
Un trabajo internacional coliderado por el CSIC ha documentado el declive en regiones de todo el planeta durante los últimos 25 años de las cargas ganaderas, es decir, de la cantidad de animales que un terreno puede soportar de forma sostenible. Esta tendencia global afecta a zonas que concentran más del 40% del ganado mundial y, de forma destaca, a Europa del Este, cuya cabaña ganadera se ha reducido un 35% en los últimos 25 años.
El estudio, liderado por el investigador José D. Anadón del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) y Osvaldo E. Sala de la Arizona State University analiza los patrones globales de variación en las cargas ganaderas y los relaciona con factores socioeconómicos, tecnológicos y climáticos. Además, evalúa las consecuencias ecológicas que estas disminuciones pueden tener sobre el funcionamiento del planeta.
Los resultados, publicados en ‘The Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS), muestran la disminución de la densidad de ganado en los pastizales de las regiones más prósperas, que cuentan con poblaciones estables, mayor disponibilidad de piensos y sistemas ganaderos menos dependientes del pastoreo.
Frente a esta tendencia, reflejada en los datos de Europa, América del Norte, China y norte y sur de África, los datos apuntan a que otros territorios de Asia Central, Sudamérica y el África subsahariana han incrementado sus cargas ganaderas debido a un fuerte crecimiento demográfico y a una demanda de proteína animal en aumento, a pesar de sus limitaciones tecnológicas.
De acuerdo con los autores de la investigación, la magnitud de este declive del ganado en algunas zonas del planeta «ha pasado en gran medida desapercibida» en la literatura científica y en los diagnósticos globales. Desde su punto de vista, a esto ha contribuido la falta de información homogénea sobre el pastoreo extensivo y su dinámica –donde los datos disponibles son «sorprendentemente limitados»– y las cifras sobre otros cambios en el uso del suelo, que se conocen con mayor precisión.
A su juicio, esta tendencia global que han identificado sobre la reducción de ganado «cuestiona la narrativa dominante que señala al sobrepastoreo como causa de la degradación de pastizales». «Durante décadas hemos interpretado los pastizales del planeta desde la óptica del sobrepastoreo. Sin embargo, una parte sustancial del mundo está experimentando justo lo contrario: menos ganado, menor presión de pastoreo y transformaciones ecológicas profundas», ha destacado José D. Anadón.
«EFECTOS ECOLÓGICOS SIGNIFICATIVOS»
Al margen de ello, la investigación incide en que la marcada reducción de la ganadería extensiva está desencadenando «efectos ecológicos significativos a escala regional y global». Por ejemplo, apunta a que la disminución de esta práctica favorece una acumulación descontrolada de biomasa vegetal y puede provocar un aumento del riesgo de incendios.
Asimismo, habla que cómo la reducción de la ganadería extensiva puede contribuir a la pérdida de especies vegetales vulnerables al permitir que unas pocas especies competitivas dominen la vegetación. Por esta parte, también ha explicado que la disminución del ganado implica una menor escorrentía y, finalmente, una menor cantidad de agua disponible para los usuarios.
Al mismo tiempo, indica que la disminución del pastoreo puede incrementar la cantidad de biomasa y favorecer la captura de dióxido de carbono atmosférico, con posibles beneficios para el clima. «No se trata, por tanto, de un escenario únicamente negativo o positivo, sino de una realidad más compleja que combina riesgos y oportunidades», ha aclarado Anadón.
«UN MARCADO SESGO» EN LA LITERATURA CIENTÍFICA
El estudio revela que hay «un marcado sesgo» en la literatura científica ya que existen diez veces más trabajos dedicados al sobrepastoreo que a la reducción de la carga ganadera. A juicio del investigador del IPE-CSIC, esta «desproporción» ha contribuido a una percepción global de degradación de los paisajes generalizada, condicionando tanto la investigación como las decisiones de gestión.
En este sentido, los autores instan a revisar las prioridades científicas y políticas para incorporar de forma equilibrada tanto las regiones en las que la ganadería se intensifica como aquellas en las que los herbívoros están disminuyendo, dada su relevancia para la seguridad alimentaria, la biodiversidad y los ciclos globales del carbono, el agua y la energía.
Además, indican que aunque la reintroducción de fauna silvestre o el uso de otros tipos de herbívoros podrían, en algunos casos, sustituir parcialmente las funciones ecológicas que desempeña el ganado, se necesita un mayor conocimiento científico para entender qué estrategias funcionan, en qué lugares y bajo qué condiciones.
