Elon Musk, una de las figuras más influyentes del sector tecnológico y empresarial mundial, finalizó 2025 con un patrimonio de USD 726.300 millones, cantidad equiparable a la suma de varias grandes fortunas. No obstante, cinco de las principales promesas que había marcado como prioridades para este año quedaron incumplidas, lo que evidenció un marcado contraste entre las expectativas creadas y los resultados reales.
Misión tripulada a Marte: la frontera aún inalcanzable
La primera gran promesa fue la de una misión tripulada a Marte dirigida por SpaceX. Musk aseguró en repetidas ocasiones que los primeros humanos llegarían al planeta rojo en 2025, incluso mencionó desde 2016 la posibilidad de enviar personas en 2024 para que arribaran un año después. Diez años más tarde, ningún ser humano ha estado cerca de pisar Marte.
Los vuelos de prueba de la nave Starship representaron progresos, pero persisten obstáculos técnicos, como el repostaje en órbita y el desarrollo de sistemas de soporte vital para viajes interplanetarios.

Robotaxis de Tesla: el futuro que no llegó a las calles
La segunda promesa implicaba una transformación en el transporte urbano gracias al lanzamiento a gran escala de un servicio de robotaxis por parte de Tesla. Musk comunicó a inversores y al público que, antes de finalizar el año, la mitad de la población de Estados Unidos tendría acceso a esta tecnología de conducción autónoma. La realidad fue una prueba limitada en Austin, Texas, restringida a determinadas zonas.
Los vehículos continuaron operando bajo la vigilancia de conductores humanos, tanto por exigencia de reguladores como por decisión de la empresa, lejos del escenario prometido. Empresas como Waymo y competidores chinos lideraron el despliegue público de vehículos autónomos.
IA general de xAI: una promesa postergada
En el área de la inteligencia artificial general, Musk prometió que xAI alcanzaría en 2025 una capacidad de razonamiento humano. Al avanzar el año, esta meta se postergó para “los próximos años” sin una fecha precisa. Especialistas en inteligencia artificial resaltaron que los modelos existentes aún presentan deficiencias, especialmente las denominadas “alucinaciones” y limitaciones en tareas complejas donde el juicio humano es fundamental.
Tesla Roadster de segunda generación
El cuarto incumplimiento se produjo en el sector de la automoción, con el esperado lanzamiento de la segunda generación del Tesla Roadster. Presentado en 2017, su llegada al mercado se programó inicialmente para 2020, pero Musk fue aplazando la fecha: 2021, 2022, 2023, 2024 y, finalmente, 2025, sin concretar la producción. Al cierre de ese año, surgieron quejas públicas de clientes por depósitos pagados años atrás, lo que puso en evidencia la falta de avances.
En reuniones de noviembre, Tesla pospuso nuevamente el cronograma: el primer vehículo se entregaría en abril de 2026 y la fabricación completa quedaba prevista para 2027.

¿Reducción del gasto federal?
En gestión pública, la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) trajo la quinta gran promesa. Musk se comprometió a eliminar USD 2 billones en despilfarro federal. A pesar del anuncio, el gasto estatal no disminuyó; distintos análisis señalaron un aumento al finalizar el año. Además, la eliminación de programas federales, entre ellos los de asistencia de USAID, provocó consecuencias negativas, incluso de carácter humanitario.
Lejos de reducir el gasto, la aplicación de estas medidas desmanteló recursos críticos y agravó los retos sociales para quienes dependían de estos apoyos. El contraste entre los anuncios y los hechos ha marcado el balance del año para Elon Musk.
