De estilo agreste, este espacio diseñado por el estudio Stewart Murray y llevado a cabo por el estudio de Gabriela Moro, en el barrio Costa Esmeralda, demuestra la importancia del trabajo en conjunto.
A partir de un planteo arquitectónico, se diseñó un jardín de recintos, en que el verde se va revelando por sectores. El primer encuentro es con la fachada de lo que funciona como casa de huéspedes. Se ingresa a través de una pérgola, en busca de la puerta principal.

A la izquierda, una escalera invita a ser recorrida hasta el umbral de la casa, y a la derecha, el corazón del conjunto: el jardín del reparo.

Dos volúmenes simétricos conforman este jardín central. Es un espacio que convoca a ser vivido al resguardo de los vientos predominantes. Al estar inscripto entre las dos casas y en un nivel más bajo, se genera un ambiente de calma y refugio.

En este jardín se ubicó una pileta rectangular, rodeada por especies de floración de verano por ser la época en que más se disfruta. Los canteros se caracterizan por sus follajes etéreos, que se mecen con la suave brisa marítima, florecen sin descanso y avanzan sin timidez entre pasos y senderos.
El protagonismo del lugar no se lo lleva solo la pileta: un fogón, escoltado por la presencia de un olivo, también da que hablar. El entorno está conformado por canteros con Miscanthus variegados, Salvia guaranitica, Pennisetum ‘Moudry’, Verbena bonariensis, Salvia greggii, Sedum ‘Autumn Joy’, Nassella tenuissima, Dietes grandiflora, Salvia canariensis, Echium candicans, nepetas, perovskias y erigerones.


El otro jardín se levanta estoico, enfrentando los vientos con aire de mar. Se materializa en tres grandes terrazas que sostienen matas de Eragrostis curvula, Pennisetum ‘Moudry’ y Nassella tenuissima con Beschorneria yuccoides que frenan los vientos y la salinidad. Una escalera conecta el íntimo jardín con lo agreste de la playa. Rodeando al jacuzzi, una plantación descontracturada con un camino de quebrachos cepillados.



Se trata de jardines concebidos sin césped, con amplios canteros y circulaciones de polvo de piedra y conchillas de mar recolectadas en la zona. La plantación se realizó directo en la arena, con muy poca tierra negra.


Una de las premisas fue la de utilizar especies de bajo mantenimiento, que se pudieran desarrollar en suelos arenosos y pobres, pero sin perder la idea de que fuera un jardín muy decorativo. Con respecto a la paleta de colores, se eligió combinar los azules, lilas, blancos y rosados en las floraciones. Se contempló que un gran porcentaje de las especies mantuviera el follaje para que el jardín siguiera “dibujándose” en invierno. Se sumaron arbustos de rápido crecimiento, tolerantes al clima y que dan privacidad de las casas vecinas.

“El desafío principal fue crear una barrera vegetal resistente a los vientos marítimos y a la salinidad, protegiendo las especies más delicadas elegidas en el diseño.”
Los recorridos de los laterales entre los dos jardines fueron acompañados por un ritmo de Pennisetum rupelli, Rhaphiolepis sp., Verbena bonariensis, Polygonum persicaria, lo que implica caminar entre texturas muy sueltas y con movimiento.

El jardín sigue desarrollándose e invitando a toda la familia y amigos a ser vivido, enmarcado por un escenario natural donde el horizonte no tiene fin y el sabor a sal se vuelve inolvidable.
