La sagrada isla de Japón que es Patrimonio de la Humanidad y está prohibida para las mujeres

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Okinoshima, en Japón (Adobe Stock).

Japón, archipiélago de contrastes y tradiciones milenarias, fascina a los viajeros con su mezcla de modernidad y espiritualidad. Más allá de las ciudades vibrantes y los templos ancestrales, el país guarda islas donde el tiempo parece haberse detenido y la naturaleza, la fe y el misterio se entrelazan en espacios sagrados.

Entre todas ellas, Okinoshima emerge como uno de los enclaves más enigmáticos y restrictivos de la cultura nipona: una isla que es Patrimonio de la Humanidad, refugio de rituales ancestrales y símbolo de la exclusión femenina en pleno siglo XXI. Esta ínsula se ubica a unos 60 kilómetros de la costa de Fukuoka, en la región de Kyushu, y su tamaño es diminuto, pues tiene menos de un kilómetro cuadrado de superficie. Sin embargo, su peso histórico y espiritual desafía sus dimensiones.

Una isla sagrada y prohibida en el corazón del mar de Japón

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2017, este enclave ha permanecido durante siglos fuera del alcance del gran público, envuelta en un halo de secreto, devoción y exclusividad. El único habitante permanente de Okinoshima es uno de los sacerdotes sintoístas del Gran Santuario de Munakata, que se turnan en periodos de diez días para rezar y custodiar el santuario principal, Okitsu-gu, fundado en el siglo XVII y prácticamente inalterado desde 1932. La isla es reconocida por albergar uno de los tres santuarios principales de Munakata Taisha, conjunto que fue incluido en la lista de la Unesco precisamente por representar de manera excepcional la tradición del culto insular japonés.

Okinoshima, en Japón (Adobe Stock).

Además, durante siglos, Okinoshima fue un punto clave en la ruta comercial entre Corea y Japón, y los navegantes hacían aquí ofrendas para pedir protección a los dioses del mar. Fruto de esa devoción, en la isla se han hallado alrededor de 80.000 artefactos, algunos datados en el primer milenio y considerados hoy Tesoros Nacionales, como anillos de oro procedentes de la península de Corea. Estos objetos se conservan actualmente en el Santuario Hetsu-miya, en la ciudad de Munakata.

Tradición, ritos y acceso restringido

El acceso a Okinoshima es estrictamente limitado. Solo unos 200 hombres al año, invitados por el Gran Santuario de Munakata, pueden pisar la isla para participar en un festival anual que se celebra cada 27 de mayo en homenaje a los marineros caídos en la guerra ruso-japonesa. Antes de llegar, deben someterse a un ritual de purificación, bañándose desnudos en el mar. Una vez en tierra, deben abstenerse de consumir carne de animales de cuatro patas, no pueden llevarse ningún objeto —ni siquiera una piedra o una brizna de hierba— y, tras la visita, tienen prohibido hablar de lo que han visto o vivido en la isla.

La restricción que más polémica ha suscitado, y que ha acompañado el reconocimiento internacional de la isla, es la prohibición total de acceso a mujeres. Este veto, de origen incierto, pero vinculado a antiguas creencias sobre la pureza ritual, convierte a Okinoshima en uno de los últimos lugares de Japón donde la presencia femenina está vetada. Aunque la UNESCO valoró el debate ético en torno a esta exclusión, se aceptó la candidatura siguiendo precedentes como el Monte Athos en Grecia o la mezquita Haji Ali en India, donde también existen limitaciones de género.

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