Benicio del Toro volvió a la pantalla grande como Sensei en la película Una batalla tras otra, donde interpretó a un maestro enfrentado a diversas amenazas. El actor puertorriqueño, con casi cuatro décadas de trayectoria, reafirmó su inclinación por papeles poco convencionales, según declaró en entrevista con W Magazine.
Este trabajo, dirigido por Paul Thomas Anderson, le valió su segunda nominación al Globo de Oro y lo posicionó en el centro de la conversación cinematográfica. La película fue anticipada como uno de los grandes estrenos del año y reveló nuevas facetas en la carrera del actor, quien no teme a los desafíos escénicos: “Trabajamos con muchos que no eran actores y eso me obligó a estar siempre alerta”.
En la entrevista con la revista, Del Toro recordó cómo comenzó su participación en el proyecto: “Paul Thomas Anderson me llamó por teléfono y me preguntó si quería estar en su película. Le respondí: ‘Por supuesto’. Él es uno de esos directores con los que cualquiera sueña trabajar”.

Tras aceptar el papel, Anderson le envió una postal. “Me mandó una foto de un cartel con un tigre vestido con un kimono de judo. El nombre de mi personaje es Sergio St. Carlos, también conocido como Sensei. Dije: ‘Está bien, hagámoslo’”, relató el actor.
La experiencia en el set y el trabajo con no actores
Sobre el rodaje, Del Toro destacó la metodología de Anderson: “La cámara de Paul sigue al actor. Espera que aportes tu propia experiencia e interpretación al personaje”, explicó.
Además, detalló cómo fue trabajar junto a Leonardo DiCaprio y un elenco en parte integrado por intérpretes no profesionales: “Tanto Leo como yo trabajamos con muchos que no eran actores; eso nos unió mucho, porque debíamos predicar con el ejemplo. Estos no actores, una vez que encuentran su sitio, no fingen. Eso me obligó a estar siempre alerta”, señaló Del Toro.

Durante el rodaje, el ambiente de colaboración fue fundamental para lograr escenas de gran naturalidad. El intercambio entre profesionales y debutantes permitió que aparecieran momentos espontáneos, lo que, según Del Toro, enriqueció el resultado final. La autenticidad en pantalla, fruto de esa dinámica, se convirtió en un sello de la película.
Entre Paul Thomas Anderson y Wes Anderson
El contraste entre Paul Thomas Anderson y Wes Anderson, con quien también trabajó recientemente en El esquema fenicio, resultó evidente para Del Toro.
“Con Wes, el actor sigue a su cámara. Es algo más parecido al teatro. Si yo fuese músico, actuar para Wes sería más como tocar jazz”, afirmó. “Son estilos diferentes, pero ambos quieren la verdad, aunque suene a cliché”, agregó el actor.

En esa misma película, Del Toro interpretó a un personaje secundario extravagante y rememoró un aspecto central de la producción: “Milena Canonero, la diseñadora de vestuario, es una maestra. Cuando me puse la bata de fumar y las pantuflas, sentí que estaba dentro de un libro desplegable”.
Vocación, primeros pasos y búsqueda de autenticidad
La inclinación de Del Toro por asumir papeles incómodos proviene de su propia curiosidad sobre el oficio actoral. Aunque admitió que esta búsqueda no surgió en sus inicios: “Yo quería jugar baloncesto, eso fue lo que me mantuvo alejado de problemas”.
“Cuando estaba en la universidad, lo que buscaba era que los estudios fueran sencillos, así que tomé una clase de actuación. ¿Cómo podría salir mal? Resultó que sí podía salir mal”, expresó el actor con ironía y entre risas.

Es más, Del Toro compartió una anécdota sobre sus primeros pasos profesionales, ya que la primera vez que recibió elogios fue tras representar a un muerto en escena.
Ese episodio, junto a su debut en cine como Duke, el Chico con Cara de Perro en El Regreso de Pee-wee, marcaron el inicio de una carrera definida por la disposición de Del Toro para asumir desafíos inesperados y personajes singulares.
Una búsqueda permanente de autenticidad, su apertura al riesgo y la convivencia con debutantes se convirtieron en sellos de una carrera que desafía los límites convencionales en la industria cinematográfica.
La elección de personajes incómodos y escenarios imprevisibles continúa posicionando a Del Toro como una figura única y respetada en el cine internacional.
