El ecosistema digital peruano volvió a quedar en el centro de la controversia tras la difusión de un comentario considerado discriminatorio, racista y clasista, que tuvo como protagonista al streamer Diego André Rodríguez y como blanco al joven narrador de fútbol Pol Deportes, cuyo nombre real es Cliver Huamán, de apenas 15 años de edad.
Como era de esperarse, la frase, pronunciada durante una transmisión en vivo, desató una ola de indignación en redes sociales.
Y es que, el episodio ocurrió durante una transmisión en el canal Zodeka, espacio donde Rodríguez conversaba con otros integrantes del panel sobre la creciente visibilidad de Pol Deportes, un adolescente que se hizo viral en plataformas como TikTok, YouTube y X gracias a su particular forma de narrar partidos de fútbol, su espontaneidad y su evidente pasión por el deporte.

En ese contexto, el streamer decidió expresar su opinión de forma despectiva, recurriendo a un término históricamente cargado de connotaciones discriminatorias.
“Para yo sentir envidia por alguien, necesito lo que esa persona ha estado consiguiendo. Yo no me dedico a lo que se dedica Pol Deportes. No quiero yo. ¿Qué fama puede tener un serrano de 15 años?”, dijo Rodríguez en vivo, sin matizar ni contextualizar sus palabras. La frase, registrada íntegramente en video, dejó en evidencia el uso del término “serrano” con una intención claramente peyorativa, asociándolo a una supuesta inferioridad social y profesional.
El comentario no pasó desapercibido. Un clip de 43 segundos, extraído de la transmisión original, comenzó a circular rápidamente en X, Instagram y TikTok, acumulando miles de visualizaciones en cuestión de horas. La reacción fue inmediata: usuarios, periodistas, comunicadores y creadores de contenido denunciaron lo dicho como una muestra explícita de racismo estructural y clasismo, prácticas que, según señalaron, siguen siendo minimizadas o justificadas en ciertos sectores del entretenimiento digital.
Las críticas no solo apuntaron al uso del término ofensivo, sino también al hecho de que el ataque se dirigiera contra un menor de edad, cuyo crecimiento en redes ha sido impulsado de manera orgánica por su talento y entusiasmo, más que por estructuras empresariales o mediáticas. Para muchos, el caso evidenció una relación de poder desigual, donde un creador adulto con plataforma consolidada menosprecia públicamente a un adolescente por su origen andino y su procedencia provinciana.

En medio del rechazo generalizado, comenzaron a surgir llamados a una sanción social y profesional contra Diego André Rodríguez. Varios usuarios exigieron que marcas, medios y plataformas con las que colabora se pronuncien o revisen su vínculo con el streamer, considerando que sus expresiones vulneran principios básicos de respeto, igualdad y no discriminación. Otros recordaron que el lenguaje utilizado refuerza estereotipos que han marginado históricamente a comunidades andinas en el país.
Lejos de ofrecer una disculpa inmediata o aclarar sus declaraciones, Rodríguez optó por una estrategia que fue duramente cuestionada. Tras el estallido de críticas, el streamer decidió desactivar los comentarios en sus publicaciones de Instagram y otras redes sociales, intentando contener el flujo de mensajes de rechazo. Sin embargo, esa medida fue interpretada por muchos como una forma de evadir la responsabilidad pública por sus palabras.

La controversia se intensificó cuando, desde su cuenta oficial de Instagram vinculada a su faceta musical, Rodríguez publicó una historia con tono irónico que generó aún más indignación. “Te invito a nuestra primera funa… ¡No faltes!”, escribió, en alusión directa a la cancelación pública que ya enfrentaba. La publicación fue vista como una burla hacia quienes señalaban el carácter discriminatorio de su comentario y como una falta de empatía frente al impacto que sus palabras tuvieron.
La reacción contrastó fuertemente con el respaldo que recibió Pol Deportes en redes sociales. Decenas de usuarios destacaron su talento, su carisma y su esfuerzo, recordando que su historia representa a miles de jóvenes peruanos que encuentran en las plataformas digitales una oportunidad para expresarse y construir un camino propio, pese a las barreras sociales y económicas. Para muchos, el adolescente se convirtió en un símbolo de resiliencia, orgullo andino y diversidad cultural en el deporte.
El caso también abrió un debate más amplio sobre la responsabilidad de los creadores de contenido y comunicadores en entornos digitales, donde las transmisiones en vivo y la aparente informalidad no eximen del impacto real de las palabras. Especialistas en comunicación señalaron que expresiones como las vertidas por Rodríguez no solo afectan a una persona en particular, sino que reproducen imaginarios discriminatorios que afectan a comunidades enteras.
Hasta el momento, Diego André Rodríguez no ha emitido una disculpa pública directa ni ha ofrecido una explicación detallada sobre el sentido de sus declaraciones. La falta de rectificación ha mantenido viva la polémica y ha reforzado las críticas en su contra, mientras el debate sobre racismo, clasismo y discriminación en redes sociales continúa creciendo en la agenda pública.
