
El accionar de los Kamaleones ha puesto en alerta a las autoridades de Bogotá tras destaparse su estructura criminal dedicada al secuestro y al robo bajo la modalidad de paseo millonario.
El grupo selecciona víctimas en zonas nocturnas, las obliga a abordar taxis o vehículos particulares con apariencia legal y, mediante amenazas y violencia, las despoja de recursos.
Los Kamaleones funcionan como una red especializada en elegir víctimas en sectores concurridos y de ocio.
Se apoyan en miembros denominados “marcadores”, quienes identifican a personas en estado de vulnerabilidad y señalan a los conductores para iniciar el abordaje forzado. Luego, tras el traslado, los involucrados emplean amenazas, violencia e intimidación para obtener información bancaria, realizar extracciones de dinero o compras, y algunos casos han incluido asesinatos.
El modus operandi comienza en lugares como la Zona T, Modelia, Galerías y Primero de Mayo. Alias Paula, apodada precisamente como “la marcadora”, ocupa un rol central al señalar objetivos potenciales a la salida de bares, discotecas y restaurantes, facilitando que otros integrantes ejecuten el secuestro, detalla la investigación recogida por El Tiempo.
Estructura interna y roles dentro de los Kamaleones
La estructura de los Kamaleones, según la Fiscalía y reseñada por El Tiempo, incluye funciones diferenciadas. Han sido judicializados Arnold Esteban Páez Herrera (alias Pecueca), Álvaro Andrés Gómez Méndez (alias Cabezón), Michael Andrés Chitiva Henao (alias Chirry) y Sergio David Vásquez Rivera (alias Pipo) por delitos de secuestro, hurto y homicidio. Permanecen prófugos miembros clave, como alias Paula, encargada de seleccionar víctimas, y alias Víctor, señalado como cabecilla.
Alias Paula se movía en locales nocturnos, observando a quienes salían solos o en estado vulnerable y remitiendo la información directamente a los conductores.
Esta capacidad para mimetizarse la convertía en una pieza fundamental para seleccionar objetivos sin generar sospechas.
Al menos 70 vehículos —taxis y automóviles particulares— han sido empleados en los delitos desde 2024. Muchos de ellos estaban registrados en empresas legales, lo que dificulta su rastreo y permite esquemas de alquiler o incluso el uso sin conocimiento del propietario, según las pruebas obtenidas por la Fiscalía y El Tiempo.

El accionar de los Kamaleones ha puesto en alerta a las autoridades de Bogotá tras destaparse su estructura criminal dedicada al secuestro y al robo bajo la modalidad de paseo millonario.
El grupo selecciona víctimas en zonas nocturnas, las obliga a abordar taxis o vehículos particulares con apariencia legal y, mediante amenazas y violencia, las despoja de recursos.
Los Kamaleones funcionan como una red especializada en elegir víctimas en sectores concurridos y de ocio.
Se apoyan en miembros denominados “marcadores”, quienes identifican a personas en estado de vulnerabilidad y señalan a los conductores para iniciar el abordaje forzado. Luego, tras el traslado, los involucrados emplean amenazas, violencia e intimidación para obtener información bancaria, realizar extracciones de dinero o compras, y algunos casos han incluido asesinatos.
El modus operandi comienza en lugares como la Zona T, Modelia, Galerías y Primero de Mayo. Alias Paula, apodada precisamente como “la marcadora”, ocupa un rol central al señalar objetivos potenciales a la salida de bares, discotecas y restaurantes, facilitando que otros integrantes ejecuten el secuestro, detalla la investigación recogida por El Tiempo.
Estructura interna y roles dentro de los Kamaleones
La estructura de los Kamaleones, según la Fiscalía y reseñada por El Tiempo, incluye funciones diferenciadas. Han sido judicializados Arnold Esteban Páez Herrera (alias Pecueca), Álvaro Andrés Gómez Méndez (alias Cabezón), Michael Andrés Chitiva Henao (alias Chirry) y Sergio David Vásquez Rivera (alias Pipo) por delitos de secuestro, hurto y homicidio. Permanecen prófugos miembros clave, como alias Paula, encargada de seleccionar víctimas, y alias Víctor, señalado como cabecilla.
Alias Paula se movía en locales nocturnos, observando a quienes salían solos o en estado vulnerable y remitiendo la información directamente a los conductores.
Esta capacidad para mimetizarse la convertía en una pieza fundamental para seleccionar objetivos sin generar sospechas.
Al menos 70 vehículos —taxis y automóviles particulares— han sido empleados en los delitos desde 2024. Muchos de ellos estaban registrados en empresas legales, lo que dificulta su rastreo y permite esquemas de alquiler o incluso el uso sin conocimiento del propietario, según las pruebas obtenidas por la Fiscalía y El Tiempo.
