Con 14 años de historia y una vista privilegiada al campo de polo, esta casa de tres dormitorios en el exclusivo barrio de La Herradura, en Pinamar, tenía el potencial y el terreno suficiente para seguir transformándose. La ampliación que vamos a ver hoy no surgió de una necesidad inmediata de su dueño, sino de una inversión a conciencia para adaptarla a las exigencias del mercado de alta gama en la costa argentina. Así fue que pensó un living-quicho de 85m2 que funcionara como el nuevo centro de la vida social, integrado orgánicamente a la construcción original.
Para llevar a cabo esta tarea, convocó al estudio de diseño y paisajismo Paesaje, liderado por Lorena Allemanni. El Estudio no solo tenía experiencia en el barrio, sino que también conocía los secretos de este lote en particular, ya que había trabajado con la dueña original de la propiedad. Ese conocimiento previo fue fundamental para que la ampliación no se sintiera como un “parche” o un anexo forzado.

Allemani decidió intervenir la fachada de la “casa vieja” utilizando paneles de siding, para unificar ambas etapas constructivas bajo un mismo manto estético.
Construcción limpia y veloz
Uno de los puntos más destacados de la obra fue su ejecución eficiente: los trabajos comenzaron en octubre y, para los primeros días de enero, estaba lista. “Se utilizó un sistema de construcción en seco, impulsado tanto por la rapidez como por el hecho de que el propietario también es dueño de la firma de maderas y materiales de construcción De Las Misiones”, explica Lorena.

Este sistema de wood frame no solo favoreció el cumplimiento de los plazos para la temporada estival, sino que también permitió una mayor flexibilidad en el diseño interior, facilitando la incorporación de instalaciones modernas y un aislamiento térmico superior, esencial para la vida en el bosque de Pinamar.
“Durante la obra se removió gran parte de la vegetación para luego reutilizarla, buscando que el jardín no pareciera nuevo, sino integrado”, revela Allemanni.

Ambas construcciones tienen una conexión cómoda y sin disimulo, ya que la nueva cocina pasó a ser la principal, mientras que la cocina antigua quedó como un cómodo comedor diario.

“Uno de los mayores desafíos técnicos fue reproducir el color del piso marrón óxido de la casa original, que ya no se fabrica, logrando finalmente un tono similar para unificar los espacios”, cuenta Allemani, quien, no obstante, logró encontrar soluciones que emularan esa textura y color, permitiendo que el nuevo living-quincho se sintiera como una extensión natural del área social original.

Con una isla pensada para cuatro banquetas y electrodomésticos panelables para no interrumpir la visual de los muebles de madera, este espacio redefine el concepto de “quincho”, elevándolo a la categoría de cocina principal.

“Elegimos madera para el cielo raso, distinto al resto de la casa, para darle mayor calidez a este espacio nuevo”.

Paisajismo bien pensado
El trabajo de paisajismo terminó de cerrar el círculo. La proximidad a la cancha de polo presentaba un dilema en la privacidad, que fue solucionado con la creación de una loma estratégica en el fondo del terreno, que actúa como un filtro visual natural.

Para modernizar la apariencia de la pileta modificaron la altura del skimmer (la toma de agua), que estaba unos 40 centímetros por debajo del borde. Eso logró que el nivel del agua subiera y llegara correctamente a la parte de arriba.

El antiguo solárium estaba hecho con listones de PVC blanco que se reemplazaron por unos de pino de seis pulgadas. “Lo elegimos porque es un material muy común en la costa y se usa sin pintar ni tratar. Además, es sustentable porque no es una especie nativa, tiene un crecimiento rápido y se repone fácilmente”, cuenta Allemani, y agrega que envejece hacia tonos grises que mimetizan perfectamente con el entorno, reforzando esa sensación de que la casa no fue “puesta” ahí, sino que nació del mismo suelo boscoso de La Herradura.
