SHENZHEN, China – En los años de bonanza de las primeras dos décadas de este siglo, los chinos más ricos se lanzaban a comprar artículos de lujo carísimos, impulsados por el rápido crecimiento económico. El boom llegó incluso a ciudades remotas, poco conocidas fuera de China: Louis Vuitton y Cartier, por ejemplo, tienen tiendas desde Harbin, en el norte, hasta Kunming, en el sur, y en muchas otras metrópolis intermedias.
Ahora, con la economía china en declive y hasta las familias más ricas ajustándose el cinturón, una nueva tendencia está en alza: comprar carteras Gucci y Prada de segunda mano, con raspones y todo. Para algunos, es una forma de mantener las apariencias sin vaciar la billetera.
En enormes tiendas tipo depósitos que brotan en las principales ciudades chinas y en apps de comercio electrónico especializadas, quienes quieren desprenderse de artículos de lujo –a menudo porque sus cuentas bancarias se achicaron– se encuentran con clientes conscientes del precio que buscan un bolso Hermès o unos tacos Dior a precio de ganga.
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Es como una versión china de Poshmark o The RealReal, pero en un país donde hasta ahora la mayoría de los nuevos ricos solo quería lo último y más llamativo.
Así como en los Estados Unidos se habla del “índice del lápiz labial” como un termómetro de la marcha de la economía –en épocas duras, dice la teoría, suben las ventas de cosméticos porque los consumidores se dan un gusto sin gastar en grandes ítems–, la popularidad de los bienes de lujo usados puede verse como un indicador poco convencional de las dificultades que enfrenta China.
Wang Jing, que vive en la ciudad nororiental de Shenyang, empezó a vender productos de las marcas Balenciaga y Burberry que acumulaban polvo en su armario hace unos tres años, cuando no encontraba trabajo. Dice que el boom del mercado de segunda mano responde a un cambio en las normas sociales y a una nueva realidad económica.
“Las mentalidades están empezando a cambiar”, dijo, recordando que antes se consideraba que usar prendas de segunda mano era como ponerse la ropa de una persona muerta. “Este cambio también tiene que ver con la actual recesión y la baja general en el consumo. Quienes antes preferían comprar ropa nueva ahora buscan prendas de segunda mano como una manera de ahorrar”, reconoce.
Señales de enfriamiento
El mercado de lujo usado en China está en auge: creció un 35% este año frente al anterior, según datos de la consultora Digital Luxury Group, incluso cuando el gasto total en este tipo de marcas dentro del país se desplomó casi un 25% en 2024 y se espera que siga cayendo este año.
Aun así, el sector tradicional del lujo en China sigue siendo gigantesco: en 2024 las ventas alcanzaron los US$80.000 millones, de acuerdo con un informe de Tencent y Boston Consulting Group.
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El enfriamiento del lujo refleja el estancamiento económico más amplio en China. El gasto de los consumidores sigue deprimido tras los años de estrictos confinamientos por la pandemia. Los intentos de Pekín por reactivar la economía interna han tenido poco efecto, en gran parte porque la prolongada crisis inmobiliaria está vaciando las cuentas de ahorro en todo el país. Cerca del 70% de los activos familiares en China están ligados a la propiedad.
La caída en los precios inmobiliarios afecta directamente la disposición a gastar en grande, explicó Tianchen Xu, economista sénior de Economist Intelligence Unit en Pekín. “Cuando bajan los precios de las viviendas, la gente tiende a gastar menos porque se siente más pobre”, dijo. “Y cuando los consumidores se vuelven cautelosos, recortan primero en bienes discrecionales como carteras de lujo”.
Guerra comercial
La guerra comercial con Washington solo ha sumado más problemas. Aunque datos recientes sugieren que, por ahora, China resiste la tormenta arancelaria –con exportaciones fuertes en julio y un crecimiento de 5,3% en el primer semestre del año–, muchos economistas prevén que la incertidumbre pasará factura.
A pesar de todo, los compradores chinos millennials y de la generación Z siguen encontrando la forma de darse un gusto. Un sábado lluvioso por la mañana en un shopping de lujo en Shenzhen, capital tecnológica del país, se vio la tendencia: grupos de amigas, madres con hijas y parejas entraban a una enorme tienda vidriada de ZZER, una de las principales empresas de segunda mano de lujo, que tiene una app popular y locales tipo depósito también en Chengdu y Shanghái. Por su tamaño y variedad, algunos comentaristas online comparan a ZZER con un Ikea del lujo.
