El descenso de nacimientos reduce la matrícula escolar mientras crece la población mayor, un cambio demográfico que desafía el modelo educativo

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La caída sostenida de la natalidad reduce la cantidad de alumnos en edad escolar en distintos países.

La caída de la natalidad está reconfigurando los sistemas educativos en todo el mundo y plantea desafíos inmediatos para escuelas, gobiernos y comunidades.

En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las tasas de fecundidad se mantienen desde hace años por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1 hijos por mujer, una tendencia sostenida que modifica la estructura etaria y presiona sobre la planificación de los servicios públicos, entre ellos la educación.

Las consecuencias ya son visibles en varios sistemas escolares. Grecia se convirtió en uno de los casos más notorios: más de 700 escuelas y jardines de infantes no iniciaron el ciclo lectivo 2025 por no alcanzar el mínimo de estudiantes exigido por ley, según reportes del Financial Times y otros medios europeos.

El envejecimiento de la población avanza más rápido que el crecimiento de las cohortes jóvenes en gran parte de los países de la OCDE.

Las suspensiones superan el 5 por ciento del total de establecimientos del país y afectan tanto a zonas rurales como a áreas metropolitanas, incluida la región de Ática. El fenómeno responde a una caída persistente de los nacimientos que impacta directamente en la matrícula escolar.“La situación de las aulas hoy es el reflejo de nuestras maternidades y de la caída de los nacimientos”, afirmó la ministra de Educación griega, Sofia Zacharaki, citada por el periódico.

En América Latina, el impacto demográfico avanza con ritmos distintos, pero en la misma dirección. El Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación de la UNESCO (IIPE-UNESCO) estima que la región registró alrededor de 1,2 millones menos de nacimientos entre 2015 y 2023.

A partir de esa tendencia, proyecta que hacia 2030 habrá unos 11,5 millones menos de niños y adolescentes en edad escolar respecto de 2020. La reducción de matrícula se concentra, en una primera etapa, en los niveles inicial y primario, y al menos 14 países de la región podrían registrar descensos superiores al 5 por ciento de estudiantes en alguno de sus ciclos educativos.

Ante este escenario, la planificación educativa entra en una etapa de redefinición. El IIPE-UNESCO identifica como ejes centrales la reorganización de la provisión educativa frente a la menor demanda, la optimización de la infraestructura existente, la revisión de los esquemas de financiamiento para ganar eficiencia, la redistribución de cargos docentes y la modernización de los sistemas de información con el fin de anticipar cambios demográficos.

Organismos internacionales advierten que la planificación educativa debe adaptarse a escenarios de menor demanda y mayor longevidad.

Para los especialistas, una menor matrícula no implica necesariamente menos inversión, sino la posibilidad de asignar mejor los recursos y reducir brechas históricas de calidad y equidad.

La experiencia europea refuerza la urgencia del debate. En Grecia, las autoridades sostienen que las suspensiones escolares responden a criterios demográficos y normativos, y subrayan que existen excepciones en islas y zonas fronterizas para garantizar el acceso educativo. Algunos establecimientos podrían reabrir si la matrícula mejora en los próximos años, aunque el trasfondo estructural —la caída de los nacimientos— se mantiene.

En Asia oriental, Japón y Corea del Sur enfrentan desafíos similares. Ambos países implementaron durante la última década políticas de subsidios y asistencia a las familias con el objetivo de revertir la baja natalidad, pero los resultados han sido limitados.


Japón y Corea del Sur enfrentan reestructuraciones en sus sistemas educativos en un contexto de natalidad persistentemente baja.

Corea del Sur conserva una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo y atraviesa procesos de cierres y reestructuraciones en el sistema universitario por falta de estudiantes. Japón, por su parte, debe adaptar escuelas y universidades a cohortes cada vez más reducidas, en un contexto de envejecimiento acelerado de la población.

El fenómeno también abre oportunidades de adaptación y debate sobre la inclusión de la generación silver en los sistemas educativos y laborales. La UNESCO sostiene que el envejecimiento de la población exige políticas que permitan actualizar competencias y sostener la participación de los adultos mayores en un mercado de trabajo en transformación.

En ese marco, el organismo remarca la necesidad de garantizar “oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida para todas las personas”, un principio que adquiere centralidad en sociedades donde el crecimiento de la población mayor supera al de las generaciones jóvenes. En educación, comienzan a desarrollarse programas intergeneracionales y estrategias de formación continua orientadas a acompañar trayectorias educativas más extensas y diversas.

En Argentina, la tendencia demográfica avanza con particular intensidad. Los nacimientos se redujeron alrededor de un 40 por ciento en la última década, una de las caídas más pronunciadas de la región. En 2023 hubo 460.902 nacimientos, en comparación con los 777.012 de 2014.

El impacto ya empieza a reflejarse en la matrícula de nivel inicial y primario, especialmente en las cohortes más recientes.

Especialistas y responsables de políticas educativas analizan el escenario en espacios técnicos, como los seminarios del IIPE-UNESCO, donde se discuten estrategias de redistribución docente, reorganización territorial y actualización de la planificación educativa.

La caída de la natalidad se profundizó en 2023 e implica una reducción de la matrícula que ya se siente en jardín y en primaria. Fuente: Leandro Bottinelli (UNIPE/UNTREF)

Aunque el tema aún ocupa un lugar incipiente en la agenda política, la tendencia demográfica anticipa transformaciones estructurales que exceden una coyuntura y obligan a repensar el sistema educativo en el mediano y largo plazo.

En los países nórdicos y otras economías avanzadas, incluso con sistemas de bienestar consolidados y redes extensas de cuidado infantil, la baja natalidad persiste. Estudios de la UNESCO y la OCDE coinciden en que el desafío central ya no es la expansión del sistema educativo, sino su sostenibilidad financiera, la reorganización de la fuerza docente y el diseño de políticas que garanticen calidad, equidad e inclusión en un contexto de contracción demográfica.

Lejos del paradigma de crecimiento continuo que marcó gran parte del siglo XX, la educación a escala global se redefine frente a una realidad en la que anticipar y gestionar la disminución de alumnos resulta tan decisivo como saldar las deudas históricas en materia de inclusión y calidad.

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