Ricardo Caruso Lombardi, más conocido en el ambiente del fútbol como Caruso, a secas, nació en la Ciudad de Buenos Aires el 10 de febrero de 1962. Inició su carrera como futbolista en las inferiores de Argentinos Juniors, debutando con la camiseta del Bicho en 1981. Por aquellos años coincidió con un joven Diego Armando Maradona, también surgido de la cantera del elenco de La Paternal, aunque no llegaron a jugar juntos en Primera.
En 1982, Caruso pasó a Deportivo Italiano para retornar al año siguiente a Argentinos Juniors. Luego, tuvo pasos por Atlanta, Almagro, Chacarita y Defensores de Belgrano. Vistiendo la camiseta del Dragón se retiró en 1992. Fue justamente Defensores de Belgrano el equipo que primero confió en Caruso como entrenador, comenzando su carrera como DT en 1994.
Caruso construyó su carrera dirigiendo a varios equipos del ascenso, hasta que su nombre empezó a sonar con mayor fuerza gracias a la campaña realizada en Tigre en 2004-05, logrando el ascenso a la Nacional B. La resonancia de este éxito y una recomendación de Maradona lo llevaron a dirigir su primer equipo en Primera: Argentinos Juniors, el mismo que lo vio nacer como futbolista.
En su llegada a Primera construyó una imagen de bombero, un especialista en salvar a equipos comprometidos con el descenso. Estas características lo acercaron a grandes equipos en problemas, como Newell´s, Racing y San Lorenzo. “Salve a nueve de diez”, dice orgulloso Caruso. En los últimos tiempos, un conflicto con Claudio Tapia y algunos problemas de salud lo alejaron de las canchas. En paralelo, comenzó a trabajar como periodista deportivo, por lo que, desde otro lugar, continúa vinculado al fútbol.

-¿Es un momento difícil para un director técnico decir qué jugadores están citados para un partido?
-Es una decisión complicada, porque no sabés quién se va a enojar. Por ahí ahora es más fácil porque hay más cantidad de suplentes, son diez. En la época que estaba yo iban seis al banco. Siempre necesitábamos uno más, por si alguno se enfermaba o tenía un problema. Pero costaba, porque con los que iban al banco tenías que cubrir todos los puestos. Ahora no te podés equivocar, tenés para cubrir todos los sectores.
-¿Cómo pasaste de dirigir tantos años y tantos equipos a esta etapa que no estás dirigiendo? ¿No lo podés hacer o fue una decisión tuya?
–Es un poquito de todo. Yo hice hace muchos años el curso de periodismo deportivo porque me pareció algo piola, sin pensar que podía terminar como periodista, la verdad es esa. Yo estuve 33 años dirigiendo, y cuando agarro Belgrano, que acá fue el último equipo que dirigí, eso fue en 2020, yo había quedado dos años antes, en 2018, con (Claudio) Tapia agarrar el sindicato de los técnicos, porque los entrenadores me pedían que agarre y los defienda, porque no había obra social, aportes jubilatorios, farmacia, no había nada. Entonces hablé con Tapia y le dije que me iba a presentar a elecciones, que no quería que me regale nada, simplemente ir a una elección y el que gana, gana. Me preguntó como estaba en el interior, le dije que no conocía a nadie y me dijo que me iba a dar una mano con eso. Empecé a caminar el interior, justo agarro San Martín de Tucumán, después en Córdoba. Yo llenaba en todos lados, donde iba, metía cantidad de gente, le mandaba las fotos a él (Tapia) y me decía “ah, bárbaro, qué bien, qué bueno”. Después había otro grupo en el que estaba Oscar Garré. Hablamos para ir juntos y le dije “Oscar vos vas primero y yo segundo, no quiero ir primero, no me interesa”. Después Tapia me dice que se va para el Mundial de Rusia y que a la vuelta nos juntamos. Hasta ahí, todo bien. Después me habla Oscar (Garré) y me cuenta que le dijeron que se abra de mí. Después mi pibe se fue para Rusia y me dijo si le conseguía las tres entradas para la primera fase. Cuando las empiezo a pedir todos los presidentes me decían que sí y al otro día me decían que no. Hasta que un presidente me dice “mirá Ricardo, no te las puedo dar porque hay orden de Chiqui Tapia que no te las den”. Después de todo esto, voy a la AFA a ver qué estaba pasando. Subo al tercer piso, cuando llego, ¿cuánto tardé? 20 segundos, se escapó, se fue por la puerta de emergencia.
