El Gobernador recibió a las principales federaciones cristianas para articular mecanismos de contención ante el avance de la pobreza; los últimos datos del INDEC revelan realidades disparas en el territorio bonaerense.

En un contexto marcado por la complejidad económica y el deterioro de los indicadores sociales, el gobernador Axel Kicillof encabezó una reunión clave con las máximas autoridades de las iglesias evangélicas de la provincia de Buenos Aires. El encuentro, desarrollado en el Salón de Acuerdos de la Gobernación, tuvo como eje central el análisis del crecimiento de la pobreza y la coordinación de acciones territoriales para asistir a los sectores más vulnerables.
“Conversamos sobre la situación social de nuestro país ante el crecimiento de la pobreza a nivel nacional”, sostuvo Kicillof tras la jornada, de la que también participaron la jefa de Asesores, Cristina Álvarez Rodríguez, y el director de Cultos, Juan Torreiro. El mandatario provincial subrayó la importancia de la «convivencia ciudadana» y el respeto institucional para afrontar la crisis.
El rol de las iglesias en el territorio
El Ejecutivo provincial valoró el despliegue geográfico de las instituciones religiosas, reconociéndolas como actores fundamentales en la contención comunitaria. Por su parte, los líderes cristianos reafirmaron su compromiso de «contribuir a la paz social y espiritual» en un escenario de demanda creciente.
La convocatoria reunió a representantes de tres entidades de peso:
- FECOPEBA (Federación de Consejos Pastorales Evangélicos de la PBA).
- ACIERA (Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina).
- FAIE (Federación Argentina de Iglesias Evangélicas).
Radiografía de la pobreza: un impacto desigual
La reunión se produjo en paralelo a la difusión de los últimos datos del INDEC, correspondientes al segundo semestre de 2025. Si bien el índice nacional registró una leve baja interanual ubicándose en el 28,2% (alrededor de 8,5 millones de personas), las cifras dentro de la provincia de Buenos Aires exponen una marcada heterogeneidad territorial.
El diagnóstico compartido entre la provincia y los pastores puso el foco en zonas críticas como el Gran La Plata, donde la pobreza escaló al 31,5% al cierre del año pasado, afectando a más de 297 mil personas. En contraste, otras regiones exhiben indicadores por debajo de la media nacional, como General Pueyrredón (22,8%) y el conglomerado Bahía Blanca–Cerri (23,7%).
Esta disparidad regional obliga a la administración provincial a buscar alianzas con sectores sociales y religiosos para focalizar la asistencia en los distritos con mayores niveles de exclusión, intentando mitigar un impacto que, pese a los esfuerzos, sigue reflejando tensiones estructurales en el suelo bonaerense.
