En medio de los temblores políticos y económicos que se viven en la cima del poder, Javier Milei decidió públicamente apostar su destino a solo dos números: el 7 y el 26. Como si fuera un jugador al que le sobra confianza y le faltan fichas.
El riesgo de esa definición es alto. Sobre todo, al haber sumado a la apuesta la primera fecha, la de las elecciones bonaerenses del primer domingo de septiembre. Las más desafiantes e inciertas para el oficialismo, antes del gran partido que configuran las legislativas nacionales del último domingo de octubre.
Lo venía diciendo el Presidente en privado y lo había dicho en público el ministro de Economía, pero ayer Milei lo reafirmó con todo el énfasis que suele ponerle a sus entusiasmos. “El 7 de septiembre vamos a poner fin al kirchnerismo”, sorprendió en el inicio de su mensaje de 56 minutos y antes de afirmar que todas las turbulencias se deben a la incertidumbre que generan las elecciones “por culpa de los kukas y se van a terminar en octubre”, sentenció en el almuerzo del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (Cicyp).
El Presidente estableció así que solo un triunfo (inapelable) en octubre, que le ponga “el último clavo al ataúd del kirchnerismo” y “una buena elección en septiembre”, como matizó después, harán que los tropiezos económicos y financieros actuales puedan superarse.
Más que una incitación a apoyar a sus candidatos en las urnas, también fue una forma de decir que, a su juicio, las complicaciones no pueden ni deben atribuirse a errores propios o de su equipo tanto en lo económico como en lo financiero. El silogismo también conlleva la arriesgada alternativa de que, de no darse esos triunfos vitales, todo tenderá a empeorar.
El meollo del discurso presidencial, con reiteradas arengas a ir a votar para darle aún más cariz de acto de campaña a su presentación, causó cierta inquietud y perplejidad en empresarios y ejecutivos de empresas presentes. La sorpresa la acentuó que el Presidente incluyera la elección bonaerense como un mojón clave para su gestión y respecto de la cual hay absoluta incertidumbre sobre el resultado, incluso para los optimistas del oficialismo.
Esa sensación apenas si se modificó ante el intento de relativización que hizo más adelante Milei, cuando dijo afirmó que será un buen resultado ganar por un punto o, incluso, perder por poco, ya que, dijo, auguraría un triunfo en las legislativas nacionales. Para subrayarlo, pronosticó: “Lo mejor vendrá en octubre”.
“Nos parece entendible que ponga toda la carga en las elecciones para justificar la incertidumbre actual y seguir pateando la adopción de medidas correctivas. Pero es muy arriesgado que sume la elección bonaerense como un condicionante para salir de esta situación. Si el resultado es peor que el que ellos pronostican, tendremos 50 días demasiado largos hasta las nacionales”, reflexionó el representante de una empresa líder del rubro alimenticio, que padece el freno de la actividad. A su lado asentían ejecutivos de compañías del sector energético y de bebidas alcohólicas.
Los minoritarios aplausos que cosechó el Presidente probablemente deban atribuirse a esa realidad y al tono dominantemente de campaña de su discurso, en el que no hubo más que reiteraciones y tecnicismos sobre la política económica. En ese contexto, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos (último ministro en irse del Hotel Alvear), reforzó el papel de primer escudero presidencial, que ha venido ejerciendo a destajo desde que se destapó el escándalo de los audios por supuestos hechos de corrupción, que salpican a Karina Milei y a su íntimo colaborador Eduardo “Lule” Menem.
“Es lógico que Javier hiciera mención a las elecciones bonaerenses. Son muy importantes para nosotros y las encuestas que tenemos nos dicen que estamos muy parejos”, justificó Francos con optimismo.
