El corazón en invierno, de Kevin Barry (Limerick, 1969), es un western en cuanto a la ambientación, pero es tan irlandés como su autor que combina el género estadounidense con una historia de amor volcada a la reflexión filosófica. Con un narrador que alterna el punto de vista de los dos amantes, reflexiona, anticipa, usa la violencia y el sarcasmo, la novela cuenta la huida de dos condenados a muerte por un amor prohibido.
La prosa de Barry tiene una sequedad enorme, pero es capaz de abrir un humor negrísimo y también una prosa intensamente poética. Y hay mucho de mágico en la historia; por ejemplo, la relación de Tom, el protagonista, con su yegua. La magia es parte de lo irlandés, igual que la tristeza invernal del título; las reflexiones sobre Dios y el destino; la relación intermitente con la bebida, la droga, la alucinación, la locura y “la fascinación de los irlandeses con la muerte”. El rasgo más claro de la ficción de Barry es su uso constante de la elisión. La historia está formada por una serie de escenas cortadas que hay que unir mentalmente porque nunca se relatan hasta el final, y se saltean intencionalmente momentos importantes, incluyendo uno que se anticipa desde el comienzo y que nunca llega.
Todo es, esencialmente una “pesadilla”, palabra que se repite muchas veces. Hay pocos momentos de alegría en el amor entre Polly y Tom; el resto es un lugar de horror del que hay que escapar, pero al que los dos vuelven una y otra vez, y saben que ese lugar les está destinado. Hay “resignación” en ellos, un hacer lo que hacen a pesar de que conocen las consecuencias: Tom Rourke “nació bajo una estrella oscura”, se afirma en algún momento. Barry marca explícitamente la diferencia de esa mirada con el “optimismo estadounidense” a través de una crítica directa a la afirmación del Prefacio de la Constitución de ese país, según la cual buscar la felicidad es un “derecho”.
El corazón en invierno comenta la situación social en el Oeste de fines del XIX, por caso, la forma en que se trata a las mujeres. Por eso, como en el western de origen, aquí, el único lugar seguro es lejos de la sociedad, la vida en medio de la nada. Pero esa vida no dura mucho y cada vez que la acción vuelve a los pueblitos, el veneno de los demás germina en heridas, tortura y muerte.
Durante todo el trayecto, los personajes intentan entender lo que les pasa –ahí está la dimensión filosófica del libro–. Casi al final, uno de ellos piensa: “El pasado cambia todo el tiempo, a cada minuto que respiras, y cómo mierda se supone que hay que darle sentido a todo”. Porque eso es lo que hay que hacer, pero nadie lo consigue del todo en este libro, que sí aplaude el deseo de intentarlo, algo que, tal vez, sea la marca de la humanidad.
El corazón en invierno
Por Kevin Barry
Edhasa. Trad.: Andrea Lombardi
196 páginas, $ 29.500