En una entrevista para LA NACION, Darío Sztajnszrajber sostuvo que la filosofía sirve para cuestionar la lógica de la utilidad que domina la existencia actual y afirmó que el ser humano moderno prioriza el rendimiento y la rentabilidad por sobre otros aspectos de la vida.
Para el autor, el origen de la disciplina reside en el movimiento donde el sujeto se distancia de sus propias acciones: “Ese momento, ese movimiento donde el ser humano se distancia de sí mismo y se ve a sí mismo actuando, para mí da origen a la filosofía”.
El filósofo abordó la perspectiva de René Descartes sobre la duda y la existencia desde una lectura crítica: “Si no pienso, luego me doy cuenta que tengo que estar existiendo, porque si yo no existo, no pienso”, una visión que transforma la máxima cartesiana en una herramienta para validar la conciencia del sujeto en un entorno predecible.
Según el entrevistado, salirse de los lugares comunes representa un escape necesario ante las exigencias sociales: “Me gusta muchas veces rendirme, al revés, no estar en proceso de ver cuánto rindo, sino rendirme en el sentido de lo que hoy muchas veces se llama esta especie como de filosofía del escape, como tratar de salirse de esos lugares comunes que están permanentemente esperando de uno que uno rinda”.
La búsqueda de la verdad
Respecto a la búsqueda de la verdad, el invitado reflexionó sobre la diferencia entre las verdades cotidianas y las ontológicas: “Las verdades cotidianas, incluso las verdades científicas, están más preocupadas por el cómo”. Ante el fenómeno de la posverdad, el filósofo observó que muchas personas hoy prefieren noticias que validen sus prejuicios en lugar de hechos comprobables, una tendencia que choca con la definición aristotélica de verdad como correspondencia entre lenguaje y realidad.
En cuanto a la felicidad, el autor rechaza las fórmulas estandarizadas de bienestar y a través de referencias a Epicuro y la idea de ataraxia, identifica la tranquilidad como el refugio ante las dependencias del consumo y el sobrecuidado.
Sobre su propia experiencia personal, el filósofo relata: “Para mí la felicidad tiene que ver con poder plasmar en mi vida mi deseo, pero como hago filosofía, mi deseo es deseo por el saber”.
Y concluyó: “Estar todo el tiempo elucubrando aspectos que hacen a la realidad. Me hace mucho ruido como consumir la realidad tal como me la venden”.