Dentro de la tienda de Shenzhen, los clientes debían ponerse guantes blancos –para proteger la mercadería– antes de recorrer fila tras fila de coloridos bolsos, pañuelos de seda y relojes brillantes, mientras sonaba música pop animada.
Con la app de ZZER, los compradores escaneaban códigos QR para ver los precios, que iban de cientos a miles de dólares y podían estar rebajados más de un 75% respecto al original. Una cartera rígida de Céline, por ejemplo, estaba a la venta por unos US$680 dólares, frente al precio de una nueva que no baja de US$4000. ZZER y otros revendedores aseguran realizar procesos exhaustivos de autenticación para garantizar que los productos sean genuinos.
Una mujer de 27 años, dueña de una zapatería, que pidió no dar su nombre por privacidad, contó que había llegado esa mañana desde su casa en Chengdu, donde también visita la tienda de ZZER, apenas para conocer la sucursal de Shenzhen. Cuando le preguntaron por qué era tan fanática de la segunda mano, su respuesta fue sencilla: “¡Es un buen negocio!”.
ZZER, que no quiso hacer comentarios, no es la única tienda de segunda mano en ese shopping de Shenzhen. En un local más pequeño llamado Uqio, la empleada Zoey Zhang comentó que antes casi no se veían tiendas de lujo usado; ahora, aparecen cada vez más.
Nuevos aires
El fenómeno no se trata solo de ganar dinero extra para los vendedores. “A algunas personas les encanta comprar cosas, pero después quedan sin usar en su casa”, dijo Zhang. Por eso, deciden venderlas para no ser “desperdiciadores”.
Ese espíritu antidesperdicio también encaja con los cambios políticos más amplios impulsados por Pekín. Antes de que Xi Jinping llegara al poder, en 2013, y lanzara su enorme campaña anticorrupción, las ostentaciones de riqueza estaban de moda, incluso entre las familias de la élite política supuestamente comunista de China.
Ahora, tras más de una década de purgas por corrupción, los tiempos han cambiado. Eso puede llevar a algunos a vender bolsos extra de LVMH, o a comprar versiones más gastadas en ZZER, dijo Adam Knight, cofundador de Yaso, que asesora a marcas internacionales en su desembarco en China.
“Esas demostraciones exageradas de riqueza ya no se ven como apropiadas y hasta pueden ser muy problemáticas si tenés algún tipo de conexión política o trabajás en una empresa estatal”, señaló. “No querés llamar demasiado la atención”.
Economía circular
Las compañías de lujo usado también buscan alinearse con la iniciativa de “economía circular” de Pekín, que apunta a reducir desperdicios y reutilizar recursos. En otro depósito de lujo de segunda mano en el centro de Pekín, Super Zhuanzhuan, un gran cartel quizás exageraba el objetivo: “Ahorra dinero. Salva el mundo.” En su web, la empresa promociona el reciclaje de bienes de lujo como una forma de reducir emisiones de carbono y dar un “pequeño paso” hacia una vida más verde. Los medios estatales chinos también destacan con entusiasmo los beneficios ambientales del boom del usado.
Pero Yaling Jiang, fundadora de la consultora ApertureChina, se mostró escéptica. “El punto de la economía circular en China es enfrentar el problema de la producción, consumo y desperdicio masivos”, dijo. “Esa lógica no aplica al lujo, que representa una porción relativamente pequeña del sector de consumo.”
El lujo de segunda mano en China aún está lejos de los niveles de mercados desarrollados como EE.UU. o Japón, pero avanza rápido, sobre todo en redes sociales. Jiwon Choi, surcoreana de 27 años que creció en parte en Pekín, lo comprobó al visitar la tienda Zhuanzhuan un mediodía reciente. Contó que sus amigas chinas le mandan videos del lugar por Xiaohongshu, una popular red social del país.
La cultura online alimenta una especie de carrera armamentista del lujo, incluso entre quienes no pueden pagarlo, dijo. Jóvenes que ven a influencers y celebridades mostrar sus compras “quieren seguir esa vida de lujo y como no tienen dinero, se conforman con lo de segunda mano”.