Gastón Trezeguet: de su gran cambio de look a sus días más oscuros y por qué no quiere enamorarse

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Hace 25 años cuando Gran Hermano irrumpió en la televisión argentina, Gastón Trezeguet cruzó una puerta que no solo cambiaría su vida, sino también las reglas del juego mediático. Tenía 21 años, una personalidad arrolladora y una intuición que lo llevó a convertirse en uno de los participantes más recordados de la historia del reality. Con el tiempo, supo reinventarse: pasó de ser protagonista a ocupar un lugar estratégico detrás de cámara como productor y luego a consolidarse como una de las voces más autorizadas del formato en los debates.

Presente en prácticamente todas las etapas del ciclo, Trezeguet reflexiona sobre la exposición, el impacto de haber hablado abiertamente sobre su sexualidad en un programa de televisión y los momentos más complejos de su vida. También, explica por qué —a pesar de conocer el juego como pocos— decidió no ser parte de esta Generación Dorada y prefirió analizarla desde afuera.

—Vos sos la verdadera “Generación Dorada”: el gran referente, ese que en estos 25 años formaste parte de todos los programas que se hicieron sobre GH…

—Son 25 años desde que abrimos esa puerta de la primera edición y estoy súper contento. Yo cuento con orgullo que formé parte de todos los debates. Cuando a uno le gusta algo (sobre todo el formato), le gusta haber pasado por todos los roles y también como productor. Estuve en el equipo de producción de la edición en la que estuvo Marianela Mirra, Cristian U… Es verdad que me gusta diversificarme y también me gustaría estar en los paneles de otra cosa, pero bueno, justo arrancó este programa y no le puede decir que no.

—¿En algún momento pensaste en salir de ese lugar de exparticipante?

—Sí, pero antes de que empiece de vuelta el programa con Santi del Moro, yo tampoco estaba haciendo mucho. Estaba como productor, pero necesitaba volver de alguna forma al aire.

—Sos el hombre que más conoce el formato, ¿por qué no te animaste a entrar a la casa ahora?

—Como productor sé que garparía, “Gastón en Gran Hermano de vuelta». Pero prefiero mi laburo de analista 150.000 veces a estar 24 horas adentro con los chicos. Ya no tengo 20 años, estoy más grande y hay cosas que ya no me banco. Me lo ofrecieron y cuando entró Tamara por un momento me agarró el ataque. Casi revoleo todo, pero me la tuve que comer porque me dijeron: “Vos no quisiste entrar”.

Trezeguet junto a Marcelo Corazza, Daniela Ballester y Tamara Paganini el día de la final de  GH 2001

—Te enojaste un poquito con su ingreso…

—Me enojé porque en los últimos dos meses ella me venía bardeando re mal. Yo pensaba que nos llevábamos bárbaro. Después de 10 años de salir de la casa, un día me llama y me dice: “Gastón, tengo como una mega idea que vos me podés dar una mano. ¿Nos podemos juntar?”. Ella quería hacer como un documental y que yo la ayudara entrando en Kuarzo con los contactos de los productores. No lo vi muy viable al proyecto y quedó ahí. Pero en su momento fui y la escuché, por eso no entendí por qué ahora me estaba bardeando.

—¿Qué pasó desde ese encuentro hasta ahora?

—Para mí hubo un cambio en la “India” cuando ella quiso volver al medio… Ella quería volver a instalarse y no la llamaban. Tenía muchas cuestiones legales con muchos productores, con el canal; obviamente iba a ser muy difícil su ingreso de vuelta al medio. Y yo sentí que había un poco de resentimiento conmigo porque todas sus bardeadas eran: “Sos de Telefe”, “Sos de Kuarzo”. Y no va que después la veo entrando a la casa. Me agarró una vena porque yo soy muy pasional. Después a la noche fui a la gala y cuando Santi Del Moro la presenta me tocó el corazón y la entendí un poco.

—¿Te gustaría darle un abrazo el día que salga?

—Yo no soy fácil para eso. Yo con los humanos soy raro, me cuesta. Entonces voy a estar observando a ver qué pasa. Capaz me tira una mirada fulminante. No sé cómo va a reaccionar, pero yo la mejor onda.

“Los valientes” de GH

—Cuando entraste a la casa de Gran Hermano, Soledad Silveyra era la conductora. Empezaba el año 2001, plena crisis y vos eras un chico de 21 años… Realmente siento que, de ese día a hoy, fuiste un valiente como decía ella.

-Sí, eso lo pude ver con los años. En ese momento vos pensás que te las sabés todas, pero ahora veo lo vulnerable que era, lo inocente, lo pendejo cancherito que decía: “La voy a romper acá”, pero no entendía nada. Ahora con la experiencia de los años, de los medios, te das cuenta y entiendo por qué lo decía Solita. Solita sabía exactamente la picadora a la que me estaba metiendo y cómo iba a cambiar mi vida. Yo estudiaba Administración de empresas en la UCA, algo nada que ver conmigo. Lo veo con mucha ternura y cariño a ese Gastón de hace 25 años que se mandó a hacer esa.