-No te quiso recibir…
-Entonces digo “que raro todo”. Después va al Mundial, el Mundial es un desastre. Ahí sale un video que grabaron, que yo estoy en un sushi y justo digo que hubo una pelea de dos jugadores. El que me grabó se lo mandó al hermano, el hermano lo mando por todos lados y se viralizó. Incluso nombro a Mascherano, que para mí era titular indiscutido. Yo no tenía un problema, simplemente digo “la pelea se dio así” y listo. Después agarro Belgrano y cuando me escribía con él (Tapia), me leía y no respondía. Me cortó. Yo le preguntaba cuál había sido el problema. Decime alguna cagada que me mandé y listo, no digo más nada, sigo dirigiendo y me olvido del gremio de los técnicos. La cuestión es que voy a jugar con Belgrano a Barracas. ¿Vos viste lo que es jugar con Barracas ahora? Imaginate lo que era antes, en el Nacional B. Me hizo de todo: me corta la luz, me corta el agua, me puso de referí a ese Nelson Sosa para que me mate. Me terminan echando, me quedé con 9…fue el único partido que perdí con Belgrano. Me la siguieron en otros partidos, otras canchas. Y ahí dije “ya está, no dirijo más”. Todos creen que la pelea fue después del Mundial, pero no, fue algo de antes del Mundial. Ahora, el día de hoy si vos me preguntás si estoy enfrentado con él, sí, ninguna duda. Si vos me preguntás el motivo, no te lo puedo decir.
-Todo lo que vino después, la selección argentina ganando Copas América, el Mundial…¿le salvo la vida?
-Sí, le salvo a la vida.
-¿Vos sos fanático de la Selección?
-No, no soy fanático. Me gusta verlo porque hay muchos jugadores que me gustan, como la dupla de centrales. También soy un admirador de Lautaro Martínez. Y lo máximo que lo pudo pasar a la Argentina fue Dibu Martínez, fue fundamental, por encima de todos. Él le cambió la vida a la Selección.
-Antes hablabas de que no ibas a dirigir más, pero veo que te suena todo el tiempo el teléfono, ¿si te llama un club que harías?
-Me llamaron, de doce equipos me llamaron. Siete de la A y cinco del ascenso. Todo esto fue el año pasado y ninguno se animó a llevarme por el problema que tengo yo (con Tapia). Fijate que fui a Uruguay, agarré un equipo que recién había ascendido (Miramar Misiones), me tocó debutar con Nacional de Montevideo. En cinco días armé todo el equipo y le hice un partidazo. Les hago un gol a los 87, y me tuvieron siete minutos para anularlo. Vamos a jugar contra River de Montevideo y si ves el gol que me anula (Esteban) Ostojich es para suicidarse. Todos los árbitros que son amigos del poder y el poder de allá es amigo del poder de acá. Además empezaron a decir “para que traes a Caruso, que está enfrentado con la AFA”.

-¿Qué equipo te hubiera gustado dirigir y no pudiste?
-Estudiantes de La Plata, por mi viejo. Aparte la gente de Estudiantes me quiere mucho, tengo buen feeling con la gente de Estudiantes.
-Y si te llama Verón, ¿irías a dirigir a Estudiantes?
– Me costaría, porque tuve problemas de salud, y esos problemas me condicionaron mucho.
