
La presencia sorpresiva del presidente Nicolás Maduro en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en la Ciudad de México marca un punto de inflexión en la política exterior mexicana y reconfiguró las dinámicas regionales.
El dictador detenido, quien no salía de Venezuela desde que Estados Unidos ofreció en marzo de 2020 un incentivo de 15 millones de dólares por su captura bajo cargos de terrorismo y narcotráfico, aterrizó en la capital mexicana el 17 de septiembre de 2021 para asistir a la reunión de líderes convocada por el país anfitrión.
Este movimiento se produjo en un contexto marcado por el intento vigente de diálogo entre el chavismo y la oposición, auspiciado por Noruega y alojado en México, así como por el reposicionamiento geopolítico que promovía el entonces presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, al frente de la CELAC.
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