Como Franz Kafka, Annie Ernaux, Joseph Roth, Martín Sivak y Claudia Piñeiro, el expresidente Mauricio Macri también publicó un libro sobre la relación con su padre, el empresario italiano Franco Macri. En Franco. Vida de mi padre. La historia de mi mayor maestro y mi gran antagonista (Planeta, $ 33.900), el primogénito de los Macri-Blanco Villegas se distancia del tono de sus dos libros anteriores y adopta una sobriedad emotiva que, al mismo tiempo, no escatima en hipérboles. “No conocí a nadie igual a Franco Macri, un inmigrante italiano que se hizo a sí mismo. Fue mi héroe. Alguien capaz de las mayores hazañas”, se lee en la introducción.
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El expresidente presentó Franco este miércoles a la tarde, en diálogo con el periodista Diego Sehinkman, en un evento privado al que asistieron familiares, amigos y directivos del Grupo Planeta.

El origen del proyecto se remonta a comienzos de 2021, cuando Macri y los editores Pablo Avelluto y Hernán Iglesias Illa cerraban la edición de Primer tiempo, su libro de memorias presidenciales, el más vendido en ese año pese a que algunos libreros se negaron a exhibirlo. El expresidente le contó a Avelluto, exministro de Cultura del macrismo, que quería escribir la historia de su padre. Cuando el proyecto estaba bastante avanzado, surgió la idea escribir otro libro vinculado con cuestiones de liderazgo, basado en la experiencia de Macri en la empresa familiar, el gobierno porteño y el nacional y en Boca Juniors, que se convertiría en Para qué, de 2022.

A principios de este año, Macri retomó el proyecto de la biografía paterna con Marcelo Panozzo, editor del Grupo Planeta y exsecretario de Patrimonio Cultural durante su gobierno.
La primera tirada de Franco es de cinco mil ejemplares. Tiene poco más de doscientas páginas, introducción, quince capítulos, epílogo y un álbum de fotos del empresario nacido en Roma en 1930, con sus hermanos, hijos y figuras del poder, de Carlos Menem a Raúl Alfonsín. Macri dedicó su tercer libro a sus hijos: Agustina, Gimena, Francisco y Antonia.
La infancia y la adolescencia de Franco en Roma y en Viterbo, con el trasfondo de la Segunda Guerra Mundial; su admiración por el padre y el desapego de la madre, su compromiso político juvenil en el Fronte dell’Uomo Qualunque (que inspiró al hijo mayor a intervenir en la política argentina como fundador del PRO); el viaje con sus hermanos, Pía y Antonio, al país, cuando tenía dieciocho años (“Cuesta mucho imaginar que hace apenas unas décadas los italianos querían irse y comenzar de nuevo sus vidas en la Argentina”); los estudios incompletos de ingeniería, su pasión por las mujeres y el trabajo como albañil en la construcción de Ciudad Evita, en La Matanza, son algunas de las instancias previas a su éxito como constructor y líder del Grupo Socma.

Por las páginas de la biografía desfilan la madre del autor, Alicia Blanco Villegas; el actual presidente estadounidense, Donald Trump (que le entregó un cheque por cien millones de dólares para cancelar un emprendimiento de Franco Macri en Nueva York, “una carísima obsesión”, según el hijo); el empresario cubano Goar Mestre, el brigadier Osvaldo Cacciatore, la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat, el exministro del kirchnerismo Julio De Vido (portavoz de una extorsión, según relata Macri), Isabel Menditeguy (expareja del autor) y los periodistas Jacobo Timerman (que defendió al padre de Macri de infundadas acusaciones de antisemitismo) y Horacio Verbitsky, entre otros.
“Horacio Verbitsky lo eligió como símbolo del menemismo a partir de su creciente alto perfil, de aquellas fiestas en Punta del Este posteriores a mi secuestro […], y con ese antecedente lo convenció a Néstor Kirchner de que le convenía llevarse puesto a un ‘empresario del menemismo’: así funcionan, fabricando enemigos”, reflexiona el expresidente.
Franco Macri también tuvo emprendimientos culturales. “Fue Tonino [Antonio, hermano de Franco] quien impulsó aquella aventura cinematográfica de Franco, atraído seguramente por el glamour típico que emanaba del mundo del espectáculo de la época -revela-. Años después papá reconocería haber perdido fortunas con las películas que produjo MBC, que fueron muchas e importantes en su momento”, recuerda el autor, y menciona clásicos del cine nacional como Piedra libre, No toquen a la nena y ¿Qué es el otoño?

