En una entrevista con la cadena CNN el presidente colombiano Gustavo Petro se sumó al repetido argumento de que el verdadero interés de la ofensiva del gobierno de Donald Trump contra el chavismo es “el petróleo”. “Todas las guerras de este siglo han tenido que ver con el petróleo”, remató Petro.
El análisis se sostiene fácilmente con el dato de que con sus 303.000 millones de barriles, Venezuela tiene el atractivo de las reservas probadas más grandes del mundo (por delante incluso de Arabia Saudita que tiene 267.000 millones de barriles).
Pero los expertos en petróleo aportan datos diferentes que relativizan la importancia que puede tener en sí el fabuloso yacimiento de crudo venezolano para Estados Unidos. Además, varias fuentes coinciden en que, de hecho, Nicolás Maduro ofreció semanas atrás su petróleo y otros recursos naturales como moneda de cambio a Donald Trump pero que la propuesta no captó el interés de Washington.
“En los años 90, cuando fue la Guerra del Golfo, Estados Unidos dependía de manera significativa del petróleo extranjero porque casi la mitad de su consumo era importado. Y a comienzos de este siglo se llegó a un pico de 60 %. Pero hoy día la importación es muy limitada y dedicada al procesamiento de derivados que se exportan, y Estados Unidos es el principal productor de petróleo y de gas del mundo, con cerca de 19 millones de barriles por día, frente a un consumo mundial de 105 millones de barriles», explicó a LA NACION Daniel Montamat, expresidente de YPF y exsecretario de Energía.
“Esto quiere decir que desde el punto de vista del abastecimiento, el tema del petróleo venezolano no tiene para Estados Unidos la importancia de décadas atrás, cuando aún no se había desarrollado la tecnología del shale oil [atrapado en la roca madre de la formación]“, agregó Montamat.

Por su parte Emilio Apud, también exsecretario de Energía y Minería, coincidió en que las gigantescas reservas de Venezuela no serían por sí solas un factor determinante para un mercado estrictamente regulado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), de la que Venezuela forma parte, y que fija precio y topes de producción para sus socios.
“En una eventual caída del chavismo, la OPEP jamás permitiría que se dispare la actual producción venezolana de apenas un millón de barriles diarios y alcance un nivel más acorde con sus reservas. Eso arruinaría además el negocio de los propios productores norteamericanos y hundiría el precio en todo el mundo. Ni siquiera Arabia Saudita, aliado de Estados Unidos, y segundo en reservas probadas detrás de Venezuela, puede realizar una producción acorde con sus reservas. Nadie quiere hoy un petróleo por debajo de los 60 dólares el barril”, advirtió Apud.
El factor tiempo
Los expertos mencionan además otros motivos por los cuales el petróleo no tiene hoy el atractivo de hace algunas décadas, entre otras cuestiones, por el “factor tiempo”.
Sin modernización ni mantenimiento, la infraestructura de la industria petrolera venezolana es hoy obsoleta. El país que duerme sobre la mayor reserva del mundo, tiene largas filas en las estaciones de servicio para poder comprar un combustible que escasea. Y estudios independientes y de la propia Pdvsa estiman que se necesitarían más de 60.000 millones de dólares para modernizar las plantas en un plazo de por lo menos una década y eventualmente alcanzar los 3,5 millones de barriles diarios de su pico histórico.

Y pese a que Trump está poniendo énfasis en apostar a la industria petrolera norteamericana, el mundo en general ya se encuentra en “el principio del fin” de la era de los combustibles fósiles, según la Agencia Internacional de Energía. Su director, Fatih Birol pronosticó hace dos años que la demanda de petróleo, gas natural y carbón alcanzará su punto máximo antes de 2030.
“En el mejor de los casos, una caída del chavismo puede ser un buen negocio en el corto plazo para que vuelva Chevron y alguna otra empresa a Venezuela y empiece a producir algo más de lo que están produciendo, pero no mucho más”, señaló Apud. Cabe recordar que la licencia que le permitió a Chevron hasta marzo pasado exportar petróleo venezolano era importante para el chavismo, pero a la empresa norteamericana le reportaba un porcentaje relativamente pequeño del flujo de su caja global, menos del 3 %. El crudo venezolano no es entonces hoy relevante para la industria petrolera norteamericana.
Interés geoestratégico
Los expertos dudan entonces en afirmar que el oro negro en sí sea el gran motivador del interés de Trump en derribar al régimen de Nicolás Maduro. Pero hay otro factor asociado que es mucho más importante para los intereses del líder norteamericano: la cuestión geoestratégica.
El presidente norteamericano ha dado señales muy explícitas de su interés por revivir la Doctrina Monroe advirtiendo que Estados Unidos no acepta que potencias externas consoliden su poder geopolítico en América Latina.

La preocupación se refiere directamente al incremento de la influencia de China en la región con inversiones en infraestructura, puertos, comercio, y financiamiento.
“China es una ‘aspiradora’ de recursos naturales y por eso está fortaleciendo cada vez más su presencia en una región rica en materias primas como es América Latina. En este momento, además del narcotráfico, China, Rusia, India e Irán son el principal sostén del chavismo”, afirmó Apud.
En efecto, empresas chinas tienen contratos con Pdvsa para operar pozos petroleros que antes estaban paralizados o desatendidos.
Rusia, a través de su empresa estatal Roszarubezhneft (y previamente su filial en Venezuela), realizó alianzas directas con Pdvsa para explotar campos petroleros mediante empresas compartidas. También Irán colaboró con la reconstrucción y modernización de refinerías, plantas petroquímicas e infraestructura petrolera. E India se convirtió en uno de los principales compradores del petróleo venezolano en los últimos años.
“El petróleo venezolano es mucho más importante para China e India que para Estados Unidos”, explicó Montamat. “Ninguno de los dos países son autosuficientes. China hoy es el principal importador de crudo. Con una demanda de 15 millones de barriles por día, apenas produce cinco millones. El resto lo importa”, advirtió Montamat.
“Yo creo que el interés de Trump en Venezuela hay que enmarcarlo más en la decisión geoestratégica de consolidar el ‘nearshoring’. Cada gran potencia tiene alianzas y zona de influencia en su región. Entonces busca darles a esos otros países el mensaje claro: ‘Ustedes se están metiendo demasiado en mi región. Y América es para los americanos’. Si bien el petróleo juega un rol en ese interés, lo que predomina es la cuestión estratégica», concluyó Montamat.
