CÓRDOBA.– El próximo lunes comenzará el juicio contra dos exintegrantes del Centro de Operaciones de Emergencias (COE) de Huinca Renancó, una ciudad del sur cordobés, acusados de abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público por impedir el ingreso a la provincia durante la pandemia de Covid-19 al padre de Solange Musse, quien en ese momento atravesaba un cáncer terminal. La joven murió a los pocos días sin poder cumplir su última voluntad, que era ver a su padre. El caso conmovió e indignó a todo el país.
El denunciante de la causa es Pablo Musse, el padre de Solange. Los acusados son el médico Eduardo Andrada, entonces director del Hospital de Huinca Renancó, y la asistente social Analía Morales, quien estaba a cargo del puesto sanitario en esa ciudad en agosto de 2020, cuando sucedieron los hechos.
El juicio se realizará en la Cámara Criminal y Correccional de Primera Nominación de Río Cuarto, presidida por Daniel Antonio Vaudagna e integrada por Nicolás Rins, Diego Ortiz y jurados populares. El fiscal de cámara es Julio Rivero.
La requisitoria fiscal sostiene que, por decisión de los imputados, Pablo Musse –que estaba acompañado por su cuñada, una mujer con discapacidad– tuvo que regresar a su casa en Plottier, provincia de Neuquén, encapsulado y escoltado por una comisión policial cuando intentaba entrar en Córdoba.
Nunca pudo llegar a Alta Gracia, a 40 kilómetros de la capital provincial, donde Solange cumplía internación domiciliaria. Con 35 años y un cáncer de mama estadio 4, la joven había llegado a Córdoba desde Neuquén en febrero de 2020 con la intención de que un tratamiento le diera esperanzas.
Un test de Covid-19 positivo convirtió a su padre en un caso sospechoso, lo que determinó que desde el COE no autorizaran a Pablo Musse a cruzar la frontera provincial. Un hisopado posterior le dio negativo. Según la acusación, los imputados desatendieron la directriz según la cual, para estas situaciones “impostergables”, se debía escoltar hacia el domicilio de la persona discapacitada o la residencia de la persona que sufría el padecimiento límite.
El hombre y su cuñada debieron cubrir nuevamente los 1000 kilómetros hasta la casa en Plottier. No pudieron parar a comprar comida ni ir al baño en estaciones de servicio. Ocho móviles policiales, que fueron tomando la posta a lo largo del camino, los escoltaron.
“Los policías me decían que no me podía bajar ni en las estaciones de servicio a comprar comida. Tampoco para ir al baño. Hicimos nuestras necesidades en medio del camino. A nadie le importó nada. Tampoco que manejara 40 horas seguidas con el riesgo que eso implica y con una persona discapacitada arriba del auto”, repasó Musse ante LA NACION poco después de la muerte de su hija.
Nadie pensó que, de la misma manera, podrían haberlos escoltado hasta Alta Gracia, a 390 kilómetros. Musse señaló que en el puesto sanitario de Huinca Renancó le explicaron que el positivo del test no “necesariamente” significaba que tuviera el virus, pero que con ese resultado no podía entrar a Córdoba.
Llegó a la frontera a las 6 de la mañana y, al mediodía, estaba volviendo a Neuquén. “Había hecho todos los trámites. Me llamaron del COE de Alta Gracia, a quienes les pasé todos los datos, las rutas por donde iba y les aclaré que no había hecho el hisopado por el costo que tenía y porque, al no tener síntomas, el Estado no lo hacía en Neuquén”, continuó.
Una pesadilla
Solange, quien ya estaba muy mal, esperaba con ansiedad a su padre. Tenía asistencia de oxígeno por sus problemas para respirar y ayuda de enfermeros. Por su dificultad para hablar, aunque accedió a hacer un móvil televisivo, entregó una carta abierta. Fue pocas horas antes de morir. “Siento tanta impotencia de que sean arrebatados los derechos de mi padre para verme y a mí para verlo. ¿Quién decide eso si queremos vernos? Acuérdense, hasta mi último suspiro tengo mis derechos, nadie va a arrebatar eso en mi persona», escribió.
“Lo único que necesito es que escuchen a mi familia. Las decisiones ante esta pandemia están en cuidarse, con todas las precauciones, y eso es lo que iba a pasar. Ansiaba ver a mi tía y a mi papá. Estoy muy triste por todo lo que le hicieron a los dos, los trataron muy mal, los maltrataron, hicieron lo que quisieron como si fueran delincuentes. Quiero estar con mi familia y que no sean maltratados por nadie”, decía la nota.
Su madre, Beatriz, recordó oportunamente que su hija había peleado durante diez años contra el cáncer. “Necesitaba que viniera su padre para acompañarla en la próxima quimioterapia, pero pasó todo esto y no pudo ser”, indicó.
Casi al año de la muerte de Solange, salió a luz el festejo del cumpleaños de la ex primera dama Fabiola Yañez en la Quinta de Olivos, que había sido el 14 de julio de 2020, pero se reveló casi un año después. “Un adiestrador de perro, un peinador, cualquiera tenía más derechos que ella y que muchas Solange que hubo en la Argentina. No fue solamente ella, fueron miles”, dijo Pablo Musse a LA NACION en ese aniversario.