Esta vez, Francos evitó hablar del caso de los audios, al que Milei sí volvió a descalificar, llamándolo “artilugio de la casta” y “burda mentira” de “una banda de difamadores”, a los que atribuyó el grave y deleznable ataque a pedradas que sufrieron anteayer él y su comitiva durante una recorrida de campaña por Lomas de Zamora, donde gobierna el kirchnerista Federico Otermín, sucesor de Martín “El bandido” Insaurralde.
El escenario electoral que prevé el Gobierno es coincidente con los números que dan los sondeos de uno de los encuestadores a los que Milei más presta atención, aunque este, como la mayoría de sus colegas, tiene un escenario algo menos favorable para el oficialismo. Y advierte sobre varias dificultades para poder hacer un pronóstico certero. Complejidades que se suman a las ya registradas antes y que dejaron consultores magullados.
“Nosotros vamos a medir hasta dos días antes porque ya vimos que buena parte del voto se decide casi camino a las urnas. A eso hay que agregar que nadie mide la elección de concejales y esa es la parte de la boleta que más pesa en estos comicios provinciales separados de los nacionales. Y, encima, estamos ante una tendencia abstencionista que podría profundizarse el 7 de septiembre”, dice el encuestador en cuyos números el Gobierno confía.
El impacto de los audios
Por si faltaban incógnitas, se agregó como duda existencial, respecto de su impacto electoral, el escándalo de las escuchas clandestinas, que el propio Presidente ya atribuyó al extitular de la Agencia de Discapacidad (Andis) Diego Spagnuolo.
El hecho, según todos los relevamientos, ha tenido altísimo nivel de penetración en la opinión pública y no ha dejado de crecer. La reacción oficial parece haber sido deficitaria y no habría cambiado ese signo la tardía desmentida de Milei sobre el contenido de los audios, que llegó anteayer. Solo después de que se difundiera que el peritaje del teléfono del ahora enemigo Spagnuolo arrojara que no se encontraron mensajes entre este y los hermanos Milei, ya que habrían sido borrados antes de entregar el dispositivo a la Justicia.
No pareció haber mejorado las percepciones la aparición en los medios del titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, otro de los grandes apuntados por Spagnuolo y sobre quien recrudecen cuestionamientos por las relaciones que él mismo admitió tener con el universo de las droguerías, sin desmentir una amistad con el principal apuntado del lado empresario, el accionista y CEO de la droguería Suizo Argentina, Johnatan Kovalivker.
Además, el diputado incurrió en contradicciones como que en su rol de empresario no ha tenido vínculos con el Estado, cuando está corroborado que empresas que él integró y cuya participación cedió hace poco a sus hermanos son y han sido contratadas por organismos públicos.
La interna libertaria sigue en llamas. Las denuncias que hace dos días hizo la diputada libertaria disidente Marcela Pagano por los audios de Spagnuolo contra funcionarios que están bajo la órbita de Francos y que han tenido paso por los organismos de inteligencia agregó más intrigas y sospechas.
Pagano y su esposo habían sido acusados de estar vinculados con las escuchas, lo que ella desmintió rotundamente. Lo que todavía no contó la diputada es si Johnny Kovalivker alguna vez le hizo alguna mención a algo de lo que luego dijo Spagnuolo. Es lo que se preguntan vecinos del barrio La Isla, de Nordelta, que dicen haberla visto varias veces a ella y su esposo, el abogado Franco Bindi, departiendo amigablemente con el empresario en el club house del condominio que comparten.
Pagano volvió a quedar anteayer en el centro de otro incidente en Diputados cuando su excorreligionaria y ahora enemiga íntima Lilia Lemoine intentó obstruir su indagatoria al jefe de Gabinete. El episodio se agravó luego de que se viralizara un chat dirigido a Martín Menem en el que Lemoine culpaba de lo que sucedía a Santiago Caputo. El (¿ex?) tercer integrante del triángulo de hierro, enfrentado con el sector de Karina Milei, también hoy bajo los focos por los audios y que ayer no fue mencionado por Milei entre los “mejores (funcionarios) de la historia”, a los que incluyó en sus autoelogios.
