“No es solo un vino, es una historia guardada en barricas, con el corazón azul y oro latiendo fuerte”. Ya desde el texto que escribió para la contraetiqueta de Mi Victoria 1994, Leandro Paredes deja en claro que su vínculo con el vino va más allá de un simple hobby. Así como este Malbec mendocino rinde homenaje a su reciente regreso a Boca Juniors, donde comenzó su carrera profesional en 2010, tras 11 años de jugar en el exterior, cada una de las etiquetas que conforman su línea de vinos tiene un significado personal. Un significado que como jugador de uno de los equipos más importantes de la Argentina y como mediocampista de la Selección, trasciende su persona.
La Copa del Mundo obtenida en Qatar, esa que convocó a más de cinco millones de personas a su regreso al país junto a sus compañeros de equipo, es la que ilustra la etiqueta de otro de sus vinos. “Quería contarles que este un vino muy especial –comentó visiblemente emocionado Paredes la semana pasada, durante la presentación de sus nuevos vinos que tuvo lugar en la cava del restaurante El Mercado, en el Faena Hotel Buenos Aires–. Más que nada por la etiqueta, que es algo muy simbólico para mí, para mi familia y para todo el país, que es la Copa del Mundo”.

Mi Victoria es, también, un proyecto familiar que une a Leandro con Vanesa, su hermana. Ella estuvo presente de la presentación realizada ante la prensa especializada, así como también su esposa, Camila Galante. Más tarde, se unieron a la celebración sus hijos Victoria, Lautaro y Giovanni, y sus amigos (entre ellos Ángel Di María y su esposa Jorgelina Cardoso), confirmando el lugar que hoy tiene este proyecto en su vida.
–Leandro, ¿cómo surgió la idea de tener tu propio vino?
–En un principio fue más un hobby compartido con mi hermana que otra cosa. Porque siempre decíamos de chicos que teníamos la ilusión de que un vino tuviera mi nombre, mi etiqueta, o que lo produjéramos nosotros. Pero siempre lo pensábamos como un divertimento. Obviamente que después de un tiempo le empezamos a tomar el gusto el proyecto y hoy es algo que nos apasiona.
–¿Qué lugar tenía el vino en tu casa?
–Mi mamá y mi papá no eran mucho del vino. Pero mis abuelos sí, les gustaba mucho. Tengo recuerdos muy presentes de ellos tomando vino.
–¿Y vos?
–Yo empecé de bastante grande. Creo que recién a los 25 o 26 años empecé a tomar vino. Fue en París, cuando jugaba en el Paris Saint-Germain, donde empecé a encontrarle la vuelta, porque antes no me gustaba, ni lo podía ver.

–¿Tus compañeros de equipo en Europa no tomaban vino?
–Tuve compañeros a los que les gustaba mucho, en Turín sobre todo. Eran italianos que disfrutaban el vino, estaban cerca de la Toscana. Pero en París no, porque eran todos más jóvenes, más sudamericanos, y no lo tomaban.
–¿Y vos cómo le encontraste la vuelta?
–Le dije a “Pocho” Lavezzi, que le encanta el vino: “Quiero empezar a tomarlo”, Y entonces él me dijo: “Yo te voy a hacer un regalo”. Primero me contactó con Alejandro Vigil [enólogo de Catena Zapata y de El Enemigo Wines], que me mandó sus vinos, y ahí me enganché con el Malbec Argentino y con el Gran Enemigo. Pero después, Pocho me regaló como unas 200 botellas de vino, y ahí fue cuando empecé a tomar más seguido. Obviamente que hay vinos y vinos, pero a mí y a Camila nos gusta mucho el Único de Vega Sicilia [España], que es un vino importante: también el Sassicaia [Italia]. Con Pocho probé todo tipo de vinos. Incluso me mandó una carta explicándome con qué comidas acompañar cada uno. Él es muy serio cuando hace un regalo.
–¿Estando en Europa visitaban bodegas?
–A nosotros lo que nos gustaba era ir a restaurantes donde nos juntábamos a tomar vino y nos hacían pruebas, como catas. Es más, en Italia conocí a un sommelier que se llamaba Bernardo Enrico [Mejor Sommelier del Mundo 2024], y que realmente me impresionó mucho. Nos habíamos juntado con otros jugadores –recuerdo que estaban Neymar y Verrati–, en una cava como esta [señalando la cava del Faena donde se realizó la presentación], y Bernardo entró y nos dijo: “Elijan cada uno un vino, el que quieran, aquí hay 6000 botellas. Sírvanlos y yo les voy a decir cuáles son”. Se fue y cuando volvió a entrar probó los vinos que habíamos elegido y servido. Estaban solo las tres copas en la mesa, sin ninguna botella, y él nos dijo exactamente qué vino era cada uno, de qué año era, si había llovido ese año… fue espectacular. Es más, de uno los vinos dijo quién lo había elegido, porque incluso sabía los gustos de cada uno.
–¿Tenés tu propia cava, guardás vino?
–Sí, en Europa tenía una bodega muy grande, con muchas etiquetas. Con la mudanza creí que no me iban a llegar los vinos a la Argentina, pero llegaron. ¡Y ahora me queda chica la cava!
–¿Hoy qué lugar tiene el vino en tu vida?

