
Entrar a un edificio y encontrar el portal limpio es algo que ya damos por hecho. Pero pocas veces reparamos en quienes se encargan de quitar el polvo, dejar los suelos relucientes o los cristales nítidos. Detrás de ese trabajo se encuentran, en la mayoría de casos, mujeres expuestas a condiciones laborales precarias y bajos salarios para “la elevada carga de trabajo” que afrontan, por lo que se sienten “invisibilizadas” y reclaman mejoras. Y es que, a diferencia de las camareras de piso —conocidas como las ‘kellys’—que lograron organizarse y reivindicar sus derechos desde 2014, las limpiadoras de portales trabajan sin apenas tener contacto entre ellas, lo que dificulta su organización y conseguir una mejora de las condiciones laborales en el sector, frecuentemente ligado a empresas subcontratadas que priorizan la reducción de costes.
“Aquí cada una tiene su puesto de trabajo, apenas nos vemos entre nosotras, y eso dificulta todo. Nos sentimos totalmente invisibilizadas, como un mueble, como algo que tiene que estar ahí y ya está”, explica indignada a Infobae Ana Isabel Rojo, que trabaja como limpiadora de portales en Valladolid. A la falta de reconocimiento social y los bajos salarios, se suman los comentarios cargados de clasismo con los que se topan en muchas ocasiones. “Un día, un hombre me señaló la escoba y soltó: ‘Para esto no hace falta ir a la universidad’, y le respondí que, para tener educación, tampoco”.
Quienes se encargan de la limpieza de portales suelen trabajar en varios edificios, lo que implica desplazamientos constantes y horarios irregulares, dificultando la conciliación personal y familiar. El tiempo asignado para cada portal “es muy justo”, asegura Rojo, lo que obliga a estas trabajadoras a realizar el trabajo “a la carrera”. En su caso, se encarga de la limpieza de 13 portales y reconoce sentirse “afortunada” porque la mayoría están ubicados en el mismo barrio y Valladolid es una ciudad mediana, por lo que los traslados no le consumen demasiado tiempo. Advierte, sin embargo, que la distancia entre edificios y el tiempo invertido en los desplazamientos es mucho mayor para otras compañeras y “ninguna empresa lo paga”.

“Si tienes un contrato de 15 horas a la semana, que serían tres horas al día de lunes a viernes, y los portales están desperdigados en diferentes barrios, te puede llevar perfectamente seis horas y eso es tiempo perdido. Según el convenio, el tiempo que empleamos en ir de un portal a otro debe de contar como horas de trabajo, pero ninguna empresa lo paga”, asegura. En el sector también abundan los contratos a tiempo parcial y una alta rotación laboral.
En 2025, el salario mensual de las limpiadoras de portales quedó fijado en 1.168 euros, una cifra inferior al Salario Mínimo Interprofesional, que alcanzó los 1.184 euros. “Los aumentos del salario mínimo quedan absorbidos por los complementos y pluses, por lo que el sueldo no aumenta. En los últimos años hemos visto cómo nuestro poder adquisitivo ha disminuido mucho”, señala la empleada. Actualmente, el convenio está en fase de negociación, pero existe escepticismo entre las trabajadoras sobre la posibilidad de lograr avances significativos, más allá de una pequeña mejora salarial.
Rojo subraya la necesidad de una mayor unión entre las trabajadoras del sector y de de “perder el miedo a saber cómo hablarle a la empresa”. Destaca así la relevancia de conocer los derechos laborales y el contenido del convenio colectivo para establecer límites y defender las propias condiciones de trabajo. También señala la importancia de que la sociedad reconozca su labor, reclamando que se las considere verdaderas trabajadoras y “no únicamente mano de obra barata”.

Sobre la posibilidad de ascender a categorías superiores dentro del sector, Rojo asegura que apenas hay opciones y que suelen reservarse a hombres, como los puestos de cristalero o encargado. Para ellas, la idea de romper el techo de cristal queda lejos. “Nosotras no sabemos lo que es el techo de cristal, es que ni le vemos. Nosotras estamos pegadas a un suelo pegajoso y de ahí no salimos. Aquí entramos de limpiadoras y morimos de limpiadoras“, sentencia.
Riesgos y jubilación anticipada
Entre los riesgos laborales más frecuentes en la limpieza de portales figuran las lesiones musculoesqueléticas derivadas de movimientos repetitivos y posturas incómodas sostenidas durante la jornada, mientras que el contacto continuado con productos químicos puede desencadenar irritaciones cutáneas, dificultades respiratorias y reacciones alérgicas. Las superficies resbaladizas y obstáculos en zonas comunes también incrementa la probabilidad de caídas, golpes o cortes. Estas situaciones se agravan cuando no se dispone de equipos de protección suficientes y el ritmo de trabajo impide adoptar medidas preventivas adecuadas.
Ante este trabajo esencial, invisible y feminizado, las limpiadoras reclaman una jubilación anticipada, como una forma de reparar años de esfuerzo y desigualdad, y por ello este domingo 8 de marzo saldrán a la calle para visibilizar sus demandas.
Empleo sumergido
En España, el sector de la limpieza profesional emplea a más de medio millón de personas, según las estimaciones de las patronales, que calculan una aportación al PIB cercana al 1,05%. Los registros oficiales contabilizan 378.000 trabajadoras del hogar afiliadas a la Seguridad Social, aunque diversas organizaciones advierten de la existencia de un empleo sumergido que podría incrementar la cifra real en un 30-40%.
A pesar de las medidas impulsadas para regularizar y mejorar las condiciones laborales, la organización Oxfam recuerda que los salarios rondan los 1.000 euros mensuales, una cantidad notablemente inferior a la media nacional. El sector está conformado casi en su totalidad por mujeres, y más de la mitad son migrantes o extranjeras.
