
La historia de Patricio Quiñones, un limeño que dejó la televisión local para conquistar escenarios globales, narra el recorrido de quien pasó de los sets de concurso en Perú a compartir escena con íconos de la música urbana en los eventos más vistos del mundo.
Creció en Lima, en un entorno familiar donde la música y el movimiento eran parte del día a día. Desde niño, Patricio Quiñones mostró inquietud por la danza y buscó su espacio en una disciplina que en Perú apenas comenzaba a ganar protagonismo en los medios.
Su primera gran vitrina llegó de la mano de los programas de competencia más populares de la televisión peruana. En El Gran Show, dirigido por Gisela Valcárcel, se ganó al público combinando técnica, disciplina y carisma en cada presentación. También participó en Esto es Guerra y otros formatos de entretenimiento, donde su desempeño lo consolidó como uno de los jóvenes bailarines con mayor proyección en la escena local.

El vínculo con Milett Figueroa, compañera de baile y pareja sentimental durante esa etapa, lo mantuvo en el centro de la atención mediática. Juntos, protagonizaron coreografías que trascendieron la pantalla y captaron la atención de la prensa de espectáculos. Al cerrar ese ciclo, Quiñones decidió buscar nuevos horizontes, impulsado por el deseo de proyectarse en escenarios internacionales y ampliar sus capacidades profesionales.
El salto internacional: de Lima a Miami y los desafíos de la industria
El sueño de conquistar escenarios internacionales llevó a Quiñones a instalarse en Estados Unidos, donde la industria de la danza resulta mucho más competitiva y exigente. Eligió Miami como punto de partida, una ciudad cosmopolita y vibrante que concentra academias, productoras y oportunidades para quienes buscan abrirse camino en el entretenimiento global.
El inicio no fue sencillo. Quiñones debió adaptarse a un idioma distinto y a un ritmo de vida marcado por la presión de las audiciones y la inestabilidad laboral. Durante los primeros meses, sobrevivió dictando clases en academias y participando en espectáculos de menor escala, mientras construía una red de contactos profesionales.

Su primera oportunidad de alto perfil llegó cuando fue convocado para bailar junto a Luis Fonsi durante los Juegos Panamericanos. Esa experiencia, además de posicionarlo ante el público internacional, le permitió acceder a productores y equipos relacionados con grandes giras y videoclips.
Daddy Yankee y la consagración en la música urbana
El punto de inflexión en su carrera llegó con la invitación a formar parte del cuerpo de bailarines en la gira internacional La Última Vuelta World Tour de Daddy Yankee. La selección fue el resultado de un proceso competitivo y de la reputación que Quiñones había construido en los círculos de la danza latina en Estados Unidos.
Recorrió diversos países y se presentó ante multitudes en escenarios de alto impacto. En Lima, recibió un reconocimiento especial cuando Daddy Yankee lo presentó como “orgullo peruano” ante miles de personas en el Estadio Nacional.
Su aporte no se limitó a los conciertos: participó en la producción de coreografías y en la grabación de videoclips como “Zona del perreo”, donde compartió pantalla con Natti Natasha y Becky G.

Más allá del reggaetón: colaboraciones y desafíos personales
El nombre de Patricio Quiñones comenzó a sonar en los equipos técnicos y creativos de otros artistas de primer nivel. Fue convocado para espectáculos y videoclips de Don Omar, Nicky Jam, Manuel Turizo, Paulina Rubio y Farruko. Su versatilidad y capacidad de adaptación lo posicionaron como uno de los favoritos en producciones que buscan impacto visual y energía en escena. En cada trabajo, sumó experiencia y consolidó su presencia en el circuito latino.
Durante este proceso, enfrentó lesiones y desafíos personales, incluidos periodos de pausa obligada por problemas de salud y los meses de incertidumbre durante la pandemia de COVID-19. A pesar de las dificultades, permaneció activo en redes sociales, dictó clases virtuales y mantuvo el contacto con la comunidad artística de Miami y otras ciudades.

Bad Bunny y el Super Bowl: la consagración mundial
El punto culminante más reciente de su carrera llegó en el Super Bowl 2026. Quiñones formó parte del elenco que acompañó a Bad Bunny en el espectáculo central del medio tiempo, uno de los más vistos a nivel global. Bailó en el Levi’s Stadium de Santa Clara, enarbolando la bandera de Perú ante millones de personas que siguieron la transmisión por televisión e internet. “El mejor día de mi carrera”, escribió en sus redes sociales tras la actuación.

Su presencia fue celebrada por artistas y seguidores, consolidando el nombre de Patricio Quiñones como uno de los bailarines latinoamericanos con mayor proyección internacional. De Lima a los escenarios del mundo, su historia sigue sumando capítulos con cada nuevo desafío profesional.