–La verdad es que es una pasión linda. Porque es algo que hace grupo, que genera buenos momentos y buenos recuerdos. Por otro lado, también tiene un lugar después de cada partido importante, sea bueno o malo. Mientras miro la repetición del partido me gusta tomar una copa de vino porque me ayuda a relajarme y reflexionar.
–Cuando salís a comer, ¿cuál solés tomar?
–La verdad es que cuando voy a un restaurante siempre tomo los mismo vinos. Hay cuatro y cinco que me gustan mucho, como el Gran Enemigo, el Malbec Argentino o La Violeta, y de ahí no salgo. No soy de probar cosas nuevas cuando salgo. pero el otro día un sommelier me ofreció la Linterna [Bemberg Estate Wines] y me gustó mucho.
–Ahora que estás de regreso en Buenos Aires, ¿a dónde te gusta ir a comer?
–Me encanta la cava del Faena. Me gusta también el restaurante Cauce, me gusta Don Julio. Son todos buenos lugares para comer y tomar vino. Aunque desde la Copa del Mundo es un tema salir a comer… ¡es un lío!
De incógnito
Los vinos de Mi Victoria nacen en Mendoza, más precisamente en Bodega Barberis. ¿Cómo llegaron a esta bodega familiar Leandro y Vanesa? La hermana del futbolista contó que ella misma recorrió varias bodegas y que lo hizo de “incógnito”, sin dar a conocer quién estaría en sus etiquetas. Algunas ni siquiera le contestaron los mensajes… Cuando creyeron dar con la elegida consultaron a un experto: “Lo llamamos a Ale Vigil para pedirle su opinión y nos contestó que estábamos en buenas manos”.

–¿Por qué eligieron Mi Victoria como nombre para el proyecto?
–Más que nada por el nombre de mi hija. Pero también por los logros que me han tocado en toda mi carrera, en la que he conseguido cosas importantes. Entonces creo que Mi Victoria son las dos cosas, las dos partes de mi vida.
–¿Qué referencias tomaste a la hora de pensar tus vinos?
–Vinos argentinos importantes que me gustan mucho, como el Malbec Argentino o el Gran Enemigo, que son los primeros que empecé a probar. Mis primeros vinos estuvieron inspirados en esos.
–¿Y qué significan cada uno de los nombres de tus etiquetas?
–LP 5, que fue el primero, es Leandro Paredes y el 5 por mi número en la selección. LP 32 es por el número que usé en Boca. Y en cuanto a los dos que sacamos ahora, el blanco refleja lo que fue ganar la Copa del Mundo y el Malbec por mi vuelta a Boca. La etiqueta de 1994 expresa que quería volver al país, volver a mi club, que solo el corazón sabía dónde quería estar. Todos mis vinos tienen un significado muy importante para mí.
–¿Tenés en mente algún futuro nombre de vino?
–Mirá, tengo a mi hijo que me está reclamando que no está su nombre en ninguna etiqueta, así que obviamente tengo ganas de que una tenga algo que ver con él. Vamos a ver qué hacemos.
–¿Tenés el sueño de la bodega o la finca propia?
–No lo sé. Eso se va a ir viendo. Yo mi vida la vivo día a día, lo mismo mi carrera. Por eso no puedo decirte hoy qué voy a hacer el día de mañana. Con mi hermana arrancamos tipo hobby, le fuimos agarrando pasión, nos fuimos metiendo y ahora estamos contentos con los vinos que hacemos. Además estamos creciendo, sacando nuevos lanzamientos. Y hoy, así, estamos muy felices.