-¿Cómo empezaron esos problemas de salud?
-Un día iba caminando, dando vueltas en el Hipódromo, y la guardia de la clínica estaba abierta y ví que no había nadie. Hacía como seis meses que me quería hacer una tomografía de la cabeza. Entonces me decían “¿pero por qué?“, porque mi papá tuvo un aneurisma a los 60 años. Entonces cumplo 60 y dije ”me voy a hacer una tomografía por las dudas“. Me hice el estudio, justo me lo hizo un chico que yo había probado como jugador en Tigre. Después me fui al canal donde trabajo, en TN Deportivo. A las tres de la tarde me suena el teléfono. ”Señor Caruso Lombardi, somos de la clínica, ¿puede venir, porque vimos algo que no nos gusta». Se me atragantaron los fideos, pensé lo peor. Cuando fui me preguntaron si tenía algo neurocirujano amigo, porque habían encontrado una mancha en la cabeza…
-¿Fuiste solo?
-Solo, sí, hasta ahí nadie sabía nada. A la noche estaba la despedida de Gallardo (NdR: de su primer ciclo en River, en 2022). Me quedo solo mirándolo. Mi mujer estaba arriba con el más chiquito, los otros, los más grandes viven cada uno en su casa. Miraba lo de Gallardo y lloraba, no por Gallardo o por River, lloraba por lo que me estaba pasando y yo presentía lo peor. Pensaba “estoy al horno”. Me hicieron más estudios y me encuentran un tumor en la cabeza, de cuatro centímetros, era como una ciruela. Como no tenía ningún síntoma me dicen que capaz se podía dejarlo, tal vez años. Se llama meningioma. El tumor estaba en un lugar difícil, porque si estuviera en otra parte te operan y lo sacan de raíz, pero el mío estaba sobre la vena principal. Después me hice más estudios y no me tocaba ningún nervio, no me podía afectar el nervio motor de los ojos, de la boca, el habla. Después vi a otro médico, me dijo que no había crecido, que estaba igual, me dijo “vamos a dejarlo, no lo toquemos”. A los tres días estaba mirando la tele en casa y el ojo derecho se me cierra, y el izquierdo se me empieza a nublar. La cuestión es que el líquido raquídeo se me empezó a instalar atrás de los ojos, de los nervios ópticos. ¿Por qué? Porque el líquido no daba abasto a salir, se empieza a desparramar. Me empezaron a agarrar jaquecas. Fui a varios lugares más y al final el 7 de enero (de 2023) me tenían que operar y yo no quise, estaba todo cagado. Además, alguien con quien hablé me dijo “no te operés, es jodido”. Listo, no me operé. El 7 a la noche me internan de urgencia por una pancreatitis. Si me hubiera operado ese día y me agarraba la pancreatitis, estaba al horno. Me terminan operando el 28 de enero del 23. Me sacan el tumor, pero no lo pueden sacar entero. Cuando llegan a la vena lo tienen que raspar, no pueden tocar la vena porque se complica, podés quedar tonto, turulo. Me tengo que hacer chequeos, porque puede seguir creciendo y creció. Cuando yo me vengo de Uruguay ya había crecido bastante. Ahora está por la mitad, como de dos centímetros. Y si sigue creciendo y me vuelve a molestar, me voy a tener que operar otra vez de la cabeza.
-¿Y cómo llevás adelante esta situación?
-Es muy complicado. Cuando me operaron me costó, después me recuperé. Cuando me van a sacar los puntos pensé que era un tajito, pero cuando el doctor iba por el punto número 20 lo miro y le digo “tordo, me fui al descenso, ya me sacaste 20 puntos”. Cuando me operaron yo me despedí de todos, sobre todo de mis hijos, los más grandes.
-¿Cómo fue ese charla?