Gastón Trezeguet cuenta por qué no volvería a jugar dentro de la casa y recuerda sus momentos más oscuros post programa

—Además, tocando temas como la homosexualidad que en ese momento no se hablaba… Eras un distinto.

—Totalmente. A mí me pasó que a medida que iba quedando en los castings, pensaba: “Gastón, ¿qué vas a hacer con esto?” Porque no sabía nadie que yo era gay. Y yo no tengo una personalidad que pueda ocultarlo mucho. Yo decía: “Se me va a escapar”, ”se me va a notar”. Entonces pensaba que si entraba en Gran Hermano, iba a tener que blanquear porque si no iba a ser un sufrimiento constante. Era otra Argentina absolutamente. Ahora que alguien diga: “Soy gay”, no pasa nada. La novedad sería que haya un hétero (risas).

—¿Cómo lo viviste en su momento?

—Sabía que iba a ser un boom, pero tampoco imaginé lo que fue. Al día de hoy, me dicen: “Vos lo dijiste y yo me identifiqué”. A mí me hubiese pasado lo mismo si yo en ese momento, en que no se hablaba o era un tema tabú, alguien salía a decir: “Soy gay”. Entonces eso lo agradezco un montón. Te digo la verdad: no lo hice por ponerme la bandera gay, lo hice porque yo lo necesitaba sacar. Lo único que me importaba era mi familia y el afuera; para mí fue un grito desesperado porque yo se lo tenía que blanquear a ellos también. Se enteraron por la tele.

—¿Cómo fue el reencuentro con ellos a la salida de la casa? ¿Te acordás de esa charla?

—No hubo charla. Ya estaba todo dicho, así que fue un abrazo y nada más. Pero para mí era muy difícil porque mi mamá y mi papá después de la separación (se separaron cuando yo tenía 7 años y fue un caos total) estaban cada uno por su lado. Entonces sabía que esa situación de “familia Ingalls” a la salida no la iba a tener. Y también pensaba que iba a ser incómodo para ellos.

—¿Y quiénes fueron al final?

—Fueron todos, pero atrás de cámara. Menos mi papá, que sí le puso el pecho a la cámara y le encantó. Yo no lo podía creer (risas) y él tampoco. Eso se lo tengo que agradecer porque era de otro palo y, de repente, papá estaba en todos lados.

—¿Qué pasó el minuto después de salir de la casa? ¿Cómo fue esa salida al mundo para vos?

—Para mí fue caótica. Yo era una persona que nunca había vivido ni un centímetro de fama porque no había redes sociales, no había exposición. Si vos salías en la tele, tenía un misterio que ahora ya no existe más. Entonces te perseguían y yo quería vivir eso, pero al mismo tiempo estaba en mi despertar sexual, con 21 años queriendo salir a la noche. Yo veía la cámara como un botón; venían a la puerta de los bares y me sentía reexpuesto. Además, tenías una mega presión para dar notas.

—¿Lo sufriste?

—No, para nada. Lo disfruté. Disfrutaba de los portazos, de no ir a los programas. Yo pensaba: “Si no lo hago ahora, después se termina” (risas). Lo sabía.

Una época difícil

—¿Cuándo empieza a bajar esa espuma y decidís convertirte en un productor de tele?

—Cuando la espuma empieza a bajar, vuelvo a entrar a la casa de Gran Hermano en la edición de Viviana Colmenero. Empiezo a formar parte de los debates en toda la era Rial y cuando empieza el de Marianela Mirra en 2007 me convocan para estar en la producción. Cuando termina ese, viene el de famosos (donde también hago de productor) y después se cortó por un tiempo. Les pido que no me dejen en banda y ahí empecé a trabajar en Kuarzo. Cada tanto aparecía un Gran Hermano, yo formaba parte y después volvía como productor. No sufría la cuestión de la cámara porque yo indistintamente estaba en el medio. Elegí ese camino y me fue bien; no me arrepiento de nada. Es más, agradezco un montón porque hubo momentos en los cuales yo no estaba ni para trabajar y tener un laburo fijo que me banque fue fundamental para mí.

—Hablás de la época en que eras productor de AM, ¿no? Una época complicada donde sé que te levantabas para ir a trabajar y después querías volver a tu casa, encerrarte y no ver a nadie…

—Claro. Creo que son periodos y desarrollos de la persona que todos pasamos; todos tenemos bajones. A algunos les pega salir, a otros el encierro. Son periodos de crecimiento. Yo era muy pendejo, había pasado por un montón de exposición y había abusado de la noche y de un montón de cosas. Entonces estaba tratando de reacomodarme en todo sentido y en todo lo que eso implicaba. Trataba de hacer mi trabajo y de cuidarme el resto del día. No solamente de salir sino cuidarme socialmente. Fue un proceso largo.

