El guepardo experimenta una recuperación sostenida en el sur de África impulsada por un modelo de conservación que reproduce dinámicas naturales interrumpidas por la actividad humana.
Mediante traslados planificados, monitoreo genético y cooperación entre reservas, Sudáfrica consolidó en los últimos años una red de metapoblaciones que permitió aumentar la cantidad de individuos y mejorar la diversidad genética de la especie.
La experiencia, documentada por BBC Wildlife Magazine, representa un cambio profundo respecto de los enfoques tradicionales centrados en poblaciones aisladas.

Este nuevo esquema prioriza la conectividad funcional entre reservas, en un contexto de fragmentación del hábitat y avance de las cercas, lo que redujo el área histórica de distribución del mamífero terrestre más veloz a menos del 10%.
Un felino emblemático en retroceso
Reconocible por su cuerpo esbelto, las marcas faciales en forma de “lágrima” y su capacidad para alcanzar 110 km/h en tres segundos, el guepardo habitó durante siglos extensos territorios de África y Asia. En la actualidad, la especie se concentra mayormente en el sur africano, con una población residual en Irán.
A nivel global, sobreviven entre 6.500 y 7.100 individuos en estado salvaje. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo clasifica como vulnerable desde 1986, tras un siglo de declive debido a la pérdida de hábitat, la endogamia y los conflictos con humanos.
El enfoque de metapoblación
Durante décadas, los esfuerzos de conservación se dirigieron al fortalecimiento de reservas individuales, un esquema con limitaciones evidentes. “De esto no se trata el enfoque de metapoblación”, afirmó Sam Ferreira, ecólogo de grandes mamíferos de Parques Nacionales de Sudáfrica, citado por BBC Wildlife Magazine.

Una metapoblación funciona como una red de grupos pequeños y separados que, gestionados en conjunto, operan como una población mayor. En condiciones naturales, los guepardos se dispersan entre territorios y comparten genes.
Las cercas y la infraestructura bloquearon ese movimiento, por lo que los conservacionistas empezaron a imitar la dispersión natural mediante translocaciones.
Fragmentación, endogamia y riesgo sanitario
El crecimiento de reservas privadas tras la transformación política de Sudáfrica en 1994 redujo la caza furtiva y los conflictos, pero también multiplicó las barreras físicas. Según Olivia Sievert, coordinadora de expansión del rango del Endangered Wildlife Trust (EWT), “las áreas protegidas se fragmentaron más, lo que interrumpió el flujo genético”.
Sievert explicó que esa situación provocó mayor endogamia, camadas más pequeñas y animales vulnerables a enfermedades. Además, destacó la importancia de la dinámica fuente-sumidero, donde poblaciones con alta reproducción pueden rescatar a otras afectadas por depredación o brotes sanitarios.
Resultados medibles en Sudáfrica
El Proyecto de Metapoblación de Guepardos (CMP), lanzado por el EWT en 2011, marcó un punto de inflexión. Ese año se estimaban 217 guepardos en 41 reservas. A fines de 2023, los registros contabilizaban 455 individuos, incluidos 264 adultos reproductores, en 67 reservas, con una tendencia ascendente.

“A los guepardos ahora les está yendo muy bien en Sudáfrica”, señaló Ferreira. “Podemos reproducir guepardos para apoyar a otras partes de África si es necesario”, agregó.
Traslados, riesgos y monitoreo intensivo
La estrategia implica riesgos notables. Kulani Nyakane, gerente de metapoblación de guepardos de la Metapopulation Initiative (TMI), advirtió a BBC Wildlife Magazine que el estrés durante la captura y el traslado puede causar mortalidad. “Los guepardos son sensibles”, afirmó. La adaptación a nuevos paisajes, la presencia de leones y leopardos, y la búsqueda de agua representan desafíos concretos.
Reservas como Kuzuko, en Sudáfrica, funcionan como espacios intermedios para animales nacidos en cautiverio. Su director ejecutivo, Jim Tan, explicó al medio británico: “Para los guepardos nacidos en cautiverio, somos un hogar intermedio”. Desde 2010, Kuzuko trasladó 32 guepardos a otros destinos y registró reproducción en todas las hembras reintroducidas.
Expansión regional e impacto ecológico
El modelo trascendió las fronteras sudafricanas. Desde 2017, el CMP lideró reintroducciones en Malawi, Zambia y Mozambique, países donde el guepardo llevaba décadas ausente.

La presencia del felino produjo efectos ecológicos en cadena. “Cuando los introducimos en una nueva área, aumenta el número de aves carroñeras, especialmente buitres”, indicó Sievert, al señalar su relevancia en el control de enfermedades.
Proyección internacional y desafíos futuros
La experiencia también se trasladó a India, con el envío de guepardos africanos al Parque Nacional Kuno. El proyecto recibió críticas por los costos y muertes iniciales, aunque Nyakane sostuvo que el foco debía situarse en la recuperación poblacional: de 20 individuos introducidos, la población creció hasta 29.
En paralelo, TMI colabora en iniciativas para proteger al guepardo asiático, del que quedan menos de 20 ejemplares libres en Irán. Mientras nuevas estrategias nacionales de biodiversidad buscan coordinar esfuerzos, la gestión de metapoblaciones se consolida como una herramienta clave para sostener al felino más rápido del mundo en ecosistemas funcionales.
