Que son los reyes de la guía telefónica, ninguna novedad. De que alguno de ellos escribe como los dioses da cuenta el amigo Jorge Fernández Díaz. Los Fernández rondan los 400.000 en un padrón nacional de poco más de 46 millones de habitantes, es decir, representan casi el uno por ciento del país y, de esa porción, no pocos se amuchan bajo el ala del perokirchnerismo.
El sumun se dio con la fórmula presidencial Fernández-Fernández (de Alberto y Cristina o al revés, a juzgar por quién se apropió del mango de la sartén).
Aníbal Fernández es un viejo conocido y Ofelia Fernández es muy joven aún pero también bastante conocida. Tuvimos en el gobierno a Roque Fernández, ministro de Carlos Menem, que incursionó como fugaz asesor mileísta.
La actual intendenta de Moreno y 4a vicepresidenta (sí, son cinco) del Partido Justicialista nacional que conduce Cristina Fernández de Kirchner es Mariel Fernández y Mariano Fernández fue vicegobernador de La Pampa. En tanto Ramiro Fernández Patri es hoy diputado nacional por Fuerza Patria.
Ir para atrás pescando Fernández en el Congreso nos llevaría varios tomos. Solo diremos que actualmente hay otros tantos en la Cámara baja que no son peronistas, entre ellos, Carlos Fernández, del bloque Innovación Federal; Agustín y Elia Marina Fernández, de Independencia, y Daiana Fernández Molero, de Pro.
En la Cámara de Senadores hay una sola, la kirchnerista, Anabel Fernández Sagasti, cuyo nombre surgió como el de una posible candidata a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Ella negó la versión de pasar “de un rancho a otro” como cantaba el icónico mexicano Vicente Fernández, pero varios de sus colegas siguen alimentando ese rumor. Seguramente, querido lector, la recuerda por un pequeño furcio que cometió en un discurso en el Senado el día en que anunció que su bloque, al que llamó “Unión por la plata”, en vez de “por la Patria” se iba a abstener durante el tratamiento de los ascensos de personal de la Armada y de la Fuerza Aérea.
De transformarse Fernández Sagasti en cortesana, sería la primera vez que un o una Fernández integre semejante tribunal y máxime teniendo en cuenta el currículum que la supuesta candidata publica en la página web de la Cámara alta. Dice que se recibió de abogada y martillera pública, que viene siendo legisladora nacional desde hace 14 años –tiene 41 años de edad-, que conformó comisiones parlamentarias -como le ocurre a todos los legisladores-, que expuso y moderó algunos eventos académicos y que fue voluntaria de la Casa Cuna de Mendoza, de donde es oriunda. Si esos son pergaminos suficientes para llegar a tan alto sitial, le dejo la inquietud.
Que quede claro que nada tenemos para decir de los amigos Fernández más allá de su alta concentración en ámbitos de poder en los últimos tiempos y para envidia de los Pérez, los González, los Rodríguez y de tantos otros cuyo poder más concreto y compartido sigue siendo el de copar las agendas y comunidades de habla hispana.