En el intento por acallar el caso tampoco ayudó que siguiera sin conocerse la voz de Lule Menem y que no se escuchara la de su jefa, la hermana presidencial también apuntada, que ayer, a diferencia de ocasiones anteriores, no acompaño al Presidente al almuerzo con los empresarios. A pesar de que se trataba del debut como presidenta del Cicyp de su amiga personal Bettina Guardia de Bulgheroni, quien ayer recibió a Milei con un corto discurso con medidos elogios a su gestión.
Además, resultó llamativo que la secretaria general de la Presidencia se ausentara para ir a apoyar al candidato libertario de Corrientes, cuya elección se realizará pasado mañana y en la que las encuestas auguran una derrota mileísta. “Salvo que todos los que miden estén equivocados, no parece un acierto quedar pegada a una derrota que pudo haberse evitado si no hubiera provocado a la ruptura con el gobernador [Gustavo Valdés]. Eso sí, por lo menos, no se mostró al lado de Lule”, se lamentaba un referente libertario.
De todas maneras, como dijo el Presidente, las elecciones que cuentan son la bonaerense y la nacional. Y, en ese plano, las primeras encuestas conocidas tras el estallido del caso de los audios, como la de Management & Fit, arrojan que el escándalo no provocaría cambios de votos, pero no logran determinar si influirá en la decisión de ir a votar ni quiénes serían los más desmotivados.
La primera parte de esa ecuación es la que mantiene la ilusión del Gobierno para la elección bonaerense como para la nacional. “Todo indica que el caso Spagnuolo no va hacer cambiar el voto de nadie”, se consolaba ayer uno de los más estrechos colaboradores de Milei. En cambio, más dubitativo se mostró cuándo se le preguntó si podría inducir a no votar a electores blandos oficialistas.
La mayoría de los encuestadores coinciden en que los incentivos para ir y, sobre todo para votar a los candidatos libertarios, tras las escuchas, son más bajos para sectores que padecen en su vida cotidiana los efectos del ajuste y que habían votado a Milei para Presidente atraídos por el discurso anticasta. Para ese sector, la prédica anticasta implicaba terminar con los negocios en beneficio propio a través del Estado.
Muchos de ellos son, según trabajos cualitativos, los que aún no quieren castigar al Gobierno y consideran que no hay ninguna oferta alternativa que los convoque. Nadie logra descifrar qué magnitud tendrá ese sentimiento de insatisfacción que se acerca, pero no llega a ser de decepción, entre votantes mileístas.
Tampoco nadie logra desentrañar cuánto afectará al tradicional votante peronista la disputa interna, no saldada y a la que los distintos actores en pugna le suman capítulos.
El caso menos comprensible lo cometió, según muchos dirigentes, Máximo Kirchner, cuando para atacar a Axel Kicillof lo acusó de perjudicar con una distribución arbitraria de recursos al distrito que gobierna la camporista Mayra Mendoza. Con el agravante de que la imputación pareció una admisión de que el municipio no estaría tan bien como publicita el cristiocamporismo.
Minuto a minuto | Así fue la caravana en Lomas de Zamora donde atacaron a Milei
“Estos pibes solo están pensando en 2027 y en limar a Axel para que no pueda ser candidato cantado a presidente y, sobre todo, no pueda designar un sucesor. Por eso, salvo en sus distritos no están jugando para ganar la elección provincial”, dice un importante consejero de la Gobernación, que confía en que los intendentes peronistas harán valer su peso, su interés, su estructura y su espíritu para movilizar votantes.
El oficialismo libertario, en tanto, espera (y ruega) que la fratricida disputa perokirchnerista nivele la cancha del abstencionismo y eso lo beneficie. Es lógico.
La doble apuesta electoral de Milei le dio un carácter demasiado determinante a estos comicios para el destino de su gobierno. Una muy riesgosa apuesta a todo o nada. Se percibió ayer entre los empresarios.