London Eye, la historia del emblema arquitectónico que redefinió a Londres

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El London Eye celebra veintisiete años como uno de los principales atractivos turísticos de Londres (foto: REUTERS/Toby Melville)

La famosa noria gigante situada en el corazón de Londres, conocida como London Eye, celebró su vigésimo séptimo aniversario, consolidándose como uno de los principales símbolos arquitectónicos y turísticos de la capital británica. Desde su primera iluminación en 1999, la estructura se convirtió en un punto de referencia ineludible tanto para residentes como para visitantes de todo el mundo.

Un proyecto para el nuevo milenio

El London Eye, también denominado “Noria del Milenio”, nació como una ambiciosa apuesta para marcar el inicio del año 2000 y renovar el perfil de la ciudad. De acuerdo con el sitio The London Eye, el proyecto fue concebido por los arquitectos David Marks y Julia Barfield, quienes imaginaron una estructura capaz de ofrecer vistas panorámicas incomparables de Londres. La construcción de la noria representó un verdadero desafío: las piezas, de enormes dimensiones, debieron ser transportadas por el río Támesis en barcazas y ensambladas sobre el agua.

Este complejo proceso incluyó levantar la estructura de forma horizontal y, posteriormente, elevarla lentamente hasta alcanzar su posición vertical definitiva.

Aunque la inauguración oficial tuvo lugar el 31 de diciembre de 1999, el acceso al público se habilitó recién en marzo del año siguiente. Desde entonces, el London Eye ha recibido a millones de visitantes y se ha mantenido como una de las atracciones más destacadas del South Bank de Londres, frente al Palacio de Westminster y el Big Ben.

Su diseño innovador, basado en una “noria de observación en voladizo”, significa que toda la rueda está sostenida por un solo lado, gracias a un armazón en forma de A que permite disfrutar de una visión despejada y sin obstáculos del paisaje urbano.

Una experiencia única: tecnología, vistas y tradiciones

La noria ofrece vistas panorámicas incomparables sobre el río Támesis y el centro de la ciudad (foto: REUTERS/Maja Smiejkowska/File Photo)

Subir al London Eye constituye un rito para quienes desean admirar Londres desde una perspectiva privilegiada. La atracción realiza una rotación completa en aproximadamente treinta minutos, a una velocidad constante de 0,9 kilómetros por hora. Esta lentitud permite a los pasajeros abordar y descender sin que la rueda se detenga, generando una experiencia fluida y accesible para todos.

Uno de los mayores atractivos de la noria son sus 32 cápsulas de cristal cerradas y climatizadas, diseñadas para representar a los distritos de Londres, según detalla Riff Street. Por superstición, la numeración salta el número trece y alcanza el 33. Cada cápsula puede albergar hasta veinticinco personas, quienes pueden desplazarse libremente por el interior para captar imágenes panorámicas desde cualquier ángulo. En días despejados, la vista puede alcanzar hasta40 kilómetros, permitiendo distinguir incluso el Castillo de Windsor, en las afueras de la ciudad.

El London Eye se ha convertido también en un elemento central de los festejos de fin de año en Londres. Desde esta plataforma se lanzan los tradicionales fuegos artificiales que iluminan el cielo y son transmitidos en directo a todo el mundo. Además de los recorridos habituales, la atracción ofrece opciones temáticas y cápsulas privadas para celebraciones especiales, bodas y eventos corporativos de acuerdo con lo señalado por The Times.

De atracción temporal a símbolo permanente de Londres

El London Eye es protagonista de los tradicionales fuegos artificiales durante las celebraciones de fin de año (foto: REUTERS/Maja Smiejkowska)

Originalmente, el London Eye contaba con un permiso de funcionamiento limitado a cinco años. Sin embargo, la respuesta entusiasta del público y su creciente valor para el turismo londinense llevaron a que la estructura se mantuviera de manera permanente.

Actualmente, la noria es tan reconocible como la Torre de Londres o el Palacio de Buckingham, y forma parte del imaginario colectivo de la ciudad.

La facilidad para acceder a la atracción ha mejorado con el tiempo, aunque se recomienda reservar con anticipación debido a la alta demanda. El London Eye recibe a más de tres millones de visitantes cada año, consolidando su papel como uno de los destinos turísticos más populares de Europa. Su presencia logró transformar al South Bank, revitalizando la zona y atrayendo nuevas propuestas culturales y gastronómicas.

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