Saber aprovechar las oportunidades, mirar al futuro y tener un espíritu inquebrantable en vistas de ese desarrollo. Esos son algunos de los tantos factores que le permitió, durante 2024, matricular 31,43 millones de vehículos a la industria china, superando a Europa y Estados Unidos juntos, cuyas ventas combinadas alcanzaron las 28,98 millones de unidades, un nuevo panorama totalmente distinto el de este siglo si se lo compara con otros tiempos dorados de las terminales estadounidenses, principalmente en tiempos del fordismo.
De todos estos números, las exportaciones chinas alcanzaron niveles récord, con 5,86 millones de vehículos enviados al extranjero, un 19,3% más que en 2023. Entre ellos, los electrificados, que representaron 1,28 millones de unidades exportadas. Los principales destinos de los modelos chinos fuera de su territorio son Rusia, Bélgica, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido y México, en ese orden.
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La automotriz China más grande es BYD (Build Your Dreams, construye tus sueños en inglés) que en 2024 empleó a 900.608 personas (más que ninguna), siendo el séptimo fabricante del mundo por volumen de ventas y el décimo por facturación, según el analista Felipe Muñoz. Para poder sustentar mantener el avance mundial de los vehículos eléctricos, donde el país oriental claramente tiene una ventaja competitiva, como consecuencia de su avanzado conocimiento y bajos costos para esta tecnología, hace falta más energía. Y esto no es solo una necesidad de la industria automotriz, sino que se transformó una demanda generalizada multisectorial en todo el mundo.
Hasta el momento, China cuenta con la presa de las Tres Gargantas, ubicada en el río Yangtsé (Hubei, Yichang), la presa hidroeléctrica más grande del mundo, con una capacidad de generación de energía veinte veces superior al de la presa Hoover de Estados Unidos. Pero el siguiente paso que quieren dar es construir otra fuente de energía, pero de mayor magnitud y mucho más revolucionaria: un sistema solar en el espacio.

Este nuevo gran objetivo chino consiste en crear una central solar espacial. Estas funcionan mediante un sistema de espejos que concentra la luz solar en paneles, que a su vez generan electricidad y esta se convierte en radiación de microondas, que se emite a una antena fija en la Tierra.
Estos paneles CSS son más fiables que los de las casas, ya que no se ven afectados por el clima estacional ni por las noches. Además, pueden generar mucha más electricidad que los terrestres, ya que la luz solar es exponencialmente más intensa en el espacio que en la superficie donde vivimos. Un estudio reciente de la NASA incluso predijo que un modelo de energía solar espacial podría generar energía durante el 99 % del año.

En declaraciones de Long Lehao, científico espacial y miembro de la Academia China de Ingeniería (CAE), “en caso de éxito la energía recolectada en un año equivaldría a la cantidad total de petróleo que se puede extraer de la Tierra”, según lo citaron desde South China Morning Post.
La gran contra del proyecto es su viabilidad, ya que se prevé que el panel solar tenga un kilómetro de ancho una vez ensamblado. Para entender la complejidad del mismo, hay que entender que previamente la Agencia Espacial Europea explicó que fueron necesarios decenas de lanzamientos para construir su Estación Espacial Internacional en órbita baja, y que probablemente se necesitarían muchos más para ensamblar una estación SBSP (aunque el coste de los lanzamientos en todo el mundo sigue disminuyendo).
Ante este panorama, para llevar su conjunto al espacio, Long y su equipo trabajan en el desarrollo del CZ-9, un cohete de carga pesada reutilizable con una capacidad de al menos 150 toneladas. Para lograr dimensionar el desafío, sería como llevar una ballena azul adulta al espacio.
Sin embargo, el sistema solar no es el único plan en la actualidad de China sobre la investigación espacial, también planea llegar a la Luna y construir una Estación Internacional de Investigación Lunar en colaboración con Rusia para 2035.
