
“…es indudable que el magisterio social pontificio del Papa Francisco giró en torno a la persona del trabajador.” (E. Cuda). “La dignidad del trabajador a partir del magisterio social pontificio del Papa Francisco”, en La teología argentina y el Papa Francisco, pág. 45 y ss., Ed. Ágape Libros, Ciudad de Buenos Aires, 2022.
En esa línea, Laudato si’ da un paso más en el magisterio social de la Iglesia iniciado por el Papa León XIII con su encíclica Rerum Novarum, y dice Francisco, citando a Benedicto XVI (LS 127): “Es necesario que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos”, respetando su dignidad contra la cultura del relativismo que da lugar a “la patología que empuja a una persona a aprovecharse de otra y a tratarla como mero objeto, obligándola a trabajos forzados… (o el error de proclamar) que las fuerzas invisibles del mercado regulan la economía, (y) que sus impactos sobre la sociedad y sobre la naturaleza son daños inevitables” (LS 123).
Bajo el subtítulo: Un desafío urgente de nuestro tiempo, dicen Giovanni Cucci y Aldo Giacchetti en la revista La Civiltà Cattolica que “pareciera que uno de los desafíos más importantes de nuestro tiempo es el de reconocer, a través de la experiencia, la dignidad ontológica propia y ajena (…) y los derechos y deberes que de ella se derivan”.

La dignidad
Romano Guardini afirma que “Dios creó al hombre por amor, otorgándole un valor absoluto superior a su propia finitud”. Así, la dignidad del hombre se deriva de la divinidad en la relación interpersonal de un ser humano dotado por Dios de dignidad y otro que responde a esa dignidad. Este yo-tú ocurre en el marco de la comunidad de seres morales.
Habermas sostiene que solo pueden ser considerados miembros de la comunidad moral de comunicación aquellos seres que pueden obligarse recíprocamente y esperar de los demás comportamientos conformes a normas. La “dignidad humana”, en sentido moral y legal estricto, está ligada a esta simetría de relaciones.
El art. 1 del Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) afirma que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Es decir, el ser humano debe ser tratado siempre al mismo tiempo como fin y nunca como medio. Según la perspectiva de Kant (Fundamentación de la metafísica…), el imperativo categórico reza: “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca solamente como medio” (Ed. Porrúa, México, I.1996, 44s). Diríamos: tratar al otro como persona y no como mero instrumento.
Un imperativo sagrado es el acceso al trabajo para todos
En el caso de la dignidad del trabajador en la relación de trabajo dependiente, nos referimos a la consideración y el trato recíproco del empleador y los trabajadores, así como a la relación de los trabajadores entre sí y de estos con los dirigentes que los representan, es decir, lo que se conoce como la comunidad del mundo del trabajo. Sin perjuicio de ello, el trabajador es portador de dignidad en tanto actúe como tal. Nótese, además, que el rostro del trabajador no es cualquier rostro.
“Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén para que lo trabajara y lo guardara” (según el Génesis 2:15, n. nota anterior, Infobae, 18/01/26), para el bien de todos, y requiere del hombre, como lo afirma el Papa Francisco en LS 124 y 125, que continúe su obra creadora. Y lo hizo partícipe de su divinidad.
Trabajo decente vs. trabajo indigno
Conforme a las enseñanzas pontificias, el trabajador, en la medida en que sea considerado y tratado con respeto en el contexto laboral, puede acceder a un trabajo digno o, por el contrario, a un trabajo indigno. Benedicto XVI llamaba “trabajo decente” a aquel que es expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores y trabajadoras al desarrollo de su comunidad (Caritas in veritate, 63). Trabajo indigno es aquel que no cumple con estas condiciones, como el trabajo precario, mal pago, forzado, insalubre, etc.
Los riesgos del desempleo o del trabajo precario
En el mensaje que el Papa Francisco dirigió a la jornada de formación e información promovida en Roma en la Audiencia General del 13 de diciembre de 2023 ante las Acli (Asociaciones Cristianas de Trabajadores Italianos), señaló el drama de la falta de empleo y los riesgos de uno precario y deshumanizador, invitando a todos a un compromiso común para proyectar el futuro más allá de las oposiciones sectoriales, prestando especial atención a la falta de empleo de los jóvenes. Entre 2023 y 2025 disminuyó el porcentaje; no obstante, el desempleo juvenil está actualmente entre el 19,8 y el 21,7%, y la precarización alcanzaba en octubre último el 33,2% (datos de Istat y Trading Economics, fines de 2025, cifras que desmienten la opinión de Ratazzi del último viernes en diálogo con Novaresio). La realidad argentina en esa materia, medida a la misma fecha, señala que las cifras alcanzan el 37,3% entre 16 y 19 años, y el 22,6% para el segmento de 20 a 24 años. Se presentan ejemplos como simples referencias, sin considerar la desocupación o el empleo precario por actividad o de mayores de 50 años.
Las opciones de la política económica y social frente a las crisis de los últimos años
En una entrevista, el cardenal Peter L.A. Turkson, quien fuera prefecto del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral del Vaticano con el Papa Francisco y actualmente canciller de la Pontificia Academia de Ciencias y Ciencias Sociales, dijo: “Frente a las graves crisis económicas y financieras que vive el mundo, las opciones políticas tendrían que tener como objetivo colocar nuevamente en el centro del mundo del trabajo la dignidad de la persona humana, favorecer la innovación empresarial, sobre todo la juvenil, la alternancia escuela-trabajo, las inversiones en infraestructuras y un sistema financiero llamado a apoyar la economía real y no a emprender operaciones financieras arriesgadas planteadas como fines en sí mismas. Para relanzar el crecimiento económico y el consumo hay que apoyar el trabajo con políticas adecuadas”. (Civilttá Cattolica Iberoamericana, Año 2, Nro.21, pág. 81).
El Papa Francisco y el trabajo juvenil
Francisco piensa en particular en los jóvenes que buscan superar la actual circunstancia de ver pasar los años con la sensación de que nunca alcanzarán la meta deseada, y por eso, dice: “Vuestra iniciativa me llega al corazón”.
“Contratos de duración determinada, empleos tan cortos que te impiden planificar tu vida, bajos ingresos y escasa protección parecen ser las paredes de un laberinto del que no encuentras la salida. Queridos jóvenes, necesitáis como el pan que alguien os coja de la mano y os ayude a superar esta precariedad y sensación de vacío, sacándoos de las arenas movedizas de la inseguridad”.
Cuidado con el trabajo mercantilizado
“Presión constante, ritmos forzados, estrés que provoca ansiedad, espacio relacional cada vez más sacrificado en nombre del beneficio a toda costa. Es un trabajo ‘mercantilizado’, que crece en nuestro contexto, dominado por un mercado que se hace cada vez más acelerado y complejo para ser competitivo. (…) un trabajo deshumanizado, donde las tecnologías modernas, como la inteligencia artificial y la robótica, amenazan con sustituir la presencia humana”.
El trabajo es el protagonista de la esperanza
“La esperanza, de hecho, no es optimismo que depende de las circunstancias, sino confianza que se engendra a través de la construcción comprometida y participativa del bien común. El trabajo, por tanto, es el protagonista de la esperanza, es la forma de sentirse activos en el bien como servidores de la comunidad, porque ocuparse de los demás es la mejor manera de no preocuparse por cosas inútiles”.
Con esperanza de proyectar juntos el futuro sin contraposiciones ideológicas
El mensaje de Francisco concluye con una invitación a un compromiso común, el único capaz de afrontar los grandes problemas de la natalidad, la crisis medioambiental y el empleo:
“LaboDì (Laboratorio de ideas para el trabajo) implica a la Iglesia, al mundo de la educación, a las instituciones, al tercer sector, a los sindicatos, a las asociaciones, a los empresarios y a las empresas, que deben captar la riqueza de los jóvenes y de sus sueños. Qué importante es pensar y planificar el trabajo juntos, sin contraposiciones ideológicas ni aislamientos estériles: no dará fruto la lógica de los fanatismos, sino la de la colaboración”.
El papel de la Iglesia en el actual mundo del trabajo
Volviendo al reportaje al cardenal Turkson citado anteriormente, este señala que un papel importante consiste, en primer lugar, en difundir la concepción del trabajo propia de la doctrina social de la Iglesia.
Entiende que el trabajador es partícipe de la acción creadora de Dios y explica: “Dios creó los árboles pero no los muebles; esta es una tarea del hombre, de su creatividad e ingenio” (op. cit., pág. 81). En segundo lugar, observa que, como dice Juan Pablo II, el hombre con su trabajo se realiza a sí mismo, el trabajo le permite alcanzar la plenitud de la propia dignidad. En igual sentido, Remy Kwant, en su Filosofía del trabajo, dice que a través del trabajo el hombre y la mujer se autoactualizan.
La denuncia en relación a las normas del derecho del trabajo no reconocidas o violadas
“En segundo lugar —dice Turkson, quien fuera uno de los candidatos a suceder al Papa Francisco— la Iglesia debe desarrollar una función de denuncia de los contextos laborales en los que no hay condiciones de trabajo que puedan definirse como ‘dignas’; de denuncia de todo lo que humilla el trabajo y lo niega, de denuncia de la cultura del descarte —por utilizar las palabras de Francisco—. El Compendio de la DSI afirma que la doctrina social implica también una tarea de denuncia. Tal denuncia se torna en juicio y en defensa de los derechos (del trabajo) no reconocidos y violados (…). Al mismo tiempo, la Iglesia debe hacerse promotora de buenas iniciativas en tal sentido…”
La remuneración del trabajo y la familia del trabajador
Y prosigue diciendo el cardenal Turkson que “la remuneración es, sin duda, un instrumento importantísimo para realizar la justicia en las relaciones de trabajo: el salario justo es el instrumento que permite al trabajador y a su familia vivir una vida digna”. Recomienda la lectura de la Carta de Benedicto XVI Caritas in veritate N.63 sobre la magnitud e importancia del salario.
Otros aspectos del no cumplimiento de principios sobre el mundo del trabajo
El extenso reportaje de Civiltà a Turkson exhorta al mundo empresario y financiero a cumplir con el interés del bien común, respetando los derechos de las poblaciones en los emprendimientos mineros y cumpliendo con las normas de la “responsabilidad empresaria”. Señala, asimismo, que la encíclica Laudato si’ reclama condiciones de salud, seguridad y justicia para los trabajadores y para las poblaciones donde “las empresas mineras se instalan para la destrucción y no solo explotación de los recursos, desconociendo el principio del cuidado del medio ambiente” (op. cit., pág. 85). Los estudios de impacto ambiental, las audiencias públicas y previas con las poblaciones del lugar y las consideraciones de un desarrollo integral también deben ser contemplados. Además, Turkson se refiere a la industria 4.0 y a los avances tecnológicos, que deben tener como consideración central al ser humano y no solo la ganancia, especialmente para los jóvenes.
