La zona gris: cuando la tecnología se convierte en arma de control autoritario

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Un ingeniero informático revisa equipos en un proveedor de servicios de internet en Teherán en 2011. Desde entonces, Irán ha perfeccionado el control y bloqueo de internet como herramienta de represión ante protestas y disidencias. (REUTERS/Caren Firouz)

La “zona gris” es un espacio ambiguo entre paz y guerra, entre lo legal y lo ilegal. Está cada vez más presente en las relaciones internacionales y especialmente en conflictos sutiles que procuran debilitar al adversario mediante ciberataques e influencia política. Se manifiesta cuando el Estado no ejerce control efectivo o cuando evoluciona el crimen organizado, empleando técnicas de desinformación, presión económica, apoyo a insurgencias o maniobras coercitivas, como las de China en el Mar de China Meridional o las operaciones de influencia rusas.

De facto se producen cada vez con mayor asiduidad procesos de manipulación tecnológica e informática contra propios y terceros a la hora de imponer una imagen hacia la comunidad internacional o controlar la opinión pública.

Rusia tiene una larga historia en este sentido, con fuerte ADN de la Unión Soviética. En los últimos años ha limitado drásticamente el acceso a internet y redes sociales, bloqueando plataformas como X, Signal, Facebook e Instagram. Además, ha penalizado la difusión de “desinformación” sobre sus fuerzas armadas, multando a empresas tecnológicas y bloqueando VPNs para eludir la censura. Todo esto bajo la justificación de la seguridad nacional, especialmente tras la invasión a Ucrania, legislando incluso para aislarse del internet global si fuera necesario.

La legislación rusa castiga con prisión la difusión de información considerada “falsa” o que desacredite al ejército, y penaliza incluso la búsqueda de contenido “extremista”. Las empresas de internet y taxi deben entregar datos de geolocalización de sus usuarios, mientras que los sitios que ofrecen VPNs son sistemáticamente bloqueados.

Rusia posee además la capacidad de aislarse completamente del internet global mediante RUNET, su propia red como medida de seguridad ante supuestas interferencias externas, un plan que podría implementarse en 2026.

La conectividad total permitió innovar en el control, espionaje y persecución de la población. El registro compulsivo de teléfonos móviles es una fuente inagotable de información para los regímenes dictatoriales. En Venezuela proliferó la instalación de decenas de antenas falsas ubicadas estratégicamente para escuchar a la gente y determinar su lealtad. La “guerrilla comunicacional” parece parte indivisible de este tipo de administraciones; el chavismo ha instalado durante décadas estructuras de propaganda digital articuladas con su narrativa política.

En todos los casos de degradación democrática, la manipulación tecnológica es omnipresente, provocando un severo déficit comunicacional: mala calidad de los servicios de conectividad, falta de información confiable y ausencia de multiplicidad de voces. Limitar el acceso a redes sociales se vuelve prioritario; sin cobertura de opositores existe desconexión de las noticias, aislamiento comunicacional y un verdadero desierto informativo.

Las tácticas combinan múltiples restricciones al acceso, acoso y vigilancia, amenazas a las redes sociales y el bloqueo o cierre de medios de comunicación, sitios y aplicaciones como Signal, X, Reddit, Microsoft, AWS CloudFront o Mercado Libre. Acceder a internet de forma segura se ha convertido en una lotería, quizás posible a través de VPN o gracias a la ayuda de Elon Musk, quien previamente cubrió a ciudadanos en Ucrania y ahora en Irán.

El régimen chavista en Venezuela ha recurrido a linchamientos digitales, doxing (divulgación no consentida de información personal) e intervención de más de un millón de líneas telefónicas.

Pero cuando se trata de impedir el acceso a la verdad, algunas configuraciones políticas no tienen límites y despliegan infraestructura y capacidades de peso. China es acusada de cortar cables submarinos de internet que conectan Taiwán con el resto del planeta, obligándola a mejorar sus capacidades de conectividad mediante satélites y microondas. Esta técnica de presión, conocida como “bloqueo invisible”, procura instalar una guerra psicológica y una zona gris para paralizar la economía y las comunicaciones taiwanesas sin disparar una sola bala. Incluso China ha hecho saber que estudia cómo bloquear satélites como Starlink con drones, buscando capacidad de bloqueo total.

Recientemente, el gobierno de Irán cortó el acceso a internet, las redes de telefonía móvil y las llamadas telefónicas internacionales en todo el país durante una manifestación convocada contra el gobierno civil y su líder supremo, el ayatolá Alí Khamenei. La única línea de comunicación relativamente estable siguió siendo la de teléfonos fijos dentro del país.

La protesta provocó que el régimen cortara internet tras 12 días de manifestaciones. La censura en Irán se considera una medida para mantener la estabilidad del país, evitando que reformistas, contrarrevolucionarios o grupos religiosos no aprobados se organicen y difundan sus ideales.

Cerrar los medios de comunicación con el mundo exterior se ha convertido en una de las herramientas más eficaces de las autoridades iraníes. Este patrón se ha repetido con distinta intensidad a lo largo de los años. Durante el conflicto con Israel en junio de 2025, el ancho de banda de internet de Irán se redujo significativamente.

El bloqueo del acceso busca impedir la transmisión de imágenes, vídeos y noticias desde el interior del país. En tales condiciones, los medios independientes se ven prácticamente incapaces de informar, dejando al gobierno como único narrador de los acontecimientos.

Simultáneamente, la capacidad de los manifestantes para coordinarse a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería queda eliminada. El bloqueo de las redes de telefonía móvil cumple el mismo propósito: evitar la comunicación directa e inmediata entre los ciudadanos.

El presidente Trump sugirió que Estados Unidos utilizó capacidades cibernéticas para cortar el suministro eléctrico en Caracas durante los ataques que llevaron a la captura de Nicolás Maduro, afirmando que la capital quedó sumida en la oscuridad gracias a la experiencia estadounidense.

“Estaba oscuro, las luces de Caracas estaban en gran parte apagadas debido a cierta experiencia que tenemos, estaba oscuro y fue mortal”, dijo Trump durante una conferencia de prensa en Mar-a-Lago detallando la operación.

El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, declaró en conferencia de prensa que la CIA, la NSA y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial (NGA) participaron en la misión. La NGA utilizó imágenes y datos cartográficos para apoyar las actividades militares. También confirmó que el U.S. Cyber Command fue autorizado a realizar operaciones cibernéticas ofensivas y participó en la operación, aunque sin dar detalles sobre las acciones ejecutadas.

Los datos de Tor Metrics confirmaron un aumento significativo de usuarios accediendo a la red Tor desde Venezuela durante la operación militar estadounidense. Esta es una señal típica de una sociedad sometida a severa presión política e informativa. Cuando los canales tradicionales ya no son seguros ni confiables, las personas recurren a herramientas que ofrecen anonimato, resistencia a la censura y vías de escape de la burbuja informativa nacional.

Usar Tor es una forma de eludir los filtros y llegar de manera segura a medios extranjeros, ONG y comunidades en el exilio. A medida que aumenta la represión, activistas, periodistas y usuarios comunes se preocupan más por la vigilancia de su navegación y comunicaciones; la capacidad de Tor para ocultar direcciones IP y enrutar el tráfico a través de múltiples repetidores lo convierte en una de las pocas opciones accesibles para organizarse de forma más segura, filtrar pruebas o simplemente leer las noticias sin ser perfilado.

Gabriel Zurdo es especialista en ciberseguridad, riesgo tecnológico y negocios.

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