
El jueves 18 de septiembre de 2025, lejos de los salones oficiales y sin la rigidez del protocolo, el rey Carlos III cruzó la puerta de una residencia de cuidados en Lightwater, Surrey. Allí lo esperaba Ethel Caterham, una mujer nacida en 1909 que, a sus 116 años, conserva el reconocimiento oficial como la persona más longeva del mundo.
No hubo alfombras ni discursos. La escena fue sencilla y, por eso mismo, extraordinaria. Sobre una mesa baja descansaban varias cartas reales enviadas a lo largo de los años: una firmada por la reina Isabel II y otra por el propio Carlos III. Tres generaciones de la monarquía británica condensadas en sobres, frente a una mujer cuya vida recorre dos siglos de historia y tres reinados.

El encuentro fue confirmado por la Casa Real a través de un posteo oficial en redes sociales. “Earlier this week, The King met Ethel Caterham: the world’s oldest living person”, informó el perfil de The Royal Family, al detallar que Caterham había celebrado su cumpleaños número 116 semanas antes y había recibido la tradicional tarjeta que el Reino Unido envía a sus ciudadanos centenarios.
Nacida el 21 de agosto de 1909 en Shipton Bellinger, Hampshire, Caterham es la última persona verificada nacida en la década de 1900 y la británica más longeva de la historia, conforme a Guinness World Records y el Gerontology Research Group.
Su biografía recorre la Inglaterra eduardiana, la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, la reconstrucción europea, la descolonización, la llegada del hombre a la Luna, la revolución tecnológica del siglo XXI y la pandemia de COVID-19, que atravesó a los 110 años.

A los 18 tomó una decisión poco común para una joven de su tiempo: viajar sola a la India. El trayecto en barco duró tres semanas. Allí trabajó como niñera para una familia británica, una experiencia que marcó su independencia temprana. Regresó al Reino Unido a comienzos de los años treinta y en 1931 conoció a Norman Caterham, oficial del Ejército británico, en una cena social.
Se casaron en 1933 en la catedral de Salisbury. Vivieron en Hong Kong y Gibraltar debido a los destinos militares de Norman. En Asia, Ethel fundó una guardería para niños locales y británicos, donde enseñaba inglés, juegos y actividades manuales. Ya instalados definitivamente en Surrey, la pareja tuvo dos hijas.
Ethel enviudó en 1976 y, con el paso del tiempo, también sobrevivió a sus hijas. Durante décadas mantuvo una vida activa: condujo hasta los 97 años y sostuvo rutinas cotidianas con notable autonomía. En la actualidad reside en un hogar de cuidados en Surrey, donde su cumpleaños se celebra de forma íntima.

Durante el encuentro, celebrado en un ambiente distendido, no faltaron cartas de felicitación enviadas por la familia real en diversos cumpleaños, incluida una firmada por el propio rey Carlos III.
Caterham compartió recuerdos de su infancia en una Inglaterra de carbón y lámparas de gas, así como anécdotas sobre los conflictos bélicos y los profundos cambios sociales que ha presenciado, según detalló Old History Reflections.
El diálogo se destacó por su carga histórica y sentido del humor. Caterham recordó la investidura del entonces príncipe de Gales en el castillo de Caernarfon en 1969. “Recuerdo cuando su madre lo coronó en Caernarfon Castle”, evocó, provocando risas al añadir: “Todas estaban enamoradas de usted y querían casarse con usted”. El rey respondió con complicidad.
La reunión estuvo acompañada por miembros de la familia de Caterham: tres nietas y cinco bisnietos, quienes resaltaron la admiración que Ethel siempre sintió por la figura del monarca, según relató BBC Surrey. La escena, entre fotografías y objetos conmemorativos, fue también un homenaje a la resiliencia.

El camino hacia el reconocimiento internacional de Caterham implicó la revisión minuciosa de documentos civiles y bases de datos, proceso exigido por Guinness World Records, LongeviQuest y el Gerontology Research Group, quienes validaron su edad y condición como supercentenaria. Desde abril de 2025, tras el fallecimiento de Inah Canabarro Lucas, encabeza las listas globales de longevidad.
De acuerdo con Sky News, Caterham se ha mantenido reservada ante los medios. Sin embargo, ante la pregunta sobre el secreto de su longevidad, accedió a comentar principios básicos: promover una actitud positiva, practicar la moderación y aceptar siempre nuevas oportunidades.
Entre sus frases más recordadas figuran “decir sí a cada oportunidad” y “todo con moderación”.
El rey Carlos III, a través de un mensaje en la cuenta oficial de la familia real, definió el encuentro como un privilegio excepcional, señalando que la vida de Caterham “nos recuerda que la historia está viva en quienes la han atravesado”, según documentó Old History Reflections.
Tanto la familia real como los organismos de longevidad expresaron mensajes públicos de admiración por el legado de la supercentenaria.

Para entidades como Guinness World Records y el Gerontology Research Group, la figura de Caterham no representa solo un récord demográfico, sino también una invitación a reflexionar sobre el envejecimiento y la memoria colectiva. Su testimonio es considerado una ventana única a los grandes cambios del último siglo y al valor de la experiencia intergeneracional.
El rey subrayó el aporte de Caterham como “un recordatorio permanente de la dignidad y la inspiración que los mayores aportan a la sociedad”. Aquella mañana no se firmaron documentos ni se pronunciaron discursos oficiales. Hubo algo más difícil de registrar: una conversación. Un rey escuchando. Una mujer recordando. El tiempo, por un momento, sentado a la mesa.