El expresidente se refiere a otra de las “obsesiones” de su padre -China- que atribuye a Marco Polo: “Las leyendas del mercader veneciano del siglo XIII dejaron en él una huella y un sentimiento de curiosidad sobre China que, lejos de perderse, fueron creciendo con el correr de los años”. Y agrega: “Papá tenía claro el rol que China podía tener en la salida de la crisis, tras el default de nuestro país. Las inversiones chinas, pensaba, iban a poder impulsar la renovación pendiente de la infraestructura en la Argentina y en el resto de la región”.
Los últimos capítulos abordan el deterioro cognitivo del otrora “omnipotente” Franco Macri, al que el hijo llega a comparar con un emperador romano (basta tener algún ancestro italiano para darle crédito), y las consecuencias que esto produce en la relación entre ambos.
“Con el correr del tiempo y tras consultas con los especialistas del Hospital Italiano, supimos lo que estaba sucediendo. Papá estaba comenzando a presentar los primeros síntomas de un proceso de demencia. La noticia fue devastadora para la familia. Él no reconocía las fallas que estaba viviendo en su cerebro. Y muchos de aquellos que lo rodeaban tampoco querían aceptar que la salud de papá se estaba deteriorando. Había construido un aura en torno a sí mismo que hacía que algunos de sus desvaríos fueran interpretados como si se tratara de pensamientos superiores, imposibles de ser comprendidos por personas comunes”.

El expresidente da a entender que el padre le pidió que lo ayudara a morir: “Llegué, lo encontré sentado en su cuarto, junto a una pequeña terraza que tenía, y me senté frente a él. Entonces me dijo: ‘¿Vos viste lo que es esto? Yo a esta gente no la conozco. No sé quiénes son estas mujeres’. Hizo una pausa y siguió: ‘Yo ya no dependo de mí, me tienen que bañar, me tienen que dar de comer, gente que no conozco. Yo fui toda mi vida un creador, y ya no puedo hacer más nada. Ya terminé. Me quiero ir’”.
“Yo tenía el compromiso de estar con él hasta el final, y no iba a haber ninguna fisura entre nosotros: había decidido muchos años antes que somos producto de nuestros padres”, explica. Franco Macri murió en marzo de 2019, a los 88 años, mientras su hijo mayor aún era Presidente.
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Foto de tapa
“La foto debe ser de 1961 o 1962. No recuerdo quién la tomó. Estoy sobre los hombros de mi padre. Estamos en Mar del Plata. Más exactamente en el puerto. Detrás se pueden ver unas estructuras de madera que se elevan hacia el cielo. Papá ha conseguido su contrato más importante hasta el momento: tiene a su cargo la construcción de los silos, los muelles y las torres. Una obra inmensa. Por eso estamos viviendo allí con mamá, en una casa en el barrio Los Troncos. Él sonríe, orgulloso. Esa misma sonrisa que le vi tantas veces dibujada en el rostro. Amplia, satisfecha, generosa. Yo estoy mirando para el costado sin saber que en esa foto se encuentra quien años después será el empresario más importante del país. Por supuesto, mucho menos sabe ese chico de dos años a caballito de su papá que medio siglo más tarde será elegido presidente de la Nación Argentina por más de la mitad de sus compatriotas”.
Una nueva vida
“Lo que más quería Franco era comenzar su nueva vida en la Argentina. Italia había quedado atrás aun antes de la partida. Hasta donde sé, jamás se arrepintió de su decisión. Franco decía que admiraba la capacidad para tomar riesgos de su padre: haber dejado su país para empezar de nuevo en otro lugar. Yo admiro la decisión de Franco junto con la de sus hermanos. Todo iba a quedar atrás: amigos, familia, primeros amores, universidad. Y lo que tenían por delante era una completa incógnita. Su capacidad para tomar riesgos no me alcanza para describir ese momento. Además se trata de coraje”.
Asuntos paternofiliales
“La convivencia en los negocios fue difícil. Nuestras peleas y conflictos eran permanentes. Franco solía estar rodeado de personas que le daban la razón sin ninguna distancia crítica. Lo veían como un iluminado al que, según ellos, yo no quería o no sabía comprender. Pero yo veía otra cosa. Había descubierto que el mismo hombre que supo construir un imperio económico era capaz una y otra vez de poner todo en peligro con sus decisiones. ‘Vos no entendés nada’, me decía. Pero algo ya estaba entendiendo: la capacidad de construir y la de destruir están más cerca de lo que se podría pensar. Empezaban a convivir los consejos del maestro con el rol de saboteador de las cosas que yo hacía”.
Dólar barato
“Bajo el gobierno de los militares, los argentinos comenzamos a vivir otra de nuestras ilusiones recurrentes de la mano del dólar barato, la apertura de las importaciones y el auge de las operaciones financieras. Sin embargo, nuestros males de siempre se mantuvieron e incluso se agravaron: el déficit, la inflación y la deuda externa no hicieron otra cosa que crecer en la segunda mitad de la década del setenta”.
Después del secuestro
“El secuestro provocó la relación con papá se desequilibrara. Desde ese momento, ninguna agresión me afectaría tanto como las suyas. Lo increíble era que, al mismo tiempo, nadie me demostró más amor que él. Me llevó mucho tiempo y mucho trabajo entender que para él se trataba de algo imposible de controlar. Una suerte de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Pasaba de una emoción a la otra en segundos, sin siquiera darse cuenta. […] Los años siguientes fueron los peores de nuestra relación. Se desató una guerra permanente. Me echaba y me contrataba todas las semanas. Me ayudaba y luego me boicoteaba. Me empoderaba y al instante me desautorizaba”.