-Y, es difícil. Uno le abre el panorama a los chicos, para que sepan cualquier cosa que me pase. Le dieron para adelante, nunca les pregunté nada.
Después empiezo a tener muchos problemas en la vista, porque el líquido no se me iba. Estaba con los ojos llenos de líquido. Entonces estaba tomando una pastilla que calculé que me iba a sanar, pero me estaba lastimando otras cosas. Entonces de golpe en febrero empiezo a perder la vista del ojo derecho, mucho. Y ahí deciden que me tengo que poner una válvula en la cabeza, para drenar ese líquido. Me ponen la válvula de 200 mililitros, pero no anduvo bien. Me tuvieron que poner una válvula de 400 y con esa mejoré el tema de la vista. Hoy está controlado el tema del líquido con la válvula que tengo puesta en el cuerpo, pero a la vez tengo que esperar el tema de la cabeza, que no me siga creciendo para que no me vuelvan a operar.
-Entonces claro, que vas a querer dirigir…
-Además, no te olvides que yo peleé diez u once descensos seguidos, el descenso es terrorífico. De diez descensos, me salvé en nueve. Todo bárbaro, la gente te adora. Pero por dentro, el estrés te hace mierda, a la noche no podés dormir. No me arrepiento, pero no es vida. Ahora es más fácil, porque el descenso es uno de 30 equipos. Antes eran tres o cuatro.
-Encima te pasó en clubes como Racing, San Lorenzo…
-A la noche pateaba en la cama, a mi jermu le daba cada patada… pedía penales a las cuatro de la mañana. Me empezaron a agarrar problemas de sueño, me agarró de todo: la presión alta, triglicéridos, colesterol…

-Y esto que me decías antes, que por ahí el tumor está creciendo, ¿cómo vas llevando eso? ¿es un charla interna, con los médicos?
-Cada seis meses voy y me hago el estudio, cada vez es una tortura. Pero trato de vivir lo mejor posible. Por mi familia, por mi vieja, que tiene 90 años. Tengo los chicos, mi mujer. El hacer periodismo me ayuda, porque sigo estando al tanto de todo lo futbolístico. Y soy un tipo que tengo mucha información y no me equivoco. Y cuando yo doy nombres y apellidos no me equivoco y doy en la tecla. No me quieren enfrentar porque saben que sé, que no soy un boludo y que soy un tipo que la tengo bastante clara.
– ¿Cómo te caía cuando te etiquetaban, que te decían vendehumo o cometero?
-Lamentablemente tenés que convivir con algunas cosas. Yo estaría mal si supiera que lo hice, si me hubiera mandado una cagada. Entonces yo estaría mal. Pero como se que nunca hice nada de eso. Pueden decir lo que quieran, jamás van a corroborar nada. Estoy muy tranquilo.
-Vamos a hablar de algunas de tus peleas más recordadas. Con el Turco Asad, ¿tuviste oportunidad de hablar después?
-A los dos meses de eso me lo cruzo en una concentración, en un hotel en el centro. Yo dirigía Newells y él dirigía Godoy Cruz me parece. Le dije “Turco, escuchame una cosa, ¿a vos alguien te dijo alguna vez eso?» (NdR: se refiere al gesto que hizo Asad, de que le pedía plata a los jugadores). Me dijo que no, que lo había escuchado en una parrilla, que yo le pedía plata a los jugadores. Le dije que yo estuve mal, porque le tiré un pelotazo porque había cargado a un jugador mío y le dije que le tiré de bronca el gesto que hice (NdR: había hecho el gesto de que Asad consumía drogas). Fue clarito como como fue ese quilombo. Y después de ese día con el Turco nos saludamos y no pasó más nada.
