
El Ejército de Liberación Nacional (ELN) afirmó haber encontrado e identificado el cuerpo de Camilo Torres Restrepo, sacerdote, sociólogo y una de las figuras más simbólicas de la insurgencia colombiana, a casi sesenta años de su muerte en combate.
Sin embargo, hasta el momento, ninguna autoridad del Estado ha confirmado la veracidad del hallazgo ni la autenticidad de los restos anunciados por la guerrilla.
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Las autoridades subrayaron que cualquier hallazgo de este tipo debe pasar por procedimientos forenses independientes que permitan establecer, con rigor científico, la identidad de los restos.
El grupo armado ilegal informó este viernes, mediante un comunicado, que el cuerpo del denominado “cura guerrillero” fue localizado y plenamente identificado, y expresó su intención de trasladar los restos a Bogotá para que sean depositados en el campus de la Universidad Nacional de Colombia.
Según el ELN, ese sería el lugar adecuado para su descanso final, dado que allí Camilo Torres fue capellán universitario, fundador de la Facultad de Sociología y referente intelectual de amplios sectores estudiantiles en la década de los años sesenta.
El paradero del cuerpo de Camilo Torres Restrepo ha sido, durante décadas, uno de los grandes enigmas de la historia reciente de Colombia. El sacerdote murió el 15 de febrero de 1966 en San Vicente de Chucurí, Santander, durante su primer enfrentamiento armado contra el Ejército, luego de haberse incorporado al ELN meses antes.
Desde entonces, su cadáver nunca fue entregado a la familia ni identificado oficialmente, lo que alimentó versiones contradictorias y búsquedas fallidas a lo largo de los años.
En su pronunciamiento, el ELN resaltó la carga histórica y simbólica del hallazgo. “Hoy el Ejército de Liberación Nacional conoce que su cuerpo ha sido encontrado y verificada su autenticidad”, afirmó la organización, que pidió que el hecho no sea “desfigurado ni utilizado para sacar provecho político alguno”.
La guerrilla insistió en que los restos deben ser respetados y preservados como parte de la memoria histórica del país, especialmente en el contexto de los 60 años de la muerte del sacerdote, que se cumplirán en 2026.
El anuncio se produce en un momento de alta tensión entre el Gobierno nacional y el ELN.

En días recientes, el presidente Gustavo Petro advirtió sobre la posibilidad de acciones militares conjuntas si la guerrilla no abandona sus presuntas bases en territorio venezolano, y afirmó que la organización había destruido un acuerdo de paz “a sangre y fuego”, en referencia a ataques contra población civil. Este contexto añade una dimensión política al comunicado del grupo insurgente.
La historia de la búsqueda de los restos de Camilo Torres ha estado marcada por controversias. Hasta ahora, el único objeto asociado de manera oficial al sacerdote ha sido su sotana, que fue recuperada y se encuentra exhibida en el Palacio de Nariño.
En 2015, la Quinta Brigada del Ejército realizó una exhumación en un panteón militar en Bucaramanga, pero los análisis genéticos demostraron que los restos correspondían en un 99,9 % a otra persona, según confirmó entonces la Fiscalía General de la Nación.
Camilo Torres Restrepo nació en Bogotá en 1929, en el seno de una familia liberal y acomodada. Inició estudios de Derecho en la Universidad Nacional, pero abandonó la carrera para ordenarse sacerdote. Posteriormente, se formó como sociólogo en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, donde realizó un trabajo pionero sobre la realidad socioeconómica de la capital colombiana.

A su regreso al país, fue nombrado capellán de la Universidad Nacional y, junto con Orlando Fals Borda, fundó la Facultad de Sociología. Desde allí impulsó una intensa actividad académica y social, promoviendo la articulación entre cristianismo, justicia social y transformación política. En 1962 creó el Frente Unido, un movimiento que aglutinó a sectores sindicales y de izquierda.
Su paso a la lucha armada se concretó en 1965, tras encuentros con el líder guerrillero Fabio Vásquez. Murió pocos meses después, sin haber participado en más de una acción militar. Tras su muerte, el entonces general Álvaro Valencia Tovar reconoció que se decidió mantener oculto el paradero del cuerpo para evitar que se convirtiera en un símbolo político.
