Venecia se transforma durante los meses de la Bienal: sus piazzas se llenan de amantes del arte de todo el mundo y sus canales están más animados que nunca, al ritmo de los gondolieri que se hacen oír a viva voz.
Se trata del evento de arte más esperado, que se organiza desde 1895 y se ha consolidado como una de las exhibiciones más importantes a nivel internacional, que alterna un año arte y otro arquitectura.
Su prestigio radica en su capacidad para anticipar tendencias de arte contemporáneo, reuniendo propuestas de más de 75 países a través de pabellones nacionales distribuidos entre los históricos espacios del Giardini y el Arsenale.
Este año se presenta la 61ª edición titulada “In Minor Keys”, concebida por la curadora Koyo Kouoh. La exposición se inaugurará el 9 de mayo y permanecerá hasta el 22 de noviembre.
A juzgar por la afluencia de años anteriores (en 2024 se registraron unos 699.304 visitantes y en 2022 se alcanzó un récord de más de 800.000), esta edición seguramente atraerá nuevamente a cientos de miles de personas.
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Si el plan es un viaje a esta ciudad mágica durante esta época, hay que tener en cuenta que hay mucho más por explorar que los pabellones de arte.
Tuve la oportunidad de vivir en esta ciudad durante un año, lo que me permitió descubrir esos espacios íntimos que construyen su verdadera esencia. A continuación, una curaduría de cinco visitas que reflejan, en pequeña escala, la autenticidad y la grandeza de Venecia, un lugar verdaderamente único en el mundo.
1. Colección Peggy Guggenheim
Ubicada en el Palazzo Venier dei Leoni, a orillas del Gran Canal, la Colección Peggy Guggenheim es uno de los museos de arte moderno más importantes de Italia. Fue la residencia de la propia Peggy Guggenheim, una influyente coleccionista de arte estadounidense y una de las grandes mecenas del siglo XX que convirtió su hogar en un punto de encuentro para artistas como Jackson Pollock, Max Ernst y Alexander Calder.
La colección ofrece un recorrido excepcional por las vanguardias del siglo XX —cubismo, surrealismo, expresionismo abstracto— en un entorno íntimo y luminoso, con un jardín de esculturas que invita a detenerse y contemplar la belleza del lugar.
Lo más interesante es ver cómo las obras dialogan entre sí, ya que Peggy viajaba especialmente a los centros de reunión de los artistas, muchos de los cuales se conocían o mantenían estrechas amistades.
Entre sus obras más icónicas se destacan: Alchemy (c. 1947) de Jackson Pollock, L’Empire des lumières (c. 1953–54) de René Magritte y La Baignade (c. 1937) de Pablo Picasso.
2. Laberinto de Borges
En la isla de San Giorgio Maggiore se encuentra uno de los espacios más poéticos y menos conocidos de Venecia: el Laberinto de Borges que al igual que sus relatos, encapsula símbolos encriptados.
Diseñado en 1979 por el diplomático inglés y arquitecto de laberintos Randoll Coate, a partir de un sueño, este jardín rinde homenaje al célebre escritor argentino.
Fue inaugurado el 14 de junio de 2011, en el 25º aniversario de la muerte de Borges, como una iniciativa conjunta de la Fondazione Giorgio Cini y la Fundación Internacional Jorge Luis Borges en los antiguos terrenos del Monasterio de San Giorgio Maggiore.
Los edificios monásticos, restaurados por la Fundación Giorgio Cini desde 1950, albergan hoy uno de los centros culturales más relevantes de Italia, con bibliotecas especializadas en historia del arte, institutos de investigación y espacios dedicados a exposiciones, conciertos y conferencias.

3. Punta della Dogana
Punta della Dogana es una estrecha lengua triangular de tierra que separa el Gran Canal del Canal de la Giudecca y se abre hacia la cuenca de San Marcos. Además de albergar la Basílica de Santa Maria della Salute, se encuentra también el espacio expositivo de arte contemporáneo de la Colección Pinault, que con un aire más joven y dinámico, este último se activa a través de eventos, por lo que conviene consultar su programación para poder asistir a una fiesta inolvidable.
Este punto ofrece una de las vistas más bellas de la ciudad. Es el lugar ideal para ver el atardecer lejos de las multitudes, con una perspectiva única del Palazzo Ducale y la Piazza San Marco, cuando la ciudad se tiñe de tonos rosados y el agua refleja la arquitectura como si fuera una pintura.
4. La Chiesa dei Gesuiti (Santa Maria Assunta)
Situada en una zona más tranquila, cerca de Fondamenta Nuove, la Chiesa dei Gesuiti es una joya del barroco veneciano. La primera iglesia fue construida en 1148 por los Crucíferos, pero tras varios incendios fue vendida a la orden de los Jesuitas quienes en 1715 decidieron demolerla para levantar un templo de mayor escala.
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La iglesia actual fue edificada a comienzos del siglo XVIII, gracias al mecenazgo de la familia Manin, y consagrada en 1728. El arquitecto Domenico Rossi dirigió el proyecto, coordinando a artistas y artesanos en una obra que destaca por su rica decoración interior, revestida de mármoles, esculturas y pinturas que envuelven al visitante en una experiencia profundamente teatral y espiritual.
Para los amantes del arte, esta iglesia alberga obras de los grandes maestros venecianos como Il Martirio di San Lorenzo (c. 1548) de Tiziano y Assunzione della Vergine (c. 1555) de Tintoretto.
5. Fornace Orsoni
Venecia es el corazón de una tradición artesanal única: la producción de piezas para mosaicos. Desde la Basílica de San Marcos en Venecia hasta La Sagrada Familia en Barcelona o incluso el Buda Dorado de Singha Buri en Tailandia, innumerables monumentos recuperan su esplendor gracias a este saber ancestral.
Fundada en 1888 por Angelo Orsoni, la Fornace Orsoni ha preservado durante más de un siglo los secretos de esta tradición, transmitiéndolos de generación en generación. En sus hornos se crean manualmente esmaltes, hojas de oro y una infinita gama de colores, mediante un proceso casi alquímico que sigue los métodos tradicionales de los maestros vidrieros.
Estos tesoros cromáticos se conservan en la célebre Biblioteca de Color, una biblioteca viva con miles de tonos catalogados como libros, testimonio del diálogo entre arte, materia y tiempo.

Lejos del espectáculo, Venecia se manifiesta puertas adentro de sus palacios, en un jardín escondido, en un taller donde el color nace del fuego, en una iglesia que guarda siglos de devoción y arte o en un borde de agua donde el atardecer detiene el tiempo. Conocerla así es entender que su verdadera grandeza no reside solo en lo monumental, sino en la delicada convivencia entre la historia, el arte y su vida cotidiana.
