
El ciclismo representa una estrategia eficaz para mejorar la salud integral en personas de más de sesenta años. Diversos estudios científicos señalan que la práctica regular de ejercicio aeróbico disminuye la grasa corporal, contribuye a regular la presión arterial y eleva el equilibrio, elementos todos que inciden de modo directo en la calidad de vida y la independencia funcional durante la vejez.
Para quienes viven con diversas enfermedades crónicas, un grupo creciente dentro de la población mayor, la actividad física regular ofrece beneficios claros. Entre ellos están la reducción de la circunferencia de cintura y el control efectivo de la presión arterial, logros que pueden obtenerse incluso con rutinas de ciclismo de bajo volumen y corta duración.
Las mejoras en el equilibrio, además, resultan decisivas para la reducción del riesgo de caídas y la preservación de la autonomía en la edad avanzada.
Uno de los trabajos que respalda estas conclusiones fue publicado en la revista científica Scientific Reports del grupo Nature. El estudio analizó una intervención breve de seis semanas en adultos mayores con multimorbilidad, es decir, con la coexistencia de varias enfermedades crónicas. Los participantes realizaron sesiones semanales de ejercicio aeróbico de intensidad moderada, ajustadas según la percepción individual del esfuerzo.
Los resultados mostraron mejoras significativas en la presión arterial, la circunferencia abdominal y la composición corporal, en comparación con personas que no participaron del programa. Entre los efectos más relevantes se observó también un progreso en la velocidad de marcha y en el equilibrio, dos indicadores ampliamente utilizados para evaluar el desempeño funcional y el grado de independencia en personas mayores.
El ciclismo constante se ha relacionado con una menor necesidad de cuidados a largo plazo y una reducción significativa de la mortalidad por cualquier causa en adultos mayores. Este dato subraya el valor del ejercicio aeróbico como método asequible para prolongar la longevidad y retrasar el deterioro físico, posicionando a la bicicleta entre las opciones preferidas para un envejecimiento saludable.

En el ámbito cognitivo, la evidencia sugiere que la actividad física, y en especial el ciclismo, favorece el bienestar mental y la memoria en la tercera edad. Al fortalecer los sistemas cardiovascular y muscular, este ejercicio contribuye también a mantener la percepción positiva del bienestar y las habilidades relacionadas con la memoria y la orientación.
Los resultados mostraron una reducción significativa de la presión arterial, una menor circunferencia abdominal y un mayor aumento de masa muscular comparado con quienes no participaron en el programa.
El estudio “El entrenamiento en ciclismo de bajo volumen mejora la composición corporal y la funcionalidad en personas mayores con multimorbilidad: un ensayo clínico aleatorizado” fue publicado en 2021. La investigación estuvo a cargo de Eduardo Carballeira, Karla C. Censi, Ana Maseda, Rocío López-López, Laura Lorenzo-López y José C. Millán-Calenti, integrantes del grupo de Gerontología y Geriatría del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña, en España, y se propuso evaluar el impacto de dosis mínimas de ejercicio aeróbico en adultos mayores con múltiples enfermedades crónicas.
Uno de los efectos más notables fue el progreso en la velocidad para caminar y el equilibrio de los participantes, elementos que se consideran determinantes para un desempeño cotidiano satisfactorio.
A pesar del consenso sobre los beneficios del ejercicio, la mayoría de las personas mayores no cumple con los niveles mínimos de actividad física recomendados por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud. Las recomendaciones actuales sugieren priorizar ejercicios aeróbicos adaptados a la condición y percepción del esfuerzo individual, enfatizando la importancia de la regularidad más que de la intensidad máxima.

Para quienes padecen multimorbilidad o tienen baja aptitud física, las estrategias de ejercicio de bajo volumen y autorregulación por percepción abren alternativas seguras y efectivas para promover la salud.
La investigación disponible confirma que incorporar el ciclismo y el ejercicio regular al día a día ayuda en la prevención y el manejo de problemas comunes asociados al envejecimiento. Las mejoras en funcionalidad, velocidad de marcha y estabilidad evidencian el potencial de la actividad física como herramienta para conservar la independencia en la vejez.
