
El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos advirtió sobre el uso del término PKK por parte de las autoridades de Damasco, señalando que no se había recurrido a esta nomenclatura desde el acuerdo firmado el 10 de marzo, orientado a la integración de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en las nuevas Fuerzas Armadas sirias. Dicho organismo independiente, con sede en Londres y colaboradores en Siria, destacó que no existen pruebas de campo que respalden la presencia de refuerzos de las FDS en la zona este de Alepo. Según el Observatorio, esta articulación mediática respondería a una campaña de desinformación en la que participan los canales oficiales sirios y recordó las acciones cometidas anteriormente por las fuerzas militares y sus aliados en los barrios de Sheij Maqsud y Ashrafié, ambos con presencia kurda en la ciudad.
De acuerdo con la información publicada por la agencia estatal SANA y replicada por diversos medios internacionales, el Ejército sirio acusó a las FDS de desplegar nuevos efectivos al este de Alepo pese al acuerdo de alto el fuego alcanzado durante el fin de semana, después de los recientes enfrentamientos registrados allí. Ante estas sospechas, fuentes militares detallaron que se han enviado refuerzos a las localidades de Maskana y Deir Hafer, situadas en la línea oriental de la provincia. Entre los motivos de este despliegue se menciona la supuesta llegada de contingentes vinculados al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y restos de fuerzas leales al antiguo régimen junto a elementos de las FDS, según reportó la agencia SANA. Las autoridades de Damasco consideran esta posible presencia una “peligrosa escalada” y advirtieron desde la Dirección de Operaciones del Ejército que cualquier movimiento hostil de estas agrupaciones desembocará en una “fiera respuesta”.
El contexto de estos sucesos se inscribe en una coyuntura de alta tensión en el noreste y norte de Siria, donde la presencia de actores armados kurdos ha supuesto históricamente un foco de disputa. El PKK, fuerza separatista con sede en el sureste de Turquía, norte de Irak y noroeste de Irán, mantiene lazos ideológicos y operativos con las Unidades de Protección Popular (YPG), principal componente de las FDS. Aunque el propio PKK anunció su disolución en fechas recientes, Turquía continúa manifestando preocupación por su supuesta permanencia y actividades transfronterizas, postura que respalda de forma activa a las autoridades sirias surgidas tras la reciente reconfiguración del poder en Damasco.
El portavoz oficial de las FDS, Farhad Shami, rechazó estas acusaciones y denunció que el Ejército sirio está tratando de “generar tensión y busca un pretexto para una escalada militar”. En declaraciones publicadas en su perfil oficial de X, Shami afirmó: “Nuestras fuerzas están observando estrechamente las informaciones equívocas lanzadas por el Ministerio de Defensa del Gobierno de Damasco sobre la situación en las inmediaciones de Maskana y Deir Hafir”. Añadió que no existen movimientos militares ni envío de refuerzos por parte de las FDS en esas áreas y sostuvo que “todas las acusaciones que circulan son absolutamente infundadas”. Según Shami, los desplazamientos registrados en el sector responderían a facciones alineadas con el propio Gobierno central.
El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos coincidió en denunciar la campaña de desinformación, describiendo la acusación como carente de sustento sobre el terreno y recordando el uso político de etiquetas como PKK en contextos delicados. Según puntualizó este organismo, la mención del PKK por parte de las autoridades sirias retoma parte de la retórica previa a la firma del acuerdo de marzo, lo que podría reflejar cambios en la estrategia gubernamental ante las dificultades en el proceso de integración de las FDS en la estructura militar nacional.
El trasfondo de esta situación se remonta a los cambios producidos en Damasco después del 8 de diciembre de 2024, cuando la capital siria cayó en manos de milicias yihadistas lideradas por Ahmed al Shara y Bashar al Assad resultó apartado del poder. Desde entonces, el nuevo Ejecutivo, con apoyo expreso de Ankara, se enfrenta al reto de normalizar la relación con los enclaves kurdo-árabes del noreste, donde las FDS desempeñan el papel de fuerza armada de la administración autónoma local. La integración de estos combatientes se ha planteado como una de las tareas prioritarias para reducir los focos de violencia y estabilizar la región, proceso que ha encontrado obstáculos tanto internos como externos.
El Observatorio, al recordar “los crímenes cometidos” en Sheij Maqsud y Ashrafié, articuló un llamado a vigilar el desarrollo de los acontecimientos y evitar nuevas represalias que afecten a la población civil kurda. Por su parte, las FDS reiteraron, según consigna el medio oficial, su voluntad de trabajar por la desescalada sin renunciar al “legítimo derecho a tomar todas las medidas necesarias para defender la región y proteger a los civiles”. Esta afirmación refleja la persistente desconfianza entre los actores implicados, en un marco donde los movimientos militares y las campañas informativas pueden incidir directamente en la estabilidad de la zona.
Entre los factores que complican la coyuntura destaca el papel de Turquía, que desde hace años denuncia la supuesta permanencia de grupos armados enemigos cerca de su frontera y respalda a las nuevas autoridades de Damasco en sus iniciativas orientadas a controlar los territorios disputados. Las acusaciones de presencia del PKK y los operativos del Ejército sirio en provincias limítrofes han provocado advertencias oficiales y una atmósfera de recelo mutuo. El Observatorio insistió en que la situación requiere seguimiento para verificar la veracidad de los reportes y evitar el uso de la desinformación como herramienta política.
La región al este de Alepo y, en particular, las localidades de Maskana y Deir Hafer, han sido escenarios de reiterados choques armados y cambios de control durante los últimos años. Las fuerzas kurdo-árabes de las FDS, a pesar de los anuncios de integración, continúan operando como estructura autónoma en amplias partes del noreste del país, en un entorno marcado por la multiplicidad de actores y la fragmentación del control territorial. La dinámica descrita por SANA y contestada por las FDS y el Observatorio da cuenta de la persistencia de un conflicto de narrativas, en el que los anuncios de movimientos militares plantean riesgos de nuevos enfrentamientos y suscitan preocupación entre la población local.