-La siguiente es la del Chori Domínguez
-Eso fue en cancha de River, le hacen un foul al Chori Domínguez, se tira al piso, viene (Pablo) Lunati corriendo y le digo “amonestalo o echalo a la mierda”. El Chori se da vuelta, y me dice “callate, si vos le ponés plata a los pitos (por los árbitros)”. Yo ahí le digo que se pinta las uñas y hago el gesto del pelo. Después vinieron (Fernando) Cavenaghi y (Lucas) Ocampo y les tiré unas bombas también. En un momento me tiran del pelo, me doy vuelta y era Matías Almeyda. Nos echaron a los dos. Al Chori lo ví hace dos o tres años atrás en un asado en la casa de Martín Liberman. Cuando lo ví le dije “¿te pintaste las uñas?» y nos empezamos a cagar de risa.
-¿Cuándo ves estas imágenes qué te pasa ahora? ¿Te arrepentís?
-De esas no, las que me dan vergüenza no las hice nunca más. Por ejemplo la de Huracán-Tigre. Una pelea con el árbitro que le dije de todo. Ahí me cagó mal y aparte fue un proceso de cosas que venían pasando, entonces no lo soporté.
-Y te viste en esa imagen, te viste mal.
-Aparte los pibes míos cuando llegué a casa estaban llorando. Y me dije “esto no puedo hacerlo nunca más” y no lo hice nunca más. O sea, lo que hice mal no lo vuelvo a hacer. No me arrepiento, pero no lo vuelvo a hacer. Eso sí, las contestaciones siempre están. Vos me atacás, yo te ataco.
-Y la pelea con Fabián García es la más icónica. Hay gente que piensa que estaba armada.
-No, para nada. Yo salía de una entrevista en TyC. En ese momento me había salvado con San Lorenzo. Él (García) era ayudante de campo de Madelón. Yo lo suplanto en Quilmes y me salvo con Quilmes, después voy a San Lorenzo y me salvo con San Lorenzo. Yo voy al programa Estudio Fútbol y salgo con los regalos. Cuando estoy cruzando San Juan, para un auto y se baja él y dos más. En ese momento no lo veo. Cuando yo estoy cruzando y subo la vereda, lo veo venir y cuando viene yo lo saludo. Y te digo más, yo piso pisó caca de perro. Entonces en el cordón hay un poquito de césped, empiezo a limpiarme la zapatilla y cuando estoy mirando el pie, viene a la carrera -el tenía 10 años menos y hacía boxeo- y me mete una piña a traición. Eso no se ve en las imágenes. Me pegó una piña en el medio de la sien, me explotó la cabeza. Se me caen todos los regalos. Lo único que salvo es el teléfono, que me lo pongo en el bolsillo. Ahí me doy vuelta y le digo “hijo de puta”, lo empiezo a putear, “traicionero hijo de puta”. Yo quedé medio destartalado. Agarro una madera de un árbol y me pongo para pegarle en la cabeza. Le tiré un maderazo y él se corre. Cuando se corre, yo me le tiro encima y le agarro la cabeza. Terminamos en el piso, yo de espaldas al piso, con él arriba. Él me pegaba de arriba y yo le pegaba de abajo. Ahí me empiezan a pegar patadas en la pierna izquierda (otra persona). Cuando me paro estaba muerto. Entre pelearme en el piso, la piña que me pegaron y las patadas, estaba muerto. Entonces lo empiezo a seguir de bronca. Cuando yo lo empiezo a seguir, vos fijate que la cámara me agarra ahí cuando yo paso el estacionamiento, agarro una silla. Ahí aparece el policía que se me pone adelante. Después me cargan porque le pegué al policía, le saco la gorra sin querer, quería que se corra. Me acuerdo que él (Fabián García) estaba con dos más, uno de campera negra y uno de campera amarilla. No vino solo, vino con esos dos. Uno de esos dos me quería embocar, ahí me doy cuenta y le digo eso de “no me midas”. Tiro un zurdazo y le erré por un pedazo. Después, cuando va contra el coche, yo le pego una patada. Él me vino a atacar porque él decía que yo le comía la cabeza a los dirigentes contra él.