—¿Cómo acompañó tu mamá en ese momento?

—Cuando uno está en un periodo de enfermedad, uno trata de alejarse para resguardar a todos. También porque no querés que te vean así, no querés dañarlos. No es un momento agradable para que te vea nadie. Por eso yo hacía mi trabajo y me iba. Después me reconecté y lo agradezco un montón.

—¿Cómo es ese vínculo hoy? ¿Son de llamarse todos los días?

—Es muy gracioso. Es para una sitcom. Yo tengo un perrito caniche que ya tiene 16 años y cuando me voy a hacer el debate no puede quedar solo. No sabe ni dónde está el agua. Mi mamá vive en la esquina, entonces todos los días viene a casa y se lo lleva. A la vuelta, cuando vuelvo del debate, lo paso a buscar.

Su nueva imagen

—Estás nominado al Martín Fierro de Moda, ¡felicitaciones!

—¡¿Podés creer?! Yo fui muchas veces al Martín Fierro, subí, agradecí, pero como un equipo siempre. Nunca pensé que iba a estar nominado y menos por mi look. Estoy chocho.

—Esto se da en un momento donde hay un notable cambio físico en vos. ¿Te preparaste de una manera especial para este GH Generación Dorada?

—Sí, a mí el peso es algo que me costó toda la vida. Es una cuestión de ansiedad y de emoción. Uno generalmente come por emoción o por ansiedad, nunca es por hambre. Entonces me costó mucho. Por suerte, hace bastante tiempo que vengo bien. El Gran Hermano anterior -el que ganó Tato- terminé con 20 kilos más de lo que estoy ahora y no sabés cómo sufría porque hay momentos en los que te ves horrible, no te querés ver ni al espejo y tenés que ir a la exposición más grande que puede haber en este país. No te querés ni vestir cuando te sentís horrible; es una cuestión emocional. Entonces dije: “Me voy a poner las pilas porque no quiero pasar más eso que pasé en el último debate”.

Gastón Trezeguet bajó 20 kilos y disfruta de una nueva imagen

—¿Te acordás en qué momento surgió ese clic?

—Terminé ese último Gran Hermano diciendo que iba a haber Generación Dorada entonces sabía que iba a estar, no sabía en qué rol, pero sabía que iba a ser importante, y ahí dije: “Me voy a poner las pilas porque si no, no lo voy a poder hacer”. Hoy estoy bien. Me gusta el hecho de salir, de vestirme para las notas.

—¿Trabajás con alguien el tema de los looks?

—No, es todo mío. Durante ese tiempo en que no me sentía lindo o con ganas de ponerme lindo, guardaba un montón de fotos de looks que yo quería. De repente, fui y me abastecí con todo. Todo lo que vos ves, salvo raras excepciones, es todo mío. Es una inversión también. Puse un perchero y los lunes pienso para toda la semana. El día más fuerte es el después de la gala, entonces le pongo más onda. Me gusta divertirme.

—¿Es verdad que Sol Pérez se enojó?

—Es verdad que yo fui y le pregunté por qué era ella siempre la de los looks. Sol es con la que mejor me llevo entonces nos cagamos de risa cuando salió esto. Pero es verdad que esa charla existió. Le dije: “Sol, si a vos te llega a joder esto en algún momento yo lo dejo de hacer”. Me abrazó y me dijo: “Gastón, mil gracias por haberlo tenido en cuenta. Obvio que no me molesta, podés seguir”. Que me comparen y me digan que le estaba haciendo sombra a Sol Pérez me hizo sentir más honrado que la nominación a los Martín Fierro (risas).

Al igual que Sol Pérez, Trezeguet sorprende con un look bien diferente en cada programa

Solo, solito y solo…

—¿Tenés ganas de enamorarte?

—Cero. Está completamente aceptado que mi vida es de soltero y estoy chocho. Me cuesta mucho (y más ahora) meter a alguien en mi vida. No sé si lo tengo negado o qué, pero yo estoy perfecto así. No siento la falta de alguien.

—¿Pero te das la oportunidad de conocer a alguien?

—No, no. Me da una fiaca tremenda porque la paso mal; la paso pésimo. No puedo con la charla de la primera cita.

—¿Cuándo fue tu última cita?

—Hace cuatro o seis meses. Había uno que desde que salí de la casa de Gran Hermano me llama. Es un amor y millonario. Desde hace 25 años, cada tres años me escribe y me pone: “Che, ¿en qué andas?” y yo lo colgaba. Hasta que le di una oportunidad. Voy, me siento y tenía una voz al estilo Fabián Cubero que no pude remar. Tenía ganas de irme al segundo (risas). Se me cayó la historia de amor y no me daba ni para quedar como amigo.

—¿Hace cuánto que no tenés sexo?

—No sabe, no contesta, pero hace un año seguro. No la paso bien, no es una situación ideal. Tengo todo en contra. Soy tan quisquilloso que estoy feliz solo. ¡Déjenme en paz! (risas).

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