Newell’s sigue en crisis: después de perder el clásico, cayó en su cancha contra Barracas Central, en medio de las sospechas de siempre

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Todos están a los gritos: así se vive cada fecha del fútbol argentino. Los que ganan, los que pierden, los hinchas, las autoridades, los jugadores y los técnicos. Todos están en llamas, disconformes, agresivos, con la convicción de que el otro siempre tiene la máxima responsabilidad. Algo de todo eso ocurrió este viernes, en el Parque Independencia.

Newell’s sigue con su crisis interminable. De identidad, por sobre todas las cosas. Política, económica, deportiva. La quinta derrota consecutiva en el clásico rosarino (el sábado pasado, con un golazo de Angel Di María) confirma la teoría. No puede salir de una suerte de pozo existencial. Y volvió a perder: esta vez con Barracas Central por 2 a 1, en su casa, con su gente en llamas.

El Guapo, dirigido por Rubén Insua y siempre sospechado por su relación directa con Chiqui Tapia, el presidente de la AFA, está primero en el Grupo A, con 14 puntos.

El conjunto rosarino ganaba, jugaba más o menos bien, pero se derrumbó con la transcurrir de los minutos, más allá de la decisiva participación del VAR.

El gol de González, el 1 a 0

Ganaba con un cabezazo de Cocoliso González, luego de un centro con rosca de Banega. El equipo rosarino jugaba mejor, con Pipa Benedetto como doble número 9, amonestado por una falta fuera de contexto.

Hasta que en el final del primer capítulo, Bruera capitalizó un zurdazo desde lejos y clavó el balón bien arriba, luego del roce de un defensor. A esa altura, la tensión iba en aumento.

Era duro y parejo el tramo final, hasta que una mano en el área de Lucas Sosa (buscó quitar el peligro, pero con el brazo extendido, y la pelota rebotó en su mano), no observada por Mastrángelo, fue advertido por el VAR. Aquí, en este caso, volvieron las sospechas. ¿Si era otro equipo, no tan cercano al poder, hubieran llamado desde la tecnología? Lo cierto es que el juez vio por televisión la falta y cobró penal.

Tapia le pegó con calidad, junto a un palo y en la celebración caía todo tipo de objetos. Ni la policía, con sus escudos, pudo evitarlo.

En las redes sociales, algunos recordaron una situación parecida (no fue la misma), en la que Mastrángelo, desde el VAR, no cobró penal para Newell’s, en el anterior choque entre estos equipos, en Buenos Aires. Todo genera sospecha en el fútbol argentino, más allá de que es un árbitro que suele equivocarse seguido.

Por ejemplo, ignoró una infracción de Kevin Jappert sobre Franco Orozco en el sector izquierdo del ataque leproso, a metros del área, sobre el final del partido, cuando el local apretaba en busca del empate. El defensor se arrojó literalmente sobre el cuerpo del delantero. Un rato antes, para el otro lado: debió expulsar a Luca Regiardo, un joven de 18 años, que le cometió una plancha a Tapia y lo sacó del partido. El VAR no tomó nota. Apenas fue amonestado.

“Sabíamos que ellos habían perdido el clásico y tratamos de aprovechar este momento”, comentó Facundo Bruera, una de las figuras del partido.

Lo mejor del partido

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