente y el futuro del departamento.
“Convoca al Gobierno y a la ciudadanía a reconocerse y proyectarse en la quindianidad, fundamentada en valores como el esfuerzo, el respeto, la ética, la amabilidad y la solidaridad”, puntualizaron.
Así fue la entrega de la estatua
La polémica se originó el 24 de marzo de 2026, cuando Carlos Lehder entregó a las autoridades de Quindío la estatua de John Lennon que durante más de 23 años permaneció desaparecida.
El acto fue realizado en la Posada Alemana, antigua propiedad de Lehder y hoy propiedad de la administración departamental, destinada a convertirse en un centro turístico.

La estatua de John Lennon, una pieza de bronce de tres metros creada por Rodrigo Arenas Betancourt y entregada a Lehder en 1981, desapareció en 2003 tras un intento de robo perpetrado por ladrones de metales.
Durante la ceremonia de restitución, el secretario de Cultura del Quindío, Felipe Robledo, agradeció a Lehder su gestión para recuperar la obra: “Hoy la estatua hace parte del patrimonio público del departamento; aquí quien ganó fue el Estado colombiano, esto ya no le pertenece al narcotráfico, sino a los 560.000 habitantes del Quindío”.
La reaparición de la escultura ha intensificado el debate sobre el papel simbólico del narcotráfico en la identidad cultural de la región y el trato que recibe Lehder por parte de la administración pública. En redes sociales, las reacciones oscilaron entre la indignación y la crítica a la gobernación por “revivir muertos” y por “buscar lavarle la cara a Lehder”.
Algunos usuarios calificaron la entrega como un intento de ensalzar la opulencia que trajo el narcotráfico durante los años ochenta, etapa en la que Lehder fue una de las figuras más influyentes del crimen organizado en Colombia.
Ante la controversia, Lehder publicó un video en su cuenta de Instagram, para argumentar su posición en torno a la entrega de la estatua.
“Significa que cada uno de nosotros tiene un deber de enseñarles a nuestros hijos y nietos sobre la cultura. Somos 52 millones de colombianos y necesitamos promover la fe en los que se dedican a hacer monumentos; ese fue el arte del maestro Rodrigo. La música es esa fantasía y produjo el baile y nos gusta mucho bailar”, explicó.
El evento no solo reabre interrogantes sobre la reconciliación histórica del departamento con su pasado, sino también sobre el valor simbólico del patrimonio recuperado y su resignificación bajo la administración pública.

La reciente entrega de una réplica de la estatua en homenaje al fallecido cantante británico John Lennon, a cargo de Carlos Lehder, exnarcotraficante y líder del extinto cartel de Medellín, en el departamento del Quindío, sigue generando cuestionamientos en varios sectores de la región.
El turno fue para la Academia de Historia del Quindío que rechazó la donación del monumento por parte del excondenado a la Gobernación del Quindío.
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El principal argumento es que este tipo de expresiones, bajo pretexto de resignificación histórica y promoción turística, perpetúan la memoria y los vínculos con el narcotráfico, lo cual representa un estigma persistente para la región y sus habitantes.
“Más allá de una obra de arte o monumento a la paz, la escultura en cuestión constituye un objeto de memoria referente, vinculado por sus orígenes al dinero del narcotráfico que marcó una época de amarga recordación para los colombianos”, expresó la organización en un comunicado.

La academia enfatizó en que la resignificación cultural o el aprovechamiento turístico de elementos ligados a la cultura del narcotráfico “no solo legitima a quienes fueron sus protagonistas y que han dejado una marca innegable social y culturalmente”.
Agregaron que esto contrasta con el dolor de las víctimas de la violencia originada por ese periodo histórico, un dolor que sigue presente en la memoria colectiva.
“El universo simbólico de la quindianidad debe seguirse construyendo sobre la preservación de la memoria histórica, reconociendo el trabajo y el propósito de los ciudadanos, en busca del bien común, la construcción colectiva alrededor de valores del respeto, la solidaridad y buen ejemplo de sus gobernantes”, precisó.

Por último, la corporación manifestó su profunda inconformidad y rechazo categórico frente a acciones que, directa o indirectamente, conecten la cultura del narcotráfico —asociada a un pasado que debe ser superado— con el presente y el futuro del departamento.
“Convoca al Gobierno y a la ciudadanía a reconocerse y proyectarse en la quindianidad, fundamentada en valores como el esfuerzo, el respeto, la ética, la amabilidad y la solidaridad”, puntualizaron.
Así fue la entrega de la estatua
La polémica se originó el 24 de marzo de 2026, cuando Carlos Lehder entregó a las autoridades de Quindío la estatua de John Lennon que durante más de 23 años permaneció desaparecida.
El acto fue realizado en la Posada Alemana, antigua propiedad de Lehder y hoy propiedad de la administración departamental, destinada a convertirse en un centro turístico.

La estatua de John Lennon, una pieza de bronce de tres metros creada por Rodrigo Arenas Betancourt y entregada a Lehder en 1981, desapareció en 2003 tras un intento de robo perpetrado por ladrones de metales.
Durante la ceremonia de restitución, el secretario de Cultura del Quindío, Felipe Robledo, agradeció a Lehder su gestión para recuperar la obra: “Hoy la estatua hace parte del patrimonio público del departamento; aquí quien ganó fue el Estado colombiano, esto ya no le pertenece al narcotráfico, sino a los 560.000 habitantes del Quindío”.
La reaparición de la escultura ha intensificado el debate sobre el papel simbólico del narcotráfico en la identidad cultural de la región y el trato que recibe Lehder por parte de la administración pública. En redes sociales, las reacciones oscilaron entre la indignación y la crítica a la gobernación por “revivir muertos” y por “buscar lavarle la cara a Lehder”.
Algunos usuarios calificaron la entrega como un intento de ensalzar la opulencia que trajo el narcotráfico durante los años ochenta, etapa en la que Lehder fue una de las figuras más influyentes del crimen organizado en Colombia.
Ante la controversia, Lehder publicó un video en su cuenta de Instagram, para argumentar su posición en torno a la entrega de la estatua.
“Significa que cada uno de nosotros tiene un deber de enseñarles a nuestros hijos y nietos sobre la cultura. Somos 52 millones de colombianos y necesitamos promover la fe en los que se dedican a hacer monumentos; ese fue el arte del maestro Rodrigo. La música es esa fantasía y produjo el baile y nos gusta mucho bailar”, explicó.
El evento no solo reabre interrogantes sobre la reconciliación histórica del departamento con su pasado, sino también sobre el valor simbólico del patrimonio recuperado y su resignificación bajo la administración pública.
