Cuando Javi se proclamó “mesías” sonó algo presuntuoso, pero sabía de qué hablaba. Su suerte está escrita en los libros sagrados: es la “víctima propiciatoria”; es decir, el que carga con los pecados de los otros en plan redentor. Pobrecito, se me estruja el corazón. Qué culpa tiene si su hermana y medio gobierno no entienden las consignas. Ya lanzado a la candidatura presidencial, le pidió a Kari que se ocupara de reunir fondos, “porque las campañas son muy caras”. Javi pensaba en kermeses, pasar la bolsita en los actos, que subiera su tarifa como tarotista, que volviera a vender tortas hechas por ella… (gracias a este emprendimiento de la nena la familia pudo comprar 4 departamentos en Miami por casi 3 millones de dólares). Kari interpretó mal; en el vertiginoso tránsito de la repostería a la política se le volaron los papeles: preguntó con quién podía aprender el arte de la recaudación. Le presentaron a los Menem.
Meses después, ya no le hacían falta lecciones: era un lince. Colaboradores cercanos cuentan que es asombroso su olfato político. ¿Para descubrir talentos? “No, para la guita”. Le atribuyen la novedosa iniciativa de licitar las candidaturas. “No les decía: ‘si querés estar en la lista poné 30 lucas’, sino ‘va a ser la inversión de tu vida’”. El Pelu no lo podía creer: sin kermeses, colectas ni lemon pie, a su hermana empezaron a salirle dólares por las orejas. Cuando le descubrió la fórmula ya era tarde. La había nombrado “Jefe”, y, como corresponde, a los jefes no se les discute. La versión de Kari es muy distinta. Dice que Javi y Caputín un día le explicaron que se proponían hacer un populismo de derecha, liberal en lo económico y ultraliberal en la administración de los escrúpulos. “Entonces yo salté: ¡ah, Menem!”. En cualquier caso, Kari y Lule y Martín Menem formaron otro triángulo de hierro, con el objetivo de articular el partido a nivel nacional; no tan explícito, el segundo objetivo fue la constitución de un fondo patrimonial que diera sustento al proyecto libertario. Por esa acumulación compulsiva de divisas se lo empezó conocer como Triángulo de Hierro blue. Algunos lo equiparan a una asociación ilícita. Ella, que ama devotamente a su hermano, los corrige: “Soy la cajera de Dios”.
El problema es que Kari y sus dos nuevos amigos no usan guantes: donde tocan quedan los dedos. Prácticamente no hay asuntillos inconfesables en los que no estén involucrados, a título personal o como business team: $LIBRA, contratos de seguridad en el Banco Nación, contratos informáticos en Osprera, contratos laborales en agencias del PAMI a cambio de aportes a la causa, y, ahora, el Discapacitadosgate, la trama más cautivante y documentada que hayamos conocido desde el caso Cuadernos. Desconfiada a niveles patológicos (por supuesto, mucho menos se fía de los Menem), la causa real de las diferencias de la Gran Hermana con Caputín es que lo acusa de de fumarse fondos que deberían ser repartidos; me cuesta creerlo de un chico tan correcto. El 70% de la agenda de Kari lo ocupa el atesoramiento. De todo se encarga personalmente, solo trabaja en dólares, cash, y nadie está autorizado a cobrar en su nombre. Hasta prestadores de servicios menores en la Quinta de Olivos han tenido que sentarse a discutir con ella los retornos. La caracterización que hacen de Kari en ese rubro la dignifica en su papel de primera dama: una leona.
A propósito del caso Cuadernos, allí el que hablaba era un chofer, es decir, un testigo; testigo privilegiado, que veía pasar los bolsos delante de sus narices. Después confesaron los empresarios. En el Discapacitadosgate habla el jefe del área, la “boca del caballo”. Como si el informante en Cuadernos no fuera Centeno, sino De Vido. Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos con Spagnuolo. En realidad, podríamos tener una deuda de gratitud mayor si cumple con lo que viene amagando: que va a declarar como arrepentido. Mucho no le creo (sospecho que está poniéndole precio a su silencio), pero, si lo hiciera, qué emoción. Imagínenselo relatando: “Me reuní con Kari y con Lule y les dije que me parecía too much duplicar la comisión que les estaban pidiendo a las droguerías. Encarecía los remedios y tenía un fuerte costo fiscal. ‘Javier nos va a matar’. Me interrumpió Karina: ‘¿Así que trabajás para ellos? Lule, triplicales’”.
Un mundo de coimas, funcionarios con máquinas de contar billetes, mansiones en Nordelta, huidas en autos cargados de dólares, persecuciones policiales, celulares bloqueados o borrados, legiones de espías, grabaciones clandestinas, traiciones, guerras intestinas en el Congreso y en la Casa Rosada, serie infinita de audios que develan el lado más tenebroso del poder. Diosito mío, en este valle de lágrimas no sé si alcanza con un solo mesías.
Sobre todo, si Javi le da una vuelta a su misión salvífica y confiesa urbi et orbi, como hizo el miércoles en Lomas de Zamora: “Les estamos afanando los choreos” (a los kicrchneristas). Bueno, el que le roba al ladrón tiene cien años de perdón.
Proceda, maestro.