
En la década de 1920, John R. Brinkley sorprendió a la sociedad estadounidense. Este médico, nacido en 1885, afirmaba curar la impotencia mediante trasplantes de testículos de cabra.
Brinkley se instaló primero en Kansas, donde su popularidad creció gracias a la radio, el medio de comunicación más innovador de la época. El público escuchaba con atención sus promesas de curas milagrosas y consejos de salud, mientras él expandía su influencia y acumulaba una fortuna considerable.
Brinkley obtuvo su título en la Eclectic Medical University of Kansas City, una institución reconocida por ocho estados a pesar de su reputación como “fábrica de diplomas”. Pronto amplió su negocio a Texas y Arkansas, donde encontró menos resistencia y más oportunidades.

Su propuesta de trasplante resultó tan llamativa que miles de hombres acudieron a sus consultorios. De acuerdo con BBC, en la radio, Brinkley hablaba abiertamente sobre temas tabú, abordando la sexualidad masculina con un lenguaje poco común para la época.
De acuerdo con la información publicada por JSTOR Daily, la comunidad médica cuestionó la legitimidad de sus prácticas y su formación. El auge de Brinkley coincidió con la consolidación de la American Medical Association, que buscaba establecer estándares rigurosos en el ejercicio profesional. Ante la falta de control estatal, médicos de Arkansas y otros estados comenzaron a exigir regulaciones para evitar fraudes.
Expansión del negocio y surgimiento del fenómeno mediático
Brinkley utilizó la radio para promocionar su método y vender sus fórmulas patentadas a través de una red de farmacias. El “doctor de la cabra” transformó su clínica en Kansas en un centro de atracción nacional.

Según JSTOR Daily, Brinkley recomendaba el uso de un líquido azul llamado “Fórmula 1020” como alternativa a la cirugía de glándulas de cabra. Afirmaba que este producto resolvía problemas como presión arterial alta, arteriosclerosis, epilepsia y hasta demencia.
Miles de oyentes confiaron en sus palabras y pagaron sumas elevadas por sus tratamientos. Brinkley cobraba precios mucho más altos que el promedio de los médicos.
En su programa, también ofrecía consejos sobre el cuidado del “cocklebur”, término que utilizaba para referirse a la próstata. Esta franqueza resultó novedosa y aumentó su popularidad, aunque también atrajo el escrutinio de las autoridades sanitarias.

De acuerdo con el análisis de Albert J. Schneider, algunos médicos en Arkansas consideraban los consultorios de Brinkley como “centros de charlatanería”. La presión pública y profesional creció a medida que las denuncias y los casos de fracaso se multiplicaron. A pesar de esto, Brinkley mantuvo una base de seguidores fieles y continuó con sus transmisiones radiales.
El impacto político y la reacción institucional
En 1930, Brinkley aspiró a la gobernación de Kansas, casi logra su objetivo gracias a su fama y a su poder mediático. Utilizó la radio para difundir su campaña y prometer reformas orientadas a la salud pública. Aunque no ganó, su influencia política puso en alerta a las instituciones estatales y nacionales.
Durante los años siguientes, amplió su oferta con productos como pastas dentales supuestamente eficaces contra el cáncer y otros remedios milagrosos. De acuerdo con JSTOR Daily, acumuló una fortuna gracias a la venta de estos tratamientos y se consolidó como uno de los empresarios más exitosos de la medicina alternativa de su tiempo.

El crecimiento de su imperio y las denuncias constantes llevaron a los estados a endurecer la regulación. En Arkansas, la presión de la comunidad médica impulsó la creación de leyes de mala praxis y juntas de licenciamiento. En 1937, el estado promulgó el Basic Science Act, que exigía a los candidatos para ejercer la medicina aprobar exámenes de conocimientos fundamentales.
Declive y consecuencias para la profesión médica
La reacción institucional provocó el declive de Brinkley y de otros promotores de remedios infundados. Los controles y las nuevas leyes limitaron la proliferación de prácticas médicas no comprobadas. El caso de Brinkley, señalado como el “charlatán más exitoso” de una época llena de modas médicas, modificó la relación entre la sociedad y la medicina.
Según JSTOR Daily, la crisis generada por Brinkley sirvió como motor para que los organismos regulatorios asumieran un papel más activo. La American Medical Association y los estados fortalecieron la vigilancia sobre la formación profesional y el ejercicio legal de la medicina.
Brinkley perdió sus licencias y enfrentó múltiples demandas por estafa y daños a la salud. Aunque nunca regresó a la posición de poder que alcanzó en los años veinte, su historia continuó como advertencia sobre los riesgos de la falta de control y la vulnerabilidad de la sociedad ante promesas infundadas.

El legado de Brinkley y el cambio en la percepción pública
El fenómeno Brinkley influyó en la forma en que los estadounidenses perciben la medicina y los tratamientos no convencionales. Su caso marcó el inicio de una era donde las autoridades comenzaron a exigir evidencia y certificaciones. La radio, que sirvió como su principal herramienta de propaganda, se transformó en un espacio sujeto a mayor vigilancia y regulación.
Brinkley murió en 1942, dejando tras de sí un legado polémico y una fortuna obtenida gracias a la credulidad de miles de personas. Su historia inspira documentales y análisis que exploran los límites éticos de la medicina y la comunicación masiva.
El documental “Nuts!”, dirigido por Penny Lane, recupera su figura para el público contemporáneo y plantea interrogantes sobre la relación entre ciencia, negocio y espectáculo.
En la actualidad, el caso de John R. Brinkley sigue vigente como ejemplo del impacto que puede tener la desinformación y la falta de regulación en la salud pública. Las lecciones de su vida y su carrera continúan orientando el debate sobre la ética y la responsabilidad en la medicina y los medios de comunicación